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El Estado cubano se ensaña con los presos políticos, por José Zepeda Varas

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Juanita Goebertus. Directora para las Américas de Human Rights Watch.

Los manifestantes detenidos por participar en las protestas pacíficas de julio de 2021 en Cuba han sufrido graves abusos en prisión, incluyendo golpizas, aislamiento y falta de atención médica. Aunque algunos fueron liberados, están bajo vigilancia constante. Cientos continúan en prisión. Las condiciones de vida que motivaron las protestas no han mejorado, por el contrario, se deterioran a ojos vista

¿Por qué las autoridades cubanas imponen penas de privación de libertad que van de los 5 a los 15 años a aquellos que protestan y tienen una actitud disidente pública y conocida? ¿Por qué los agreden brutalmente en las cárceles y los ponen con frecuencia de celdas de castigo? ¿Por qué los mal alimentan y los privan muchas veces de atención médica? La lista podría continuar, pero la respuesta es una sola: Los que se oponen al régimen deben ser neutralizados física y psicológicamente. Hay que persistir en búsqueda de quebrantarles la voluntad para que no se atrevan a volver a levantar la voz en contra del gobierno. El método debe ser conocido por la población como advertencia de lo que puede pasarles a futuros descontentos.

La seguridad del estado cubano tiene a lo menos dos grandes estamentos, el uno, encargado de la inteligencia, de la vigilancia, del perfeccionamientos de los recursos represivos, del chantaje y la presión a disidentes y sus familiares. El otro brazo de la seguridad son los esbirros con pleno significado de la calificación: persona que está las órdenes de una autoridad para ejercer violencia.

Hubo un tiempo en que llamada revolución cubana concito admiración y respaldo por sus logros emancipadores. Ese tiempo se ha extinguido hace muchos años y su lugar lo ocupa hoy una casta partidaria, arropada por una estructura represiva que agrede a quien debería ser objeto de todas sus preocupaciones: el pueblo de Cuba. Su propósito es perdurar a costa de las privaciones económicas, sociales y políticas.

Seguramente se equivocan aquellos que creen en la caída inminente del régimen. Los recursos del poder pueden mantener en pie durante mucho tiempo a regímenes totalitarios. Pero se equivoca también el gobierno si cree que puede eternamente contar con el miedo y la represión.

 

Entre marzo y mayo del 2025 y Human Rights Watch entrevistó telefónicamente a 17 detenidos cubanos. Numerosos de ellos contaron de un trato cruel y de pésimas condiciones carcelarias. Señora Juanita Goebertus, directora para las Américas de Human Rights Watch ¿qué significa en la práctica ese estado de cosas en las cárceles cubanas?

Reitera algo que desde distintas organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil cubanas e internacionales hemos dicho hace mucho tiempo. El régimen en Cuba gobierna a través del miedo, que luego de que en 2021 las personas salieran mayoritariamente de forma pacífica a las calles a protestar en defensa de sus libertades, sus derechos básicos, incluso el acceso a lo esencial energía, salud, etcétera se vieron enfrentados a cientos de detenciones arbitrarias y de personas sometidas sin un debido proceso.

Luego de entrevistas a personas que fueron liberadas gracias a la gestión del Vaticano, hemos constatado las gravísimas situaciones en las que han estado los detenidos: golpizas y posiciones de estrés constante, falta de atención médica en los centros carcelarios, escasa alimentación y en algunos casos, alimentación en condiciones francamente inhumanas, podrida, llena de gusanos; encierro en régimen de aislamiento, privaciones constantes del sueño, brotes de enfermedades a lo largo de sus detenciones: dengue, COVID 19, sarna, tuberculosis, varicela, las que nunca fueron debidamente atendidas.

Es realmente una situación crítica la que se vive en general en toda Cuba, pero sin duda dentro del sistema carcelario y penitenciario la realidad es peor.

En enero pasado el gobierno cubano liberó a 553 presos tras negociaciones entre el gobierno cubano, el Vaticano y los Estados Unidos. Unos 200 eran presos políticos y el resto presos comunes. Han pasado dos cosas con los liberados. Una persecución sistemática e intimidación. Dos. Varios han sido nuevamente detenidos. Menciono aquí solo tres. José Daniel Ferrer, Félix Navarro, Donaire Pérez Paseíllo. A ellos hay que sumarles los cientos de personas que continúan detenidas. Parece, no lo puedo asegurar, no soy abogado, no haber forma de aceptar jurídicamente esta realidad.

La forma en la cual se han dado estas liberaciones, no es que se le exonere de cualquier responsabilidad penal, sino que las personas son liberadas luego de ese proceso de negociación, pero sometidas a una serie de condiciones por parte del régimen, hace que varios de los derechos de estas personas sigan seriamente restringidos. Algunos de los temas que documentamos incluyen que los expresos tienen prohibición de vincularse a organizaciones de oposición, prohibición de aparecer en reuniones públicas o incluso ir a lugares concurridos. Prohibiciones de salir de noche, de criticar al gobierno, de salir del municipio sin permiso del tribunal municipal. En muchos de los casos se les exige presentarse periódicamente ante un juez o ante la estación de policía. En ciertos casos se les exige realizar trabajos forzados por parte del Estado en temas de mantenimiento o limpieza. Las acciones penales desde el inicio, en la mayoría de los casos fue arbitraria. Insisto, nosotros documentamos en 2021 como se detuvo simplemente por cantar una canción, por gritar una consigna en contra del régimen. De ahí en adelante todos estos procesos penales han estado viciados. Por supuesto, como usted señala, varios de ellos incluso recapturados.

En julio del 2021 se realizaron, como se sabe, protestas pacíficas en las que la gente pedía derechos y libertades. Desde entonces, las cosas han empeorado en la isla con represión, presión selectiva, propagación del miedo y condiciones económicas y sociales deplorables. ¿Qué pide la organización que usted representa en las Américas? La pregunta se impone porque todo parece indicar, por un lado, que el gobierno cubano no piensa cambiar de rumbo. Y por otro, supongo que el Vaticano, uno de los ejes de la negociación, tiene aquí, entre otros, una responsabilidad que cumplir.

Efectivamente, con la información disponible, la grave crisis social y económica que enfrenta la isla se ha agudizado particularmente con la insuficiencia de alimentos y de medicamentos, que fue justamente uno de los factores claves que llevó a salir a la calle en julio de 2021. Según una encuesta de 2024 realizada por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, que incluyó un universo de más de 1100 personas, siete de cada diez cubanos se saltan una comida al día y el 61% tiene dificultades para cubrir sus necesidades básicas. La gente enfrenta apagones diarios de entre cuatro y 20 horas. Eso ha hecho, además, que haya una situación migratoria muy compleja. El 10% de la población cubana, más de 1 millón de personas abandonó la isla entre 2022 y 2023, según el director de la Oficina Nacional de Estadística e Información.  Aunque los informes independientes sugieren que la cifra puede ser aún mayor.

A pesar de que el 2021 Post COVID generó una crisis socioeconómica particular, la situación no parece haberse estabilizado. Muy por el contrario, y eso ha hecho que constantemente veamos protestas no tan grandes como las del 2021, pero sí brotes de protesta asociados a cortes de energía, insuficiencia de alimentos, escasez de medicamentos que son prontamente reprimidos por el régimen. ¿Qué le pedimos a la comunidad internacional? Rechazar esta represión. Pedir por la liberación de todas las personas que están detenidas aún arbitrariamente. Exigir que se proteja su debido proceso y se garantice sus derechos a defenderse libremente.

Desde Human Rights Watch hemos insistido siempre en que el embargo no es la solución. El embargo lo que genera es un efecto desproporcionado en toda la población cubana y francamente, le genera al régimen una excusa para no atender los temas de fondo, que es un régimen autoritario que ha restringido absolutamente todos los derechos civiles y políticos de su población y que además mantiene a su población en una situación social y económica muy precaria.

Repito palabras suyas, porque llevan la razón. Durante varias décadas la comunidad internacional no ha conseguido un progreso sostenido en materia de derechos humanos en Cuba. El embargo estadounidense es usado como una excusa por el gobierno para justificar los problemas, un pretexto para los abusos y, lo peor de todo, la simpatía de algunos gobiernos que de otro modo podrían condenar las prácticas represivas. ¿Qué se debería hacer?

Lo primero y los más básico en política exterior es que los distintos gobiernos condenen la detención arbitraria, el acoso a los manifestantes, su preocupación por la gravísima situación humanitaria, apoyar a las organizaciones de derechos humanos y a los periodistas independientes que hacen una labor titánica en Cuba bajo condiciones de brutal represión.

El gobierno de Estados Unidos, tristemente, ni siquiera bajo Biden y sin duda ahora bajo Trump, han desaprovechado la oportunidad que en su momento se abrió bajo el gobierno Obama de una regularización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Ello hubiera permitido generar un sistema de incentivos para que el levantamiento del embargo pudiera conducir a una transición hacia la democracia y a un proceso de alternancia en el poder; recuperación de las instituciones para establecer pesos y contrapesos. Todo un sistema de reforma institucional. Hoy ese escenario ya no existe, no existió bajo el Gobierno Biden y no veo cómo va a existir bajo el Gobierno Trump. Nosotros hemos insistido en que el gobierno de Estados Unidos debería usar la palanca que tiene para levantar el embargo sobre la base de generar reformas profundas al régimen cubano que posibiliten la democratización.

En el caso de Europa insistimos ante los gobiernos que comparten la posición de que el embargo no ha funcionado. Pero a veces excusan muchas de estas prácticas y pretenden de cierta forma aceptar el argumento del régimen cubano de que el embargo es lo que les ha generado esta situación crítica. La realidad es que todos los gobiernos europeos tienen que asumir la evidencia de cómo el régimen cubano ha detenido arbitrariamente a cientos de personas. La investigación que publicamos muestra que además de haberlos detenido arbitrariamente en violación de su debido proceso, están siendo sujetos de abusos en el marco de su detención. Le corresponde a los gobiernos europeos aprovechar esa relación especial que tienen con Cuba para insistir en que cambien las condiciones de detención, liberen a las personas que han sido detenidas arbitrariamente y permitan su debido proceso.

En cuanto a los gobiernos de la región, creo que América Latina la mayoría de los gobiernos piensa que Cuba es Cuba y que no va a cambiar. Es un gravísimo error. Lo que nos permitiría avanzar como región es adoptar un estándar de derechos humanos, independientemente de visiones ideológicas. Ponernos de acuerdo en que no importa el gobierno de turno, si está más a la izquierda o más a la derecha para exigir garantías mínimas fundamentales, basadas en que no detenemos arbitrariamente, no procesamos sin un debido proceso, no torturamos, no generamos malos tratos. Esos mínimos, que son los que, más allá de la Declaración Universal de Derechos Humanos, están en la Convención Americana de Derechos Humanos, que es un pacto nuestro. Debería ser a lo que nos devolviéramos y recuperáramos, y no simplemente amiguismos ideológicos, en donde cuando hay un gobierno más a la derecha se es muy crítico de Cuba, Pero cuando hay un gobierno un poco más a la izquierda o hacia la centroizquierda, se baja la voz sobre la cantidad de abusos y violaciones gravísimas a derechos humanos que comete el régimen en Cuba.

En consecuencia, aquí hay no solo una responsabilidad de aquellos que siempre han condenado lo que se llamó en un momento determinado la Revolución cubana y aquellos que siguen apoyando hasta hoy día al gobierno de la isla. Hay responsabilidad de izquierda y de derecha.

En general en América Latina ni la izquierda ni la derecha han tomado medidas para buscar realmente una transición hacia la democracia en Cuba.

José Zepeda Varas

José Jorge Zepeda Varas – Periodista de Radio Media Naranja y de Razones de la Palabra.

 

 

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