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Ricardo Combellas: Fascismo y neofascismo (II)

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Para orientarnos en el tema señalamos en el primer capítulo de esta trilogía de artículos de opinión, que recurriríamos al concepto de Tipo Ideal, designado así por Max Weber para orientar sus investigaciones históricas y sociológicas. En términos sencillos Weber define al tipo ideal  como una construcción mental para analizar un fenómeno histórico o social en la que se eligen y acentúan determinados aspectos del fenómeno. Para nuestros efectos , y luego de un esfuerzo de comprensión comparada sobre lo que han escrito estudiosos  reconocidos del tema, propongo  aquí analizar los siguientes aspectos del Tipo Ideal del fenómeno  identificado como fascismo. Ellos son, sin pretensión de orden de prelaciones entre ellos: 1) la Antiilustración; 2) el Ultranacionalismo; 3) el Antiliberalismo y el Anticomunismo; 4) el Racismo y  5) la Vocación Totalitaria. Destacaré a continuación los elementos más resaltantes de cada uno de ellos:

1. La Antiilustración.  La Ilustración fue un movimiento de ideas surgido en Europa en el siglo XVIII que transformó profundamente tanto las ideas como  las relaciones de poder dominantes. El concepto fundamental de la Ilustración es la idea de Razón , considerada como una cualidad innata al ser humano  gracias a la cual procuramos entender y dominar las leyes  que rigen la naturaleza humana así como los fenómenos  que integran el entorno donde desarrollamos nuestras  vidas.  La Ilustración cuestionó las legitimación del absolutismo monárquico, rompió con la tradición inveterada de prejuicios dogmáticos  que enajenan  al ser humano, , la autoridad de la Iglesia, y la visión mitológica del desarrollo histórico. Con la Ilustración se abrió la sociedad al debate  de ideas y el cuestionamiento del pasado gracias al surgimiento de una opinión pública crítica y deliberante. El rechazo a la Ilustración surge de un profundo resentimiento  de las fuerzas políticas y culturales desplazadas, que desemboca en el irracionalismo que cuestiona la idea de razón, jerarquizando la pureza del modo de ser de los pueblos, sus mitos y leyendas, su identidad ceñida a la sangre, la fuerza de las pasiones, el valor de la acción y el voluntarismo  que ennoblece la violencia por encima de los acuerdos racionales que armonizan las disidencias.  Ese irracionalismo encuentra un ejemplo magistral en el verbo  histérico de Millán Astray, cuando al intentar callar y atropellar a Miguel de Unamuno  a comienzos de la Guerra civil española el año 1936, vociferó las terribles palabras  ¡Viva la muerte! y ¡Muera la inteligencia!

2. El Ultranacionalismo.  La idea de Nación si en un principio fue fomentada por el liberalismo bajo la idea del progreso,  asumió prontamente una connotación diferente en algunos escenarios europeos  unido a la  concepción  orgánica de pueblo que no podía limitarse al juego democrático del liberalismo clásico. El pueblo era una unidad orgánica en la que confluía una tradición heroica y mítica. Soportada en una concepción darwinista donde los pueblos más decididos, valientes, unidos por su  pureza racial, tenían el derecho dominante de imponerse con su arrojo y decisión sobre pueblos que pasarían a ser dominados, cuando no subyugados por su dominación. La exaltación de la guerra, la violencia militar y política en función de objetivos imperiales, impregna una visión radicalmente distinta a la concepción liberal regida por el Estado de derecho. Ahora,el Estado Nación en la nueva ideología fascista para ser un Estado fuerte, de vocación militarista, donde el poderío de su voluntad doblega los intentos liberales por limitarlo.  El Ultranacionalismo conlleva como su  natural consecuencia el estatismo, donde el derecho no pasa de ser un instrumento, repito, no de su limitación sino de su dominación, tanto en relación con la sociedad donde rige su poder, como en el concierto de la naciones que batallan por la supremacía.

3. El Antiliberalismo y el Anticomunismo. El fascismo insurgente en Europa del siglo pasado (y también con sus características particulares en el Japón imperial) escoge sus enemigos, y será la mejor lección del célebre ensayo  de Carl Schmitt  sobre la idea de la política como lucha antagónica. Ellos serán el liberalismo y el comunismo. El liberalismo será objeto de su desprecio al considerarlo como una ideología decadente, sobre lo cual no solo es necesaria su derrota en el combate político, sino también su derrota cultural y académica, para lo cual se necesita especialmente de los juristas, cuyo cometido es erosionar, desprestigiar y en definitiva hacer desaparecer  los pilares del Estado de derecho liberal. Contará para ello con “los juristas del horror”,  reputados doctrinarios juspublicistas que se pondrán sin remilgos al servicio de la dictadura.

A diferencia del liberalismo , la lucha con el comunismo será feroz y violenta, pues se trata de un enemigo triunfante con la Revolución bolchevique, con prestigio en el mundo obrero , de  sólida construcción doctrinaria, y además de vocación internacionalista (“los  trabajadores no tienen patria”) , y cuya destrucción en una lucha a muerte se asume como un objetivo prioritario del régimen fascista, a lo cual se suma, no debemos olvidarlo, la asociación fascista del comunismo con el judaísmo, sustentada en los brillantes cuadros de origen judío en la dirección de los partidos comunistas.

4. El Racismo. En la doctrina fascista asume un rol preponderante el racismo. La raza, una construcción artificial, se asume como el leitmotiv la supresión de las llamadas razas inferiores, de rango evidentemente inferior y supeditado a los dictados que sobre ellas emitan los miembros de la raza superior. No solo se les niega la ciudadanía, sino se los veja, disminuidos en derecho, sometidos a trabajo esclavo, aprisionados en guetos y sacrificados en campos de concentración,  como se mostró de forma horrorosa en el holocausto.

5. La Vocación Totalitaria. Sin duda uno de los temas más fascinantes al estudiar el fascismo, lo constituye su vocación totalitaria, tema complejo al cual le dedicaremos particular atención  en la próxima entrega. Esto lo digo pues los estudios del totalitarismo han recibido un enfoque particular y hasta distinto  a partir de la caída del imperio soviético, cuya razón está en que el totalitarismo ya no se puede interpretar desde una visión ideológica tradicional que los divide en totalitarismo comunista versus totalitarismo fascista, sino como un fenómeno  donde convergen tendencias nuevas y de cariz preocupante que, a mi modesto entender, están  asociadas a las crisis de los regímenes democráticos y a la decadencia de la civilización occidental.

En la  tercera  y última categoría de esta suerte de trilogía sobre el fascismo, analizaremos  las peculiaridades de este preocupante fenómeno, que vuelve para nuestra desgracia, a adquirir relevancia en estos años tormentosos de la actual época crítica.

 

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