Hace unas décadas, un grupo de filósofos abrieron una reflexión sobre lo que denominaron “La responsabilidad social del investigador científico”.
Algunas propuestas eran del orden de paralizar la investigación y la ciencia y repensar desde un punto de vista ético – el hacia dónde y el futuro de la actividad científica.
El panorama actual sitúa a estos bienintencionados filósofos en un paradigma de todo pensamiento ingenuo a partir de contemplar la realidad. No es sólo la agresión de Trump a las universidades, alguna de ellas emblemáticas, de USA. Es la proliferación de títulos, universidades y pseudo ejecutores de pensamientos autocráticos, genocidas y xenófobos.
Al final, las redes y los “rederos” monopolizan ¿el pensamiento?, impelen una acción ciega e irresponsable de los millones de ultraderechistas que siembran el mundo de incertidumbres y peligros.
Asistimos a la incomprensible situación de que aquellos que se prometían como las generaciones ¿más preparadas? se han apuntado primero a las filas del nihilismo. Sin transición, hacia una guerra contra valores que considerábamos asentados, cuanto menos, en una buena parte del planeta.
A la vez, esta sociedad pródiga en tertulianos y opinadores escucha a todas horas el martilleo de todos/as aquellos/as que desde primera hora del día reparten culpas por igual. Al que tiene una política social sólida y progresista que al que falsea currículums, insulta al inmigrante o penaliza al pensionista acusándolo de taponar al joven. Al preocupado por el deterioro de su planeta que al que todo lo imputa a los del régimen de la “Transición”, alguno bien merecido lo tiene, …etc
Nunca escucharemos a esta troupe ni a muchos de los medios asignar responsabilidades por ejemplo a quien especula o destruye el medio ambiente…etcétera. Globalmente, los políticos son “responsables” de todo, difícilmente, salvo excepciones, señalan que políticos y que políticas son irresponsables.
¿Será posible una reflexión colectiva honesta y actual? No sobre lo que deba de ser la ciencia sino sobre lo que es hoy esta angulosa realidad en la que vivimos.
Recordemos aquella unamuniana sentencia: “los tiranos son víctimas del pueblo que los ha elegido como tales”.

