España no es un problema, como dice Trump. Lo que sí es hoy un grave problema y una gran preocupación es cómo se está configurando el nuevo orden mundial con varios focos bélicos encendidos que pueden extenderse, tan rápido como la pólvora, a una guerra mundial.
Muchos españoles tenemos serias dudas sobre el aumento de presupuesto de defensa. Tomar la decisión de aumentar conjuntamente por parte de Europa la defensa militar se plantea por el rumbo tan desquiciado que están provocando países como Rusia, Israel o el propio EEUU. Aunque lo correcto sería invertir conjuntamente todo el presupuesto de Europa en una defensa conjunta, fuera del paraguas de EEUU.
Sin embargo, no hay ninguna duda en que no debemos aceptar un 5% del PIB que Trump se ha sacado de la manga. Es una decisión arbitraria y sin justificar. A él esta bravuconada le va bien, porque el aumento en defensa de los países europeos supone comprar a EEUU el material. Justo en momento donde su economía no va bien por las extravagantes medidas y actuaciones que está tomando.
No, no tiene sentido un 5% ni aceptar sus medidas. Trump no es un socio serio ni de fiar. Ni podemos aceptar el vasallaje y la sumisión. Y mucho menos el ridículo papel que está protagonizando el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.
Por tanto, Pedro Sánchez ha hecho bien en frenar y plantarse ante esa imposición. No es la primera vez que el liderazgo internacional de Sánchez se hace valer. Y hay que recordar que los momentos internacionales de mayor renombre español han sido bajo los gobiernos de Felipe, Zapatero y ahora Sánchez. Porque, lamentablemente, el PP sigue con una posición internacional de encogimiento, de poca altura, y siempre condicionada a socios neoliberales, como ocurrió con el impresentable papel que jugó Aznar en la guerra de Irak.
España no es un problema, pero tiene sus propios problemas. Algunos reales y otros provocados por montajes intencionados.
Uno de los problemas más serios es el creado por el trío Cerdán/Ábalos/Koldo. Nadie se libra de la corrupción, porque siempre existen sinvergüenzas dispuestos a aprovecharse de sus cargos, estén donde estén. Este cáncer hay que extirparlo, tomar las medidas necesarias, actuar con prudencia, pero con contundencia.
No obstante, hay otros problemas que son inventados. Por ejemplo, todos los que provoca y genera intencionadamente el juez Peinado. ¿En serio que ningún poder judicial puede pararle los pies a alguien que está utilizando su cargo de forma descarada? Disculpen, pero yo no tengo por qué ser respetuosa con alguien que está burlándose descaradamente de toda España, utilizando su relevante cargo para hacer política burda y sucia. ¿Qué sentido tiene la imputación del ministro Bolaños con un auto judicial plagado de errores, incorrecciones, interpretaciones intencionadas, y una actitud chulesca impropia de quien debe impartir justicia? Todo el caso Begoña Gómez es lo más inaudito y vergonzoso que la justicia está consintiendo. Pero el corporativismo impide que se eleve la voz ante tamañas injusticias e insensateces.
“Que el que puede hacer que haga”. Lo primero, hacer ruido, mucho ruido, para dar la impresión de que España se hunde, que todo va mal, que el gobierno es ilegítimo, que la izquierda no sabe gobernar, y que hay que devolver el país a sus legítimos “dueños”: la derecha en todos sus ámbitos, desde la política con el PP y Vox, a los medios de comunicación que contribuyen al escándalo, y, por supuesto, los obispos. Con la Iglesia hemos topado que, en unas descaradas declaraciones, ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio.
España va tan mal que el PP ha tardado más de 500 días en hacerle una pregunta al ministro de Economía, porque no sabía qué preguntar.
No, España ha pasado graves problemas: desde el Covid, a volcanes, Danas, crisis, problemas energéticos, climáticos, guerras que amenazan a Europa, etc. Y el gobierno de Sánchez no ha dejado nunca abandonada a la ciudadanía: medidas económicas, laborales, ayudas y subvenciones, aumento de pensiones, aumento del salario mínimo interprofesional, ayudas a la vivienda, para los afectados por desgracias, y un largo etcétera.
¿Lo hubiera hecho el PP? ¿Lo hubiera hecho Vox? Cuando voten, piensen quien ayuda más a quienes más lo necesitan que es la gran mayoría social. Porque, además, cuando estas actitudes catastrofistas de hacer oposición se producen, exagerando, manipulando, mintiendo, con una hipocresía y un cinismo descarados y antidemocráticos, el efecto es claramente la polarización y dejar de escuchar al otro. Los del PP se arrejuntan con sus líderes creyéndose las mentiras a pie juntillas; los de Vox hacen numeritos de rezos y velas en la puerta del PSOE; y los del PSOE, lógicamente, nos vemos tan injustamente agredidos y atacados que se produce un cierre de filas. ¿Cómo no vamos a defender a los nuestros si los ataques son desmedidos, provocados y los insultos a diario?
Eso impide que se analice con seriedad lo que sí son verdaderos problemas. Por ejemplo, lo que me quita el sueño estos días: el caso Cerdán/Ábalos/Koldo. ¿Qué hacer?
Escuché la otra noche a mi buen amigo y compañero Manuel de la Rocha. Siempre lúcido, contundente, comprometido, educado y rápido en respuestas, sin ambigüedades. Me hizo reflexionar.
Apuntó los aciertos del gobierno y también los errores del propio Sánchez. Sobre todo, en un sistema interno de primarias que ha consolidado el presidencialismo, que anula voces, críticas y discrepancias dentro del Comité Federal. Las anula dentro porque ya vemos que los micrófonos fuera están abiertos para todos los que quieren pedir su dimisión, incluso en una carta donde algunos firmantes han protagonizado épocas oscuras del PSOE, y que no son los más adecuados para tirar ni la primera ni la última piedra. Sí, el PSOE debe reflexionar de nuevo sobre cómo las primarias han consolidado bloques de militancia en torno a su líder.
De la Rocha, con mucha sensatez, apunta hacia un recambio de gobierno para coger impulso. Eso ya no lo veo con tanta claridad; no creo que sea la mejor solución. Pero tampoco la dimisión inmediata de Sánchez como otros piden. Vuelvo a insistir en algo de prudencia temporal para que el pus de la corrupción salga a la luz. Y habrá que estar abiertos a cualquier opción, incluso el adelanto electoral sin Sánchez.
Pero todo el discurso de De la Rocha, como siempre, es veraz (algo de lo que hoy se carece), coherente, crítico y autocrítico, reflexivo, prudente y POLÍTICO. La política de arte mayor.
Por él y sus reflexiones escribo estas últimas líneas recordando a muchas personas que ostentan cargos públicos desde hace muchos años, que están en primera línea pública y que nunca se han visto envueltos en escándalos de ningún tipo, y mucho menos de corrupción de ningún partido político. Y lo hago porque, dentro del ruido provocado y los escándalos reales, existen políticos en los que confiar. Personas que, dentro del mismo partido, defienden posiciones y sensibilidades distintas, pero lo hacen desde la honestidad. Son tantos los que han estado y los que están que la lista es interminable.
A los sinvergüenzas y corruptos, la mayor de la condena social.
A los miles y miles de políticos y políticas honestos, gracias.

