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Pedro Benítez: El chavismo le hace perder a Venezuela una segunda oportunidad

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En la actualidad está ocurriendo un boom petrolero en Suramérica. Impulsada por inversiones masivas, nuevos descubrimientos y desarrollos en tecnología de extracción, es la región de más rápido crecimiento en producción de crudo de todo el mundo.

Sin embargo, ese auge es protagonizado por solo tres países: Guyana, Argentina y Brasil.

En el primero, el incremento de la producción es el más veloz y sorprendente. Estimado en unos 660 mil barriles por día (bpd) en 2024, se proyecta llegar a 1.3 millones de bpd para 2027 gracias al desarrollo del bloque Stabroek por parte de ExxonMobil y sus socios, China National Offshore Oil Corp y Chevron. Según los conocedores de la materia, pronto podría posicionarse entre los principales exportadores de petróleo de la región.

En Argentina el yacimiento Vaca Muerta, una importante formación geológica situada en las provincias de Neuquén, Río Negro, La Pampa y Mendoza, cuenta con la segunda reserva de gas natural no convencional y la cuarta reserva de petróleo no convencional del mundo.

Su explotación podría permitir al país austral abastecer su propio consumo y, a futuro, convertirse en un importante exportador de gas natural y petróleo.

Otros crecen

De hecho, la producción se ha triplicado en solo cinco años gracias a las inversiones de la estatal YPF, de empresas argentinas como Pan American Energy (PAE), Pampa Energía, Pluspetrol y Tecpetrol, así como a Chevron, Shell, ExxonMobil y TotalEnergies.

El pasado mes de junio Argentina alcanzó los 771 mil bpd, con más del 62 % proveniente del shale (petróleo de esquisto y gas de lutita) de Vaca Muerta.  En el primer trimestre de 2025 creció un 26 %; YPF y sus socios esperan que sea entre un 30 % y 40 % este mismo año.

Por su parte, en Brasil la producción ha crecido 20 % entre 2019 y 2023, gracias a múltiples plataformas flotantes ubicadas frente a la costa del país en aguas profundas del Atlántico Sur. Para finales de 2025 la producción petrolera brasileña podría rondar entre los 3.6 y 3.8 millones bpd.

En resumen, según la Agencia Internacional de Energía (IEA) la oferta petrolera de América Latina (sin contar México) crecerá un 25 % de aquí al 2028, impulsada casi en su totalidad por esos tres países.

Una perspectiva

Para darnos una perspectiva del cambio ocurrido agreguemos que hace solo una década atrás Guyana no producía petróleo comercial. Su actividad en hidrocarburos se limitaba a exploración en tierra y costa afuera, sin resultados. El verdadero boom comenzó recién en 2015, cuando ExxonMobil descubrió el yacimiento Liza en aguas profundas.

Argentina ya era un productor consolidado desde los años noventa con unos 620 mil bdp, sin embargo, en 2005 comenzó un declive de sus reservas y producción convencional. Pero en 2013, YPF y Chevron firmaron el convenio para la exploración y explotación no convencional de Vaca Muerta. El proyecto despegó en 2019 con la llegada de nuevos inversionistas como Exxonmobil, Shell y petroleras de capitales argentinos.

En 2005 la producción de petróleo crudo en Brasil era de 1.7 millones bpd. Por entonces, Petrobras todavía no había descubierto los yacimientos presalinos de Tupi, lo que haría al año siguiente. Ese se considera el mayor descubrimiento de crudo del hemisferio occidental de los últimos 30 años y cambió la crónica dependencia del petróleo importado que había lastrado el desarrollo del gigante suramericano por décadas. De allá para acá su producción se ha duplicado.

Memoria corta

En ese orden de ideas, resulta revelador constatar que no sea parte de ese auge el país con las mayores (de lejos) reservas probadas de petróleo y gas del continente, que dispone de instalaciones para la explotación, producción, refinación, mercadeo y transporte del recurso deterioradas, pero aun existentes, y con la casi totalidad de su capital humano formado para trabajar en el sector regado por medio mundo.

Por supuesto, es también el país donde mucha gente parece o simula ser Dory, aquel personaje del filme animado de Pixar, Buscando a Nemo, que padecía de memoria corta.

Así como ella tenía dificultades para retener información nueva durante periodos prolongados, lo que la hacía olvidar eventos recientes, por estos lados hay quienes olvidan (o simulan olvidar) lo que aconteció hace apenas un año, no digamos lo que pasó hace ya más de una década y, por consiguiente, atribuyan a las fulanas sanciones coercitivas y unilaterales (que en este espacio condenamos), la causa exclusiva, única, y necesaria, de la debacle de la industria petrolera venezolana.

A propósito de lo cual es pertinente comentar que los países con más sanciones económicas por parte de las potencias occidentales son Rusia e Irán, y que, pese a eso, figuran entre los principales productores y exportadores mundiales del oro negro. El primero lo sigue solo detrás de Arabia Saudita, y el país de los ayatolas incluso se las arregló para incrementar sus ventas al exterior durante 2024 según datos de la EIA.

Bolioligarquía

Resulta que el otrora primer exportador de crudo de esta parte del mundo, desperdició (o más bien su gobierno) el mayor y más prolongado auge de precios del petróleo de la economía moderna (2003-2014). Y, por los datos señalados más arriba, va en vías de tirar al pote de la basura otra oportunidad. 

Sí el primero fue porque los recursos se malversaron en subsidios ruinosos, proyectos demenciales, se regalaron a gobiernos aliados o fueron directamente objeto del saqueo inescrupuloso por parte de la bolioligarquía, en esta oportunidad se debe a que sencillamente no ha habido forma ni manera de incrementar las inversiones requeridas a fin de producir y exportar más, pese a las buenas intenciones de las compañías petroleras chinas.

En las primeras décadas del siglo pasado Estados Unidos fue el principal productor y exportador de petróleo del continente, hasta que a medida que aumentaba su consumo interno y entraban en producción otros países, su rol como exportador relativo comenzó a disminuir.  Es a partir de los años treinta cuando Venezuela lo desplaza y pasa a ser el principal exportador de petróleo del continente americano, muy por delante de México, ocupando siempre esa posición hasta finales del siglo XX.

Incluso, fue el primero del mundo hasta 1969, cuando los países del Medio Oriente la desplazaron de ese ranking.

Chavismo y petróleo

Por cierto, la nacionalización de la industria con PDVSA, de la que por estos días se cumple medio siglo, no afectó su posición como exportador, aunque en los noventa ya sentía la competencia creciente de Canadá (arenas bituminosas) y de México.

Hoy es (con dificultad) el quinto exportador de petróleo del continente por detrás de Estados Unidos, Canadá, Brasil y México.

La política petrolera que se le impuso al país, particularmente de 2002 en adelante, entre otras cosas, consiguió que, por ejemplo, Venezuela dejara de ser uno de los contados grandes exportadores de petróleo que no importaba gasolina, todo lo contrario, la exportaba; lo que a su vez fue parte de la deliberada desprofesionalización de la industria teniendo como consecuencia el bajo nivel operativo del parque refinador.

O que desde 2003 nunca haya conseguido cubrir su cuota de producción OPEP y mucho menos alcanzar las ambiciosas metas del Plan Siembra Petrolera. O que les haya hecho default comercial a sus propios proveedores.

El caso de PDVSA

Y que, además, ha hecho de PDVSA la empresa petrolera más corrupta del mundo, según las denuncias hechas por el presidente Nicolás Maduro y el fiscal general Tarek William Saab. No es que estas fueran sorpresa, simplemente ratificaba los señalamientos formulados por años desde la opinión pública acerca de los manejos cuestionables por parte de la gestión de la estatal. Incluso habían sido objeto de documentadas investigaciones.

Contrataciones por sobornos; manejo irregular de los recursos destinados al mantenimiento de refinerías (motivo por el cual el sistema de refinación colapsó); desfalco del fondo de pensiones de los trabajadores de PDVSA (540 millones de dólares); compras con sobreprecio de taladros importados de China; así como las importaciones también con sobreprecios de plantas eléctricas durante el inicio de la crisis del sector en Venezuela; son solo algunos de los casos denunciados durante la gestión de Rafael Ramírez.

Los remakes (sic) de la misma película que luego protagonizaron Tareck El Aissami y Pedro Tellechea.

Hace alrededor de noventa años, los primeros venezolanos que reflexionaron sobre el impacto que ese líquido oleoso tendría sobre el país partieron de una premisa que hoy sabemos no se cumplirá jamás: el petróleo se iba a agotar pronto. Pues bien, aquí estamos otros venezolanos sobreviviendo sobre inmensas reservas de ese recurso, la mayoría de las cuales nunca se explotarán, mientras vemos pasar otra dorada oportunidad de progreso material y desarrollo frente a nuestros ojos.

@PedroBenitezF.

 

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