No es lo único afectado, en este agravio permanente que ha significado la “revolución bonita” para los trabajadores en general, el trabajo, la educación, profesores y maestros. Pero, sin duda, el reclamo, que ha ido creciendo a medida que se acerca más la hora de ” ir” de vacaciones, es fundamental.
Primero porque así, en principio, dicho bono, cada vez menos bueno, se aleja a diario de sus propósitos originarios: darle paz, solaz, descanso, tranquilidad, reposo, al agobio diario, por un tiempo muy merecido a los trabajadores. En este caso a profesores y maestros. El período vacacional es intangible, como deberían ser, y son, según la ley, los derechos laborales.
No basta, desde luego, con decir a diario desde cuándo no ajustan los sueldos; el problema consuetudinario del trabajo en Venezuela resulta mucho más profundo, como lo ha sido el ataque durante estos años rojos a los trabajadores y a la educación y la salud, a toda la administración pública. No aumentar el sueldo ni el salario mínimo tiene incidencias negativas que se han prolongado en demasía. Entre ellas las prestaciones sociales impagadas hasta ahora en muchos casos, años ha, los bonos: vacacional y de fin de año, y la protección social de la cual quienes manejan tan malamente el poder, se escurren, se esconden.
Lo que llaman con extraordinaria e incomprensible rimbombancia, como para soportarlo con alguna dignidad, el “sueldo o salario integral” es una negativa estrategia igualadora y perversa que postra a los trabajadores ante el dominio y control de quienes detentan el poder. El llamado “Bono de guerra”, en su arbitrariedad manifiesta, recién vivida por los jubilados, como he dicho antes, Iguala sin méritos a quienes trabajamos y a los jubilados, pero también constituye una amenaza permanente, porque depende de cómo amanezca la picazón del controlador. ¿Si lo eliminan qué queda de sueldo?
El “salario o sueldo integral”, con el que se llenan la boca jactanciosa, se reduce día día, producto de la inflación y la devaluación de la moneda. Es mentira que el que consideraron, como espejo para indio, incremento del Bono de Guerra en 20$ se hizo efectivo, por cuanto al bajar desmesuradamente el sueldo base, cobramos muy significativamente menos que hace un año. El bono vacacional de un profesor titular a dedicación exclusiva, sin que esto fuera una panacea, el año pasado rondaba los 200$. Este año, así como está contemplado, llegará acaso a 70 dólares. Un robo descarado al derecho laboral, a los trabajadores.
Desde luego que tienen razón, y me sumo de inmediato a ellos, quienes solicitan que el Bono de Guerra y el Bono de alimentación, el salario integral, se incorporen ya, de una vez, para generar menos angustia, al recálculo inmediato del bono vacacional, para llevarlo a niveles más tolerables y útiles. Porque así es sencillamente inútil.
Por otro lado: la Guerra Económica no la propiciamos los trabajadores ni los educadores. ¿Que hicieron todos estos años anteriores con el petróleo y los ingresos que produjo? ¿En qué lo invirtieron? Esa guerra no es nuestra. Nadie nos preguntó para expresar nuestro desacuerdo. Y cuando lo hicieron, desconocieron olímpicamente la respuesta, porque ellos son arrechos. Ah, pues.

