Concentrar a más de dos millones de personas en zonas aún más cerradas para que puedan alimentar a sus familias no es un programa para salvar vidas. Durante 20 meses, más de dos millones de personas han sufrido bombardeos incesantes, instrumentalización de la comida, el agua y otra ayuda humanitaria, desplazamientos forzados reiterados y deshumanización sistemática, todo ello bajo la mirada de la comunidad internacional.
Esta normalización del sufrimiento no debe seguir permitiéndose. Los Estados deben rechazar la falsa elección entre una distribución alimentaria letal controlada por militares y la privación total de ayuda humanitaria. Los Estados deben respetar sus obligaciones en virtud del derecho internacional humanitario y el derecho internacional de los derechos humanos, incluida la prohibición de los desplazamientos forzados, de los ataques indiscriminados y de la obstrucción de la ayuda humanitaria.
Este es solo un fragmento de una declaración de más ochenta organizaciones no gubernamentales sobre la situación en Gaza. Comentan el momento el profesor y periodista israelí, Efraim Davidi, desde Israel, y el Catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense, Ignacio Álvarez.
José Zepeda. Francesca Albanese, Relatora Especial de Naciones Unidas para los Territorios Ocupados de Palestina, afirma con énfasis que el genocidio en Gaza no termina por dos razones principales: connivencia internacional, incluso ideológica, y las matanzas generan muchas ganancias que los beneficiados no desean perder.
Efraim Davidi. ED. Creo que Albanese tiene razón. En nuestro semanario del Partido Comunista en hebreo la hemos entrevistado hace dos semanas. Ella explicó claramente lo que significa esto. No es solo una frase, sino que tanto en Israel como en el extranjero hay gente que está haciendo mucho dinero con la tragedia del pueblo palestino en la Franja de Gaza. Quiero dar un ejemplo pequeño. Ahora existe una autodenominada Asociación de Ayuda humanitaria Gaza, que fue creada por los servicios de seguridad de Israel y de Estados Unidos. Así dejaron de lado a todos aquellos organismos y organizaciones internacionales que daban ayuda a los palestinos. Se impide que los organismos internacionales continúen entregando fundamentalmente comida, ropa y medicinas. Israel aportó 700 millones de shekel a esta autodenominada asociación. Son más de 200 millones de dólares. Ustedes deben saber de que hubo varias masacres en los lugares donde se da la ayuda o en las cercanías. Más de 500 muertos en los últimos diez días. En los paquetes hay productos israelíes. Es paradójico que Israel, con esa ayuda, subvenciona a su propia industria. No son solamente las balas, no son solamente los aviones, no son solamente los tanques, la nafta; son también los fideos, la harina y el azúcar, que son productos de Israel.
Ignacio Álvarez. IA. Además, no olvidemos que esta fundación teóricamente humanitaria -que tiene muy poco de ello- está financiada por el propio gobierno de Israel e intenta sustituir a una agencia de Naciones Unidas que desempeña esa labor desde hace más de 75 años de manera exitosa. La UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para Refugiados Palestinos tenía más de 400 puntos de distribución en la Franja de Gaza. Ahora han sido sustituidos única y exclusivamente por dos o tres puntos de distribución en toda la zona, muchos de ellos muy cercanos a la frontera con Egipto. Da la impresión de lo que pretende Israel es que toda la población palestina se concentre en la franja sur para propiciar una limpieza étnica mediante su expulsión del territorio.
Coincido aquí con Francesca Albanese que la industria armamentística es la gran beneficiada por la prolongación y la perpetuación de la guerra contra la Franja de Gaza. Y por cierto, es Estados Unidos en donde están los mayores fabricante de armas. Con lo cual hay mucha gente que está ganando mucho dinero gracias al genocidio del pueblo palestino.
Israel, tiene su industria de armas, pero las principales importaciones de armas vienen de Estados Unidos. Es su principal proveedor.
Según una encuesta de la Universidad Estatal de Pennsylvania, realizada en marzo de este año, el 82% de los colonos apoya la expulsión forzada de los palestinos de la Franja de Gaza. Además, sondeos indican que más de la mitad respalda que se siga bloqueando los alimentos, mientras Naciones Unidas denuncia la hambruna deliberada sobre los civiles de Gaza. Cualquiera diría que esta es una demostración palpable de la estrategia de Netanyahu.
E.D. Si de los colonos dependiera también expulsarían a todos los palestinos de Cisjordania. Esa es la idea. No hay que extrañarse. Dentro de la sociedad israelí crece el odio a la guerra que se prolonga más y más. No solo los palestinos están cayendo, sino también soldados israelíes. En el centro de Tel Aviv hay manifestaciones protagonizadas por madres de soldados. También estuvimos ahí todos los que nos oponemos a la guerra, pero las que las llevan adelante las protestas son las madres. Reclaman que la guerra debe terminar, que hay muertos de los dos lados. Claro que la cantidad de muertos del lado palestino es mucho mayor que la cantidad de soldados israelíes. Hemos pasado la barra de los 56.000. Aunque hay apreciaciones de que el número real es mayor, ya que hay mucha gente que ha quedado bajo los escombros. 56.056 mil son los comprobados fehacientemente con nombre y apellido, y probablemente haya muchos más que no sepamos hasta que se hagan todas las tareas de rescate que son muy difícil en la Franja de Gaza por la falta de equipo que Israel, por supuesto, bloquea en la frontera. No sabemos exactamente cuál es la dimensión real de esta tragedia. De esta masacre.
I.A. La encuesta evidencia cómo la sociedad israelí ha ido desplazándose en el curso de las últimas décadas hacia posiciones cada vez más extremistas, más mesiánicas, más supremacistas. Siempre ha habido en la escena política israelí después de la ocupación de Cisjordania y Gaza con la Guerra de los Seis Días en el año 1967, partidos de corte ultranacionalista, mesiánico y supremacista, pero eran hasta hace poco tiempo partidos residuales que tenían poco respaldo dentro de la sociedad israelí. Lo que pasa es que la situación ha variado, cambiando a peor. Y ahora esos partidos, sin ser mayoritarios, sí que tienen el control prácticamente del Gobierno de Netanyahu. Se han convertido en partidos bisagra, capaces de condicionar la acción de gobierno y, en muchos casos, dejar caer a los gobiernos. El sistema político está atomizado, con muchas formaciones. Claramente hay un deslizamiento del conjunto de la sociedad israelí hacia posiciones cada vez más radicales, más extremas, en las que se ha impuesto el campo de la guerra, no el de la paz. No aquellos que apuestan por el diálogo, por la negociación para alcanzar una solución con los palestinos, sino aquellos que consideran que el balance de fuerzas es ampliamente favorable a Israel. Por lo tanto, hay que proseguir y acelerar la política de hechos consumados de cara a establecer un gran Israel entre el río Jordán y el mar Mediterráneo.
So riesgo de que todos los antecedentes contradigan lo que pienso. Me cuesta muchísimo, hasta el día de hoy, creer que un pueblo tan sufrido como el de Israel, al que trataron de eliminar por lo que era, esté haciendo lo mismo con los palestinos, es decir, por lo que son. ¿Qué proceso humano o inhumano se desarrolla para llegar a estas alturas?
E.D. Primero quisiera agregar algo sobre la pregunta anterior. En Israel es cierto que hay una derechización de una gran parte de la opinión pública, pero también hay polarización. Significa que aquellos sectores que eran más o menos de centro no entendían qué es lo que significa la ocupación. No relacionaban la ocupación con la masacre de Gaza, la ocupación histórica que hablamos del 67. Hay muchos que se están volcando más hacia la izquierda y hacia posiciones de tipo pacifistas, más militantes. Los que estamos ahora en la calle movilizándonos tenemos muchas pruebas de ello, día a día.
Con respecto a la posición derechista hay una respuesta de tipo ideológica. El sionismo, que propicia una supremacía judía sobre todos, es una óptica colonial sobre lo que significa el Estado de Israel, que tiene muchos reflejos internos, inclusive con una ley Estado-Nación que fue promulgada hace ya varios años atrás, que significa que en Israel somos todos ciudadanos, pero hay ciudadanos que valen más. Hay más iguales, hay menos iguales y los judíos son los más iguales. Es una cuestión cardinal, porque evidentemente significa que Israel no es una verdadera democracia como se autodenomina, se trata de un régimen basado en una discriminación étnica nacional, inclusive hasta social, ya que hay una correlación en Israel entre clase social en el capitalismo y cuestiones éticas y religiosas.
El segundo punto. No hay que olvidar que Israel está en estado de guerra permanente y tal condición aviva siempre las pasiones más chauvinistas, nacionalistas y extremistas. Nosotros apostamos por la paz. También para que las conciencias evolucionen, para que las posiciones se vuelvan más favorables a la paz y la convivencia. Que no todo se vea por la mira de un fusil, sino por la mira de los intereses reales de los pueblos y no los intereses de aquellos que los subyugan.
I.A. Como historiador, intento ampliar el foco. No quedarnos en la foto fija actual, sino intentar remontarnos al pasado. Efectivamente, el proyecto sionista es colonial. Hay que tenerlo en cuenta. Desde el primer momento intentó negar la existencia del pueblo palestino e invisibilizarlo. Cuando no fue posible, porque demostró que quería también un Estado y que estaba dispuesto a luchar por él, lo que buscó fue deshumanizarlo. Lo que estamos viendo es un intento claro por parte de las autoridades israelíes, no solo del Likud, sino también del Partido Laborista por criminalizar al pueblo palestino. Eso es lo que allana el terreno para que la sociedad con el discurso de nosotros o ellos, es decir, no hay espacio vital para los dos y tan solo uno puede sobrevivir. Por lo tanto, hay que matar al enemigo antes de que crezca. Este discurso lo hemos oído en algunos miembros, incluso del gobierno israelí, que hablaban porque se ejecutan a menores de edad en la Franja de Gaza. Hay más de 20.000 niños muertos. Se dice que en un futuro se van a convertir en terroristas y por lo tanto es legítimo detener esa amenaza,
Triple discurso: invisibilización, deshumanización, criminalización. Creo que ha estado muy presente en toda la historia de las últimas décadas y en la relación de Israel con el pueblo palestino.
La Unión Europea se creyó durante mucho tiempo un cuento muy legítimo, que se trataba de una potencia pacífica que estaba dispuesta a ayudar a resolver los conflictos internacionales o nacionales a través del diálogo y la negociación. En estos momentos y producto de lo que pasa en Oriente Medio, se trata de una Unión Europea que tiene principios desvalorizados, que se cotizan a la baja y sin embargo, todo indica que al final de cuentas, la única solución frente a estas cosas no son los fusiles, como decía el profesor Davidi, sino que es el diálogo y la negociación.
E.D. En Europa hay un desdoblamiento entre los gobiernos y los pueblos. En los pueblos crece una verdadera solidaridad con los palestinos. Es un sentimiento generalizado. No voy a generalizar y decir que todos los pueblos, pero hay movilizaciones de solidaridad en un montón de países que no están realmente involucrados con la situación de Medio Oriente. Como son los casos de Suiza y Suecia.
La opinión pública europea tiene que seguir luchando, seguir manifestando, seguir exigiendo a sus gobiernos que de una vez por todas lo primero que hay que hacer es parar la guerra. Y segundo, reconocer al Estado de Palestina. Si para parar la guerra hay que interrumpir todos los contratos comerciales existentes con Israel, hay que hacerlo ya, no dejarlo para mañana. Un caso muy claro es el presidente Macron, que hace meses viene amenazando de que va a reconocer el Estado palestino. Dijo que en mayo y después que en junio. Por el momento, él apoyó a Israel en la guerra contra Irán.
La clave no está esperar que los gobiernos lo hagan, sino a través de las movilizaciones, desde abajo, propiciar un cambio de política. Se pueden imponer políticas desde abajo, tanto Europa como en otros lados.
I.A. La ciudadanía europea está harta de los dobles raseros y la retórica vacía. El doble rasero, porque cuando Rusia invadió Ucrania, en apenas unas horas, se establecieron sanciones internacionales contra Rusia, contra los dirigentes principales, mientras que, en el caso de Israel, esas violaciones sistemáticas de derechos humanos parece que no tienen ningún tipo de coste. No olvidemos que los acuerdos de asociación entre Israel y la Unión Europea tienen una cláusula de condicionalidad en el artículo segundo. Allí se establece que se condiciona la aplicación de esos acuerdos al respeto de los valores democráticos y de los derechos humanos. Después de meses de masacres, después de más de 56.000 muertos, 125.000 heridos, la destrucción sistemática de la Franja de Gaza, ahora la Unión Europea dice que tiene que examinar y que ve indicios de que se han violado esos derechos humanos. A pesar de todo continúa sin adoptar medidas enérgicas. La congelación de esta asociación entre Israel y la Unión Europea no debería hacerse esperar.
Sin embargo, mientras el señor Trump esté a la cabeza del gobierno de los Estados Unidos parece que las posibilidades de la paz son lejanas.
E.D. Trump está dispuesto a lo que se llama una pax americana. O sea, a cualquier tipo de acuerdo que favorezca a los Estados Unidos. No hay que olvidarse que está detrás de todo esto. Maneja los hilos de la situación en Medio Oriente y todo lo que hace Israel se hace con la aprobación de norteamericanos. Por lo tanto, si Trump está a favor de una paz todo el tiempo, sin un estado palestino, que Israel asegure su hegemonía en la región, y que los Estados Unidos salgan beneficiados de todas las maneras.
No es la paz de la que hablamos. Nosotros estamos hablando de una paz justa en la que el principio básico es reconocer los derechos nacionales del pueblo palestino, los derechos de autodeterminación que fueron restablecidos en 1947 por las Naciones Unidas, no es algo nuevo, no es algo que tenga que ver ni siquiera con el año 67 con la Guerra de los Seis Días.
Quiero recalcar para dar algo positivo, porque no todo es negativo. El Gobierno español, el del señor Sánchez, por lo menos está haciendo algo, removiendo el avispero en el Consejo de Europa, en las instancias europeas máximas para que la cosa cambie, aunque muchos países lo frenan.
Si hablamos de economía, para Israel, Europa es la primera región exportadora, mucho más importante que Estados Unidos inclusive, y también para Europa. Israel es en el Medio Oriente un mercado muy importante. Por lo tanto, hoy en día tomar medidas contundentes contra Israel, también en lo comercial, en lo económico, significaría presionar de una manera contundente para, a lo menos, frenar la guerra en la Franja de Gaza.
I.A. Me gustaría añadir esta cuestión que hemos mencionado antes, el divorcio entre gobernantes y gobernados que también se ve en Estados Unidos. Hubo una rebelión de las bases demócratas en contra de la política que adoptó Biden de respaldo incondicional el ataque contra la Franja de Gaza y en contra del envío sistemático de armamento. Si vemos las últimas encuestas, ese malestar de la base social demócrata y sobre todo entre los jóvenes, aumenta con el transcurso del tiempo. Pero es que incluso entre los republicanos, al menos entre un tercio y un 50% está en contra de seguir enviando armamento y de llevar a la práctica la limpieza étnica con la expulsión de más de 2 millones de palestinos que viven en la Franja de Gaza. Esto va a marcar en las próximas décadas la política exterior americana, porque candidatos progresistas están haciendo del respaldo a la cuestión palestina una punta de lanza en sus campañas. Lo hemos visto, por ejemplo, en la campaña para las primarias, para la elección de candidato demócrata a la alcaldía de Nueva York, como se ha impuesto un candidato joven indio musulmán abiertamente propalestino. Siempre y cuando el Partido Demócrata sea capaz de distanciarse de los lobbies proIsrael.
radiomedianaranja.com

