Debate
En días pasados, observamos a través de las redes sociales, el debate de control parlamentario sobre la gestión de Gobierno de España, en donde los ministros, como integrantes del Poder Ejecutivo, fueron interpelados por los representantes del partido popular, lo que incluyó al mismo presidente del Gobierno español, no obstante ser todos ellos legisladores, pues no hay que olvidar que en España rige un régimen parlamentario. El debate se llevó a cabo en medio de crispasiones, acusaciones mutuas y preguntas y respuestas de distintos calibres.
Preguntas
La bancada opositora del Gobierno en cada pregunta que formulaban sus integrantes a los ministros, ponían de relieve hechos de corrupción de los cuales se acusa al Gobierno, que incluso pudiese tener la participación de una alta funcionaria del gobierno venezolano y que en el transcurrir de la investigación, se podrá determinar o no, con precisión jurídica y procesal, si ella pudo haber participado en los hechos que se le atribuyen a los colaboradores del Presidente de España.
Utilidad de la sesión
Lo significativo y aleccionador de ese debate de control, para quienes somos partidarios de una verdadera y funcional democracia para Venezuela, es que ese evento sirvió para canalizar las voces y las demandas ciudadanas de un sector de la población española a través de sus representantes, todo lo cual permitió no solo conocer y evaluar, el compromiso de estos con sus selectores, sino también la calidad de la gestión del gobierno.
Lo deseable
Con base a esta observación, cuánto diéramos para que en Venezuela ocurriera lo mismo, esto es, de manera pública se hiciera una audiencia parlamentaria de control del gobierno, que mejoraría la calidad de nuestra Democracia. Indudablemente que para lograr este cometido se necesitan un conjunto de circunstancias concurrentes que hagan surgir y funcionar una genuina representación política encarnada en personas que al quedar electos por el voto popular, queden obligadas a realizar al menos tres o cuatro veces al año, esas sesiones de control de la Administración Pública, sin importar si la misma es operada por sus conmilitantes.
A la par de estas deseables actuaciones, ideal fuera que esas sesiones se difundieran para dar transparencia a la gestiones legislativas y administrativas, las que deberían ser llevadas a asambleas de ciudadanos para su evaluación y que se produzcan recomendaciones y de ser necesario rectificaciones por cualquiera de ellos.
Democracias dinámicas
En nuestro país y en muchos otros de América Latina, sin dudas, hacen falta democracias más dinámicas y funcionales, que no permitan el adormecimiento de los representantes en los cargos de elección popular, sean legislativos o ejecutivos, sino que a través de eficientes procesos legislativos realizados por verdaderos servidores u hombre de Estado, se revisaran periódicamente los resultados de su desempeño en beneficio de las comunidades, sea para censurar a reconocer el trabajo de aquellos. En tal sentido, un ejemplo apropiado, resultan las elecciones legislativas de mitad periodo en los Estados Unidos.
Debilidades
En sentido contrario, una de las omisiones o debilidades que han mostrado distintas democracias es que en los procesos legislativos que llevan a que se tomen decisiones por parte del poder sobre asuntos económicos, sociales o comunitarios, los ciudadanos no tienen ninguna participación o no se les consulta su opinión, cuando en una verdadera democracia representativa y protagónica, ellos deben sentir que su decisiones son las que coadyuvan a enrumbar a la sociedad a la que pertenecen.
Crisis de representatividad
En el caso concreto de Venezuela y su actual crisis de representatividad, ella ocurre porque los elegidos recientemente tanto en el Poder Ejecutivo nacional como en el Poder Legislativo y Gobernaciones, no actúan a nombre de la mayoría de sus ciudadanos o electores, sino en representación de sus tiendas partidistas a la que muchas veces llegan por hechos o motivos ajenos a un trabajo verdaderamente partidista o social y se observa como ya en el desempeño del cargo, ahora trabajan por el dirigente o caudillo que los colocó en esa posición.
Sin control parlamentario
Lo anterior, ha contribuido también, para que en todos estos años, no se haya dado en la Asamblea Nacional un voto de censura a ninguno de los tantos vicepresidentes que ha tenido el país, ni menos a los ministros en áreas conflictivas como la salud, la vivienda, las finanzas, la educación y la vialidad entre otras, por sus muy deficientes gestiones, no obstante existir la norma constitucional que lo permite, la que en realidad está paralizada o está como si no existiera, a pesar de que los diputados tienen esa facultad de control, similar o parecida a la del Parlamento español.
Desconexión
Esa falta o crisis de representación política, ha llevado también a que muchos electos rompan abruptamente el vínculo o conexión que deben de mantener, no solo con sus ciudadanos-electores, sino también con las normas legales que le dan forma y sustancia a lo que deben hacer. Así un representante venido de la soberanía popular, debe parecerse en cultura, hábitos y costumbres a la comunidad que lo eligió, para que se haga así presente en el foro de poder en el cual participará como representante también de la riqueza humana de su región.
De nada le sirve al actual régimen político gobernante, llamar consecutivamente a elecciones, si a las mismas no concurren verdaderos representantes de las comunidades, todo lo cual se puede detectar del ambiente político y electoral que puedan suscitar unas elecciones, que en el mejor de los casos se extienden en motivación y entusiasmo de parte de los ciudadanos, produciendo casi que al unísono un acuerdo social tácito de participación, todo ello se recuerda, porque los votantes se sienten representados; efecto totalmente contrario, se producirá en la gente de no ser así, lo que visualizará indudablemente una crisis de representatividad.
Descargo
En descargo de los cuestionamientos sobre la crisis de representación política, Pierre Rosanvallon, escribió que la misma “surge casi al mismo tiempo en que el mecanismo representativo fue instituido como principio funcional de la democracia moderna”, con lo cual se puede agregar, que la representatividad, casi siempre queda subordinada al grado de aceptación que de la misma pueda tener el representante, pero también el elector, quien deberá conocer y analizar al detalle, tanto la trayectoria, como las propuestas formuladas, por el candidato o representante y si hay correspondencia entre ambas.
Peso ciudadano
Se requiere entonces, para que se pueda ir cancelando lentamente, la actual crisis de representación política, que a los ciudadanos se le reconozca como tales y tengan poder de decisión, que se les consulte sobre aspectos cotidianos dentro de sus comunidades, que puedan estar presentes en los procesos de formulación de políticas públicas, que se oigan sus sugerencias o recomendaciones, “todo lo cual son buenas maneras para darles voz, voluntad y poder de obrar”, como bien lo señaló Giuseppe Duso al referirse a este tema de la crisis de representación política, considerando a aquellos elementos como indispensables para ensamblar y cohesionar a una sociedad democrática de manera legítima y racional.

