Estados Unidos y la Unión Europea anuncian haber alcanzado un acuerdo para resolver el tema de los aranceles aduaneros (tarifas) que gravan el comercio entre ellos .
Por lo que parece la táctica negociadora del presidente Trump -ciertamente alejada de lo visto hasta ahora- le ha permitido anotarse un aparente triunfo político, aunque no esté aún claro si el resultado será conveniente para el comercio entre ambas partes y mucho menos si redundará en algún beneficio para la población de cada una de ellas.
Como es natural y consustancial con el talante del presidente norteamericano, él proclama haber obtenido un resonante éxito. En la otra orilla del Atlántico las reacciones han sido menos complacientes siendo que desde varios frentes se hacen críticas a la señora Von der Leyen (presidente de la Comisión de la Unión Europea), responsabilizándola por la firma de un acuerdo percibido como desfavorable. Queda por ver si a la Unión Europea le cabía alguna otra alternativa que fuese más conveniente, lo cual a primera vista no parece haber sido el caso. ¡Alguien pagará por los platos rotos!
Contemporáneamente, el presidente Trump aún está en pleno tire y afloje con un contendor cuya influencia e impacto es bastante mayor que el de la Unión Europea: China. Lo que viene ocurriendo en esta delicada materia es ciertamente novedoso y poco ortodoxo.
Trump sostiene, no sin razón, que después de que Estados Unidos ayudara a la reconstrucción de Europa al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el resultado ha sido el gigantesco crecimiento del comercio internacional entre esta y el mundo, especialmente con Estados Unidos dadas las ventajas de un tratamiento que hoy Trump califica de inequitativo, llegando a afirmar en virtud de ello que Europa occidental ha podido ofrecer a su población una versión de Estado de Bienestar subsidiado por el contribuyente norteamericano.
Cierto o no, el tema está sujeto a discusión. Lo que no está sujeto a discusión es que el resultado ha sido un crecimiento exponencial del comercio entre ambas partes con beneficio neto para Europa en cuanto al saldo de pagos que parece ser el principal elemento de referencia para el norteamericano que acusa a sus predecesores (Obama, Biden, etc.) de haber dejado que Europa abuse y se aproveche según su particular punto de vista. Para sostenerlo señala como circunstancia fundamental el hecho de que en general Europa ha impuesto aranceles mayores a las importaciones norteamericanas que viceversa.
En Estados Unidos quienes ven más allá de los logros momentáneos explican que el encarecimiento de las importaciones, no solo de Europa sino del mundo, habrá de reflejarse en mayores precios a cargo del público comprador, lo cual seguramente resultará en aumentos de precios que acelerarán aún más la ya notable inflación que se viene experimentando en Estados Unidos. Luce lógico.
Otro punto que es objeto de debate es si dentro del marco constitucional el presidente de Estados Unidos tiene o no la atribución legal de manejar en forma unipersonal, como está ocurriendo, el tema de los aranceles o si tal facultad está subordinada al Congreso. Mientras ello se discute y resuelve lo actual es que el jefe del Estado ha asumido dicha herramienta como propia y hace uso de ella como si fuera el regateo por el precio de un terreno en Nueva York en la época en que él mismo forjaba su fortuna inmobiliaria.
Los tires y aflojes, los premios y castigos impuestos a quienes con él negocian, distan de lo tradicional y aceptable; pero -guste o no – le van dando resultados hasta el momento y así ha sido el caso con la Unión Europea. Habrá que ver cómo le va en su enfrentamiento con la China de Xi Jinping y en menor pero no despreciable grado con la India, Japón y Corea, con quienes también existen importantes déficits de la balanza comercial.
Quienes favorecen un método de negociación más prudente, con visión a mediano y largo plazo, encuentran férrea oposición entre quienes son partidarios de la filosofía MAGA (Make America Great Again), que luce más atractiva para las tribunas, sin ignorar la posible fisura en la visión dentro de la Casa Blanca, que provendría de facciones menos extremas del propio Partido Republicano, que no deja de tener a la vista las elecciones legislativas de medio término programadas para noviembre de 2026. Varios de los legisladores leales al presidente Trump tendrán que medirse con sus oponentes en una contienda que solo permitirá muy escasos márgenes para que el oficialismo pierda el control de una o de ambas cámaras del Poder Legislativo.
Amanecerá y veremos… mientras tanto, queda por verse el resultado de las negociaciones que aún faltan por terminar. Hasta el momento el único que ha salido menos chamuscado es el Reino Unido por las razones históricas y políticas que no son difíciles de entender.
Mal que nos pese, Venezuela no tiene la más mínima vela en ese entierro. Con o sin su participación o aprobación, nuestro país quedará atrapado en el resultado de esta confrontación entre jugadores de las Grandes Ligas.
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