Vivimos en la Aldea Global, como la bautizara en su oportunidad Herbert Mc Luhan, para bien o mal. Toda nuestra realidad está interconectada por las redes sociales y la tecnología. Nada en el planeta no es ajeno, independientemente de las distancias geográficas. Los medios de comunicación están presentes en los diversos espacios y producen todo tipo de información, verdadera o falsa, para persuadir a la gran audiencia.
Este fenómeno no es nada nuevo, más allá de los maravillosos y sofisticados dispositivos mediáticos con que disponen los grupos poderosos (políticos y económicos) para ejercer su hegemonía comunicacional en los grandes segmentos de la población. Desde hace mucho tiempo lo panóptico se hace presente. Este término acuñado por Jeremy Bentham y desarrollado por Michel Foucault, nos sirve para describir una sociedad que es observada en todos los espacios por el ojo magnánimo de las élites poderosas.
Los detentores del poder lo controlan todo. Disponen de sofisticados laboratorios sociales y salas situación al es para desarrollar estrategias mediáticas que impacten en la psiquis social para legitimar el proyecto político dominante. Reproducen prácticas sociales que determinan o moldean la conducta de lis individuos y los hacen ser sujetos a críticos, conformistas y subyugados a los procesos ideologizantes. Es una subjetividad amarrada al juego controlador de los poderosos.
En su apasionante libro “El sujeto encadenado”, Enzo Del Búfalo, economista venezolano (y exprofesor de este servidor) señala que “la subjetividad no es un atributo del alma o una propiedad del espíritu, sino que tiene su génesis material en aquellos procesos que denominamos prácticas sociales que son procesos socializadores por excelencia”. Esto es importante tomarlo en cuento porque el individuo se somete a esa cultura panóptica que se expande con fuerza gracias a los medios de comunicación para ejercer el control de la sociedad.
Los gobernantes usan todo tipo de acciones para controlar y disminuir cualquier iniciativa de la sociedad que ponga en riesgo el proyecto político. Se valen de todo y hasta ofrecen un mundo de oportunidades a dueños y profesionales de la comunicación para que se incorporen a su industria mediática mediante pautas publicitarias y sueldos atractivos. De esta forma persuaden a cambiar la línea editorial de los medios de comunicación a favor del proyecto hegemónico.
Entonces, no debemos extrañarnos en esta sociedad del webperiodismo cómo algunos noticieros digitales hacen alianzas con el poder político para fortalecer la cultura panóptica a cambio de pautas publicitarias y otras prebendas importantes. De esta manera disminuyen su interés por cubrir los verdaderos hechos que se traducen en problemas estructurales para la sociedad, Con ello le dan una trastada a su responsabilidad de mantener informada veraz, oportuna e imparcialmente a la sociedad y denunciar cualquier atropello a la libertad de expresión y la vida democrática.
Politólogo, periodista y abogado.

