Una semana de renovación infundió hálito a la vida y confianza a la certeza. Entre tantas palabras reflexivas y de meditación el corazón se infla de esperanza y la razón se aclara sin nieblas de fatiga o excesos de prestancia. Surfeando en cosas para cavilar el entrépito palpitador que habita entre el pecho y la espalda amalgamó algunos comentarios para asirse de ellos como propios. Aunque no estoy autorizada para compartir las fuentes, no así para comentar las bases que inspiraron el analizar más allá de lo monetario o material ¿qué atesoramos? Ser higiénicos en el concebir y mantener claras dichas valoraciones puede constituirse la diferencia en nuestros pensamientos, decisiones y acciones. Mateo 6:19-21 dice: “No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”.
Una de las fuentes de inspiración hizo preguntas difíciles como: ¿qué tipo de tesoros, más allá de lo material, son incorruptibles? ¿En qué debemos enfocar nuestra energía vital para hacer tesoros en el cielo?, y sin poder responder sus propias preguntas dejó una audiencia reflexiva evaluando la naturaleza y templanza de sus tesorerías. Unas horas antes otro enfatizó en el potencial higiénico de algunos aspectos que unificaban el grupo de comensales, y a medida que progresaban los momentos la mente riscaría en multiplicidad de pensamientos. Imagino una habitación selecta del ser donde consciente o inconscientemente se hacen estudios rápidos de costos/beneficios y que sustentan algunas decisiones inmediatas o juicios de valor automáticos y la condición salobre de la misma.
Se esperaría que cada cual remontara sus miradas introspectivamente para saber qué y hasta dónde se deben labrar los territorios. Ahora, personalmente yo diría que uno de esos tesoros invaluables libres de riesgo de hurto y desgate es la sabiduría, la misma rinde grandes frutos en este plano y el venidero; regala muchas bondades y te prepara para los años eternos junto al Creador, en los cuales ningún ápice de rebelión separe nuestros pasos de su corazón. Acompaña con elegancia las interacciones, resplandece en las victorias de los valientes y habita entre los recuerdos y trofeos de las vidas presentes. Considerando la última parte del versículo me confieso admiradora plena de la sabiduría y sobre todo del autor y propulsor de la misma. La sabiduría otorga calma y quietud a sus portadores, los constituye espectadores previos de atmósferas venideras y consuela a sus perseguidores con justicia.
@alelinssey20

