pancarta sol scaled

Sergio Monsalve: Amores materialistas

Compartir

 

En la película Amores materialistas, la directora Celine Siong refrenda su condición de nueva esperanza cumplida del género de la comedia romántica, después de su crisis como tendencia y revisión en diferentes documentales y libros como Time of my life.

Para los más olvidadizos, cabe recordar que hablamos de la realizadora coreana de Past Lives, palabras mayores del cine contemporáneo y una de las cintas más destacadas del siglo.

Tras sus pasos, Amores materialistas confirma el interés de la autora por erigirse en una estudiosa de los triángulos románticos, como metáforas de las relaciones líquidas del milenio en ciudades como Nueva York, antes dominadas por el gusto audiovisual de Woody Allen.

Después de su retiro y cancelación, el trono quedó algo desierto y Celine Siong ha logrado reclamarlo como una reina ascendente de los problemas del corazón, con acento independiente. Saliendo anoche de la función de prensa, conversábamos del acierto del filme para contar su historia de una casamentera exitosa de una agencia de citas, cuya fortuna en el amor se tropieza con los dilemas de la vida, el espíritu y la brecha económica en la Gran Manzana.

Estelarizada por Dakota Johnson, Pedro Pascal y Chris Evans, la película logra erigirse en un manifiesto generacional, casi en una adaptación de un texto de filosofía de Bauman sobre el amor líquido.
Es que Celine Siong, con su origen asiático, parece convertirse en una respuesta femenina de Byung Chul Han a la hora de tratar los grandes temas que sacuden a la sociedad del cansancio y la soledad de los tiempos de la pospandemia.

El personaje de Dakota es una cupido en toda regla, dentro de la narración de un cuento de hadas al estilo noventoso de Mujer bonita, bajo la compañía y el cortejo de dos pretendientes de cartel, a cual aparentemente más deseado. Uno es un “unicornio”, en palabras de ella, un Pascal refinado y sin límite de crédito.

El otro es su novio medio loser del pasado, el clásico bohemio precarizado en búsqueda de su oportunidad como actor en obras de teatro del Off Broadway. Mister Evans demostrando que es más que un Avenger y que le queda un mundo por aportar.

El guion indaga en ellos y sus claroscuros, para encontrarle una solución al conflicto de cado uno, pero en especial al de ella, la protagonista, alter ego de la directora.

La cámara apenas se siente al registrar secuencias de una sofisticada construcción estética, a la cadencia de planos largos y sutiles, apenas perceptibles en su movimiento, haciéndonos testigos de conversaciones poderosas que fluyen con naturalidad, amén del oficio de los intérpretes.

Salvando las distancias, el montaje de la puesta en escena, evoca al de piezas de cámara y elaboración dramática, como del cine invisible y transparente del coreano Hong Sang Soo, caracterizado por igual por su atención al detalle de los diálogos que se aprenden y memorizan, para luego soltarse con autenticidad al calor de las acciones filmadas.

Pero donde el creador resulta deliberadamente desprolijo, al hacer zooms bruscos, la cineasta imprime un rigor simétrico y poético que recupera la fuerza compositiva de japoneses como Ozu y Kurosawa. De modo que Amores materialistas es un deleite para los ojos en una temporada saturada de secuelas, remakes y parques temáticos de superhéroes.

Con gracia y honestidad, se cuela en mi lista de 2025.

Literalmente, amé su profundidad, que se esconde detrás de un género mal querido por la academia, como la comedia romántica.

A su justa reinvención y reivindicación va Celine Siong, quien calladamente huele a Oscar en el futuro.
Por lo pronto, me inclino ante su grandeza para reflexionar sobre el amor en momentos de materialismo histérico y polarización.

¿Amor de pobres o de ricos? ¿Una mezcla de los dos? ¿Qué es un matrimonio, una simple transacción, un negocio o algo más complejo?

Vean la película para responder a las preguntas y disfrutar de cómo el cine propone diferentes caminos y posibilidades, para inquietudes universales.

Un cine que nos hace más humanos y humanistas.

 

Traducción »