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Sergio Monsalve: Luis Alberto Lamata por siempre

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Paz a los restos de Luis Alberto Lamata, uno de los mejores directores venezolanos de todos los tiempos.

Historiador y realizador de obras maestras como Jericó y Taita Boves, Lamata fue también profesor, productor y exitoso creador de películas comerciales, así como de telenovelas.

Todo el mundo tenía buenas palabras para él en el medio. Incluso, era de los pocos directores en el país que no le huía a la crítica o la menospreciaba. Más de una vez nos sorprendió con su sonrisa y seguridad, después de haberlo diseccionado por alguno de sus títulos que no nos gustaron.

Luis Alberto Lamata

Pero Lamata no se lo tomaba personal y sabía que era necesario convivir no solo con el halago, sino con el cuestionamiento que viniese desde el respeto y el análisis.

En años recientes, compartimos un cineforo sobre Araya en el Trasnocho, donde nos deleitó con su sapiencia, al afirmar que hacer una película así no fue tarea sencilla y menos para una mujer en un país tan machista.

Lamata desarrolló su mejor carrera al plasmar una visión cruda de la historia de Venezuela, alejada del romance del heroísmo blandengue.

Sus grandes cintas nos confrontan no con pobres libros de texto ilustrados, sino con poderosos frescos de nuestro pasado que nos interpelan en tiempo presente. Hubo un Lamata que no me interesó tanto que fue el de los encargos y los filmes condescendientes de propaganda.

No lo juzgo al final del día, apenas cumplo con disentir de ciertos trabajos en el cuerpo de su obra. En cualquier caso, Lamata se despide con un balance que lo favorece, pues escribió algunas de las principales páginas de nuestra historia audiovisual, aquella en la que siempre creyó y por la que luchó incansablemente.

De modo que es un tiempo de luto para el cine y la cultura venezolana. Nos deja un legado que honraremos en ciclos y cineforos, donde extrañaremos su presencia y su estilo sosegado de caraqueño empático, culto y civilizado.

Un hombre de medios y multimedios adelantado a su época cuando hizo Jericó, la que posiblemente sea la mejor película venezolana de la etapa oscura de los noventa, una pieza única y salvaje.

El cine venezolano lo honra por su aporte.

Recuerdo en una primera entrevista haberle preguntado por su relación con el cine de Glauber Rocha y sus óperas bárbaras, como Antonio de las Muertes. Luis Alberto confirmó dicha duda y nos aseguró que Jericó y Taita Boves son filmes inspirados en el cine latinoamericano de la posguerra.

Taita Boves supuso una metáfora feroz de un país desangrado por luchas intestinas y guerras civiles. Los espectadores y entendidos supimos leer la indirecta y apreciarla como el digno regreso, como la dulce revancha del director en el milenio.

Pude verlo en acción, cuando yo era adolescente, transmitiendo sus conocimientos en público y escuchando con atención las posiciones de las generaciones de relevo que no estábamos alineados con sus ideas. Lamata no caía en discusiones viscerales y elevaba el tono de la conversación, permitiendo el diálogo a personas con posiciones muy distintas a la suya. Por ello se ganó el respeto de propios y extraños. Considero que se debe aprender de su lección de tolerancia y apertura en el cine venezolano.

Trabajar por una causa común y superar las diferencias que existen, que son más inventos que realidades, porque estamos todos en el mismo barco, en el que cabemos todos. Así que cabe recordar en un día como hoy, que un Lamata nos unifica y nos invita a pensar en conjunto, cuando más lo necesita el cine venezolano.

 

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