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Abraham Gómez R.: Todos los caños habidos y por haber

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Se hace bastante comprensible que una persona, por muy buenas intenciones y disposiciones que tenga, en toda su vida no llega a conocer o recorrer los innumerables y vastosísimos caños de nuestro Delta del Orinoco. Por una razón sospechada desde siempre: los deltas nunca terminan de hacerse.

Cada día aflora, con los aluviones deltaicos, una posibilidad de ser.

En el extenso espacio Delta del Orinoco – a decir verdad- el escenario natural que hoy deslumbra por su belleza, mañana se transforma en algo, quizás mucho más maravilloso. Y así va siendo y haciéndose constante y sostenidamente.

Se dibuja una ilación ( sin h) de sueños interminables que nos apasionan.

Honestamente nunca visualizamos  nuestra inmensa geoespacialidad. Emprendimiento imposible.

Sin embargo, tal limitación jamás constituye un obstáculo determinativo para no asir e involucrar en nuestras  narrativas y poesías  la exuberancia y esplendor para describir y caracterizar este pedazo de tierra, que nos hemos dado para vivir.

Sabemos que   todo este andamiaje, de caños enrevesados, nos confiere idiosincrasia y suficiente piso identitario; además, refuerza    la creación socio lingüística del concepto que denominamos   Deltanidad.

Deltanidad que definimos como: tejernos en la piel nuestras valoraciones, motivaciones, costumbres  acendradas , conocimientos, emociones, sensibilidades, mitos, ritos, triunfos y desaciertos.

Digamos – además- enhebrar nuestras especificidades culturales, con las respectivas vivencias; sin eludir que también atravesamos carencias.

El idéntico Delta que le ofrece suficiente apoyatura  a  nuestros insignes escritores.

Comporta un mundo de vida el Delta que rige nuestro trasfondo vivencial; que alimenta, entre nosotros , el modo de conocer individual y socialmente. Que posibilita nuestras querencias.

Es tal la influencia de la Deltanidad que hasta nos impone la manera de hacer construcciones sígnicas de las cosas; de denominarlas de un modo muy nuestro.

Le conferimos vida, en cada acto de habla, a nuestro sociolecto (palabras propias  de la región), para así entendemos.

Reconocemos que la Deltanidad irrumpe a partir de   la pléyade de brillantes deltanos que encauzaron su desarrollo profesional en otras latitudes.

Ellos, con su decidido esfuerzo, prohijaron la Deltanidad, asimilada también conceptualmente, como matriz epistémica ( un modo de ser y decir) de condicionamientos inconscientes, que configuran la vida misma de cada uno de nosotros.

Delta del Orinoco, 29 de junio de 2025

 

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