Tiene dos cicatrices —una en la cabeza, otra en la pierna— y un motivo para pelear por lo que cree justo. La gobernadora de la Reserva Federal Lisa Cook. Arrastra esas marcas desde la infancia, y a sus 61 años, le impiden olvidar. Son señales de golpes. Los que recibía cuando iba a la escuela: Fue una de las primeras alumnas afroamericanas en matricularse en una escuela de mayoría blanca en su ciudad del sur de Georgia (Estados Unidos), después de que el Tribunal Supremo aboliera el segregacionismo en los centros de enseñanza.
Cook, a la que Trump pretende despedir por “causa justificada”, y que ha presentado una demanda para impedirlo, es hija de la era de los derechos civiles en la que los afroamericanos se echaron a las calles para demandar igualdad de trato, de los discursos de Martin Luther King y de un sentido muy desarrollado de la justicia. Ha sido testigo directo y ha centrado en ello buena parte de su investigación como profesora universitaria, de los efectos perversos de la segregación y el racismo no solo en la economía de las minorías afectadas, sino en la sociedad y la economía globales.
Su respuesta fue desafiante después de que Trump anunciara en redes sociales su intento de cesarla el lunes pasado: “no tengo ninguna intención de dejarme amedrentar para que renuncie a mi posición por unas dudas planteadas en un tuit”, contestaba.
En la carta de despido que el presidente publicaba en redes, Trump la acusaba de haber perpetrado fraude hipotecario. Según las alegaciones, al pedir dos créditos para sendas viviendas —una casa en Michigan, donde daba clases en la universidad, y un piso en Georgia, cerca de su localidad de origen— había descrito ambas como su residencia principal en 2021, antes de que el Senado la confirmara para el puesto en la Fed. Los bancos imponen tipos de interés más bajos en los préstamos para residencias principales, al considerar menor el riesgo de impago. Otra nueva alegación asegura ahora que Cook es dueña de otra vivienda, en Cambridge (Massachusetts), que declara en la hipoteca como segunda residencia pero que tiene alquilada.
Según Trump, esas infracciones, no demostradas ni por las que se han presentado cargos contra Cook, representan “causa justificada” para despedirla. El término es importante: las normas de la Reserva Federal permiten que el presidente pueda cesar a gobernadores por causa justificada, pero no explican qué la constituye. Hasta ahora ningún jefe de Estado había intentado una destitución así, por lo que no existen precedentes.
Ambos se abocan a un choque legal que puede decidir el futuro de la Reserva Federal como entidad independiente. Trump sostiene que, como presidente, tiene potestad para decidir qué es causa justificada y, por tanto, despedir a quien le plazca cuando le plazca. Los abogados de la gobernadora no han dado una explicación clara sobre las alegaciones de fraude, únicamente han insinuado que se ha tratado de un error administrativo al rellenar el formulario. Pero, en cualquier caso, defienden que no constituye “causa justificada”.
Esas causas, apuntan, solo pueden estar relacionadas con un mal desempeño del cargo: por dejación de funciones, incompetencia o uso indebido del puesto. Y opinan que para el presidente, la supuesta infracción no es más que una excusa para poder cubrir una nueva vacante en la Junta de Gobernadores con una persona afín y contar con una mayoría que siga sus órdenes en política monetaria y ajuste de tipos de interés, al contrario de lo que ha venido ocurriendo hasta ahora.
Ella, por temperamento y por convicción, no va a ceder. Está acostumbrada a porfiar: en alguna mesa redonda de mujeres economistas ha contado cómo aprendió ruso en poco más de un año, después de que un profesor en Berkeley se mostrara dispuesto a incorporarla a su equipo solo si se manejaba en ese idioma, el quinto que ha llegado a dominar (además habla inglés, francés, español y wolof, la lengua más hablada en Senegal).
Su llegada a la Fed también fue ardua. Había formado parte del consejo de asesores económicos de un presidente demócrata, Barack Obama. Fue parte del equipo de transición de otro, Joe Biden, que propuso su nombre para el banco central. Pero en su proceso de confirmación, Cook se topó con la férrea oposición del Partido Republicano, entonces empatado a votos (50) con los demócratas en el Senado. La bancada conservadora le reprochaba falta de experiencia en política monetaria y le acusaba de haber sido propuesta solo como parte de los esfuerzos de aquella administración por promover la diversidad.
Eso nos puede apartar de la capacidad de centrarnos en asuntos mucho, mucho más importantes, declaraba el ahora vicepresidente J.D. Vance, entonces un bisoño senador por Ohio. “Está más cualificada para entrenar un equipo de fútbol que para formar parte de la Reserva Federal”, sostenía el ahora asesor de comercio exterior de la Administración Trump, Peter Navarro. Los demócratas, por su parte, apelaban a su largo historial académico y a su gran experiencia con la economía real y los efectos a pie de calle de las decisiones tomadas desde arriba.
Su nombramiento quedó aprobado con el voto de desempate de la vicepresidenta Kamala Harris, ella misma la primera mujer y la primera persona afroamericana número dos en el Gobierno estadounidense.
Durante su mandato en la Fed ha ocupado un segundo plano muy discreto. Forma parte del Comité de Asuntos Comunitarios y Consumo, que se ocupa de hacer cumplir las leyes de protección a los consumidores en cuestiones financieras. También integra el Comité de Estabilidad Financiera. Sus votos en el Comité de Mercados Abiertos, el encargado de decidir los tipos de interés, se han alineado siempre con los del presidente de la Fed, Jerome Powell. John Williams, presidente de la Reserva Federal en Nueva York, ha asegurado que ella “siempre ha aportado integridad y compromiso con la misión de la Fed. Es una economista muy respetada y querida”.
Quienes la conocen dicen que, cuando pelea, no lo hace solo por sí misma. Es muy consciente, explica, de su papel como modelo para otras jóvenes afroamericanas que aún afrontan barreras desproporcionadas para cursar estudios avanzados y llegar lejos. Ella ha sido la primera mujer de esta minoría en llegar a la Reserva Federal; solo el 1,8% de los títulos universitarios en Economía que se concedieron en el último curso en Estados Unidos se otorgaron a mujeres afroamericanas.
Nació en 1964 en Milledgeville, una pequeña ciudad en la Georgia profunda, a unos 150 kilómetros al sur de Atlanta, en el seno de una familia distinguida en la localidad: su padre era capellán de la iglesia bautista local; su madre, la primera profesora universitaria afroamericana de la Georgia College and State University. Ambos eran muy activos en el movimiento de los derechos civiles y marcaron sus profundas convicciones.
Cursó estudios universitarios en una facultad solo para mujeres, el Spelman College en Atlanta, donde se graduó en Física y Filosofía. De allí continuó a la Universidad de Oxford, como beneficiaria de una prestigiosa beca Marshall para recibir un máster en Política, Filosofía y Economía, y a la Universidad Cheik Anta Diop en Senegal.
Se doctoró en Economía en la Universidad de California-Berkeley, donde adquirió un profundo interés por la economía de la Rusia post-soviética, donde acabó trabajando una temporada, y países en desarrollo. Al tiempo que ha desarrollado su carrera en el mundo académico, primero como profesora asociada en Harvard y después como catedrática en la Universidad Estatal de Michigan, también formó parte del círculo de asesores económicos del presidente Barack Obama (2009-2017). Ha asesorado sobre desarrollo económico y reforma bancaria a países como Ruanda o Nigeria.
Donald Trump lanza la batalla por el asalto definitivo a la Reserva Federal
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha insultado hasta la saciedad a Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, (Fed, por sus siglas en inglés), el banco central del país y la institución monetaria más influyente del mundo. Ansioso por que baje los tipos de interés, Trump le ha llamado en los últimos meses idiota y estúpido, más terco que una mula, señor demasiado tarde… “Lo insulto de todas las maneras posibles para que haga algo. Lo hago de todas las maneras posibles. Soy desagradable. Soy amable. Nada funciona”, reconocía en junio el republicano. Trump también ha amenazado abiertamente con despedir a Powell, aunque haya reculado después, como tantas veces desde que llegó al poder en enero de este año.
La marcha atrás tenía motivos tanto pragmáticos como legales: por un lado,la amenaza de despedir a Powell puso en guardia a los inversores en bonos, elevando la rentabilidad exigida para comprar deuda soberana y demostrando cómo la confianza en el banco central es un bien muy preciado para una economía tan endeudada como la de EE UU, aunque sea la mayor del mundo. “La administración Trump representa una grave amenaza para la independencia de la Fed. Podría dar al presidente Trump más influencia sobre la bajada de los tipos y tendría implicaciones de gran alcance para la economía mundial y los mercados financieros. Podría acabar provocando una venta masiva mucho mayor del dólar estadounidense”, asegura Lee Hardman, analista del Mitsuibishi UFJ Financial Group, el banco más grande de Japón, país que posee el mayor volumen de deuda soberana de EE UU.
Por otro lado, el riesgo legal de despedir a Powell es demasiado elevado. El presidente y resto de miembros de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal cuentan desde mayo con el blindaje del Tribunal Supremo, que reconoció que “la Reserva Federal es una entidad cuasi privada con una estructura única” después de que Trump ya haya despedido sin temblarle el pulso a varios altos cargos de agencias federales independientes.
Para hacerse con el control de la Fed, el presidente de EE UU ha optado por una estrategia de asalto alternativa que va más allá de un relevo de Powell – cuestión de tiempo pues su mandato acaba en mayo- y que le aseguraría el diseño de un banco central a su gusto en el medio plazo.
El primer paso no es precisamente discreto: Trump ha comenzado por tratar de despedir a la gobernadora Lisa Cook, nombrada por Joe Biden y asesora económica de Barak Obama, a la que acusa de fraude hipotecario. Ella rechaza el despido, que asegura carece de base legal y no tiene una causa justificada, según exigiría el dictamen del Supremo. Debería existir una conducta indebida, negligencia, incapacidad o mala praxis, aunque estos conceptos no están claramente definidos en la legislación. Cook ha demandado a Trump por intentar destituirla y serán los tribunales los que decidirán si puede continuar en el cargo y participar en la próxima reunión de la Fed, del 17 de septiembre, en la que se espera el primer recorte de tipos desde el pasado diciembre. El viernes se celebró una primera vista sin que el juez tomara una decisión.
Esa rebaja, sugerida por Powell en el reciente foro de Jackson Hole, no es suficiente para la Casa Blanca. La batalla política va más allá de un movimiento puntual que, además, no depende solo del voto de Powell o de Cook. Se trata de un movimiento calculado, el primero con el que Trump pretende extender su influencia en los dos órganos de gobierno clave de la institución: la Junta de Gobernadores y los bancos regionales que forman la Reserva Federal.
Las decisiones sobre tipos de interés se toman en el denominado Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC por sus siglas en ingles), que cuenta con doce componentes: los siete miembros de la Junta de Gobernadores, incluido Powell (y Lisa Cook), más cinco presidentes de los bancos regionales, cuatro en turnos rotatorios durante un año más uno fijo: el presidente de la Fed de Nueva York. El proceso de renovación en los próximos meses de las vacantes en la Junta de Gobernadores y de los 12 gobernadores de bancos regionales que componen la Fed va a ser, por tanto, la oportunidad de Trump para imponer su influencia en el banco central, más allá del relevo seguro de su presidente, en mayo de 2026.
Para empezar, Trump cuenta con la vacante en la Junta de Gobernadores dejada por Adriana Kugler, que presentó su dimisión el pasado 2 de agosto, y para cuyo relevo el presidente estadounidense ha propuesto a su economista de referencia, Stephen Miran. Los siete miembros de la Junta de Gobernadores de la Fed, entre los que se elige al presidente y vicepresidente de la institución, son propuestos por el presidente y deben contar con la aprobación del Senado. Y su mandato es largo, de 14 años, seis más que los miembros del Consejo de Gobierno del BCE, una duración extensa en ambos casos que busca velar por la independencia más allá de los cambios de signo político pero que en este caso Trump puede aprovechar para extender su influencia en el tiempo.
Miran ocupará la vacante de Kugler de forma temporal hasta el 1 de febrero, cuando concluía el mandato de la economista dimitida, si bien Trump ya ha sugerido su deseo de que lo ocupe de forma permanente. La Casa Blanca está de hecho acelerando los trámites para que el Senado dé su visto bueno al nombramiento con rapidez y Miran pueda ya participar en la reunión de la Fed en septiembre. El despido de Cook, de confirmarse, deja otra vacante que terminaría por inclinar la Junta de Gobernadores a favor de Trump. Dos de sus miembros, Michelle Bowman y Christopher Waller, que se perfila para la sucesión de Powell, ya votaron en julio a favor de un recorte de tipos, a los que se sumarían los dos nuevos gobernadores elegidos por Trump. “Si se confirma la destitución de Cook y Powell se marcha el año que viene, el presidente Trump habrá nombrado a cinco de los siete gobernadores”, añaden desde Citi. Aún está por ver en todo caso si Powell, ya fuera de la presidencia, decide extender hasta enero de 2028 su mandato como miembro de la Junta de Gobernadores, una incógnita que todavía no ha resuelto.
Las decisiones de Trump se encaminan a la rápida renovación de esa Junta de Gobernadores antes de un momento clave: el febrero el organismo tiene previsto votar la renovación de los mandatos de los 12 presidentes de los bancos regionales de la Fed, de los que cinco tienen voto en las decisiones sobre tipos de interés que toma el FOMC. Se trata de los presidentes de la Reserva Federal de Nueva York (el único con voto permanente en el FOMC), el de Boston, Filadelfia, Cleveland, Richmond, Atlanta, Chicago, St. Louis, Minneapolis, Kansas City, Dallas y San Francisco. Estos 12 bancos regionales operan en todo el país con el fin de asegurar que las perspectivas económicas de hogares y empresas quedan recogidos en las medidas y decisiones de la Fed y comparten con la Junta de Gobernadores la responsabilidad de supervisar a las instituciones financieras. Para 2026, está previsto que formen parte del FOMC los presidentes de la Reserva Federal de Cleveland, Filadelfia, Dallas y Minneapolis, de acuerdo a turnos rotatorios de un año de duración.
El despido de Cook, con mandato hasta 2038, iniciaría, por tanto, un cambio de calado en los órganos de gobierno de la Fed, con la particularidad añadida de que -a diferencia de los miembros de la Junta de Gobierno- ni el presidente ni el Senado tienen competencias en la designación de los doce presidentes de los bancos regionales de la Fed, que son elegidos por los respectivos consejos de administración regionales y cuyo nombramiento solo requiere la aprobación de la Junta de Gobernadores. Su mandato se renueva cada cinco años. “Aunque la sustitución de Cook no cambiaría directamente la mayoría de votos del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), su puesto es importante porque podría cambiar la mayoría de votos de la Junta de Gobernadores en cuestiones como el nombramiento de los presidentes de los bancos de la Reserva“, señala Tiffany Wilding, economista de Pimco, la mayor gestora de renta fija del mundo. La experta asegura que el ataque de Trump a la Fed supone entrar en “territorio desconocido” y advierte de que la erosión de la independencia del banco central podría elevar las primas de riesgo y la debilidad del dólar.
La exvicepresidenta de la Reserva Federal, Lael Brainard, que formó parte de la Junta de Gobernadores entre 2014 y 2023, tiene clara la estrategia de Trump. “El presidente está actuando esencialmente para cambiar la mayoría de la Junta de Gobernadores mucho antes de lo que se había contemplado en términos de la estructura institucional y sus mandatos. Y eso abre la puerta, cuando en febrero se produzca la renovación de todos los presidentes de los bancos de la Reserva, a la posibilidad de no renovar a algunos de ellos”, declaró Brainard esta semana en una entrevista en Bloomberg Televisión. “Se trata realmente de un ataque sin precedentes a la independencia de la Reserva Federal como institución”, añadió.
El proyecto económico de Trump, que ha dinamitado el statu quo comercial con los aranceles más altos en décadas y prevé una rebaja de impuestos que elevará la deuda pública y el déficit, requiere tiempo y tipos más bajos de interés y en la Casa Blanca están decididos a asegurárselos. El secretario del Tesoro de EE UU, Scott Bessent, lanzó recientemente su llamamiento más contundente en favor del recorte en el precio del dinero y defendió que los tipos deberían estar al menos 1,5 puntos porcentuales por debajo del nivel actual. Muy lejos de la horquilla del 4,25%-4,5% actual y en la que Powell hasta el momento ha optado por esperar y ver. El gobernador Christopher Waller, firme aspirante a presidir la Fed, sí sugería este viernes la posibilidad de un recorte de tipos de hasta medio punto si el mercado laboral empeora.
Ahora bien, el movimiento de controlar la Junta de Gobernadores, y con ello a los presidentes regionales, va más allá de las decisiones sobre tipos de interés, sin duda pieza esencial de la política monetaria. La influencia y poder de la Fed se materializan también en la supervisión financiera, en el análisis macroeconómico, en la selección de personal y, en definitiva, en la operativa de una institución gigantesca y autónoma, que no depende del presupuesto del Congreso para financiarse y que vigila el estado de salud de la mayor economía del mundo. “El diseño institucional de la Reserva Federal garantiza un altísimo grado de independencia. Sin embargo, ningún banco central opera en un vacío político. Las críticas públicas por parte de figuras políticas pueden erosionar la confianza ciudadana en su objetividad e independencia. Las pérdidas contables, el patrimonio neto negativo o decisiones políticas opacas o parciales podrían minar todavía más esa credibilidad. Por tanto, una campaña sostenida de ataques públicos podría allanar el camino para futuras reformas legislativas”, avisa Karsten Junius, economista jefe de J. Safra Sarasin Sustainable AM.
El País de España

