Desde la antigüedad, el Estrecho de Ormuz fue parte de las rutas comerciales que conectaban Mesopotamia, Persia y la India con el Mediterráneo y África Oriental. Durante el Imperio Persa Aqueménida (siglo VI a.C.), la región ya era un centro de comercio y poder marítimo.
Luego, en la Edad Media, el control del estrecho se alternó entre las dinastías persas, árabes y ománidas. Más adelante, durante el auge del islam (siglos VII-XIII), los puertos cercanos, como Mascate y Sohar, prosperaron como centros de comercio de especias, incienso y perlas.
Es importante resaltar que aunque no había una economía global dependiente del petróleo, el estrecho ya era un punto estratégico para el comercio marítimo y las rutas de la seda marítima.
La Era Colonial (Siglos XVI-XIX): Competencia Europea
En 1507, los portugueses, bajo el mando de Afonso de Albuquerque, tomaron la isla de Ormuz, estableciendo allí un fuerte para controlar el comercio en el Golfo Pérsico. Ormuz se convirtió así en un enclave clave para el Imperio Portugués, que buscaba dominar las rutas comerciales hacia Asia.
En cuanto a la Rivalidad con los safávidas y otomanos: A principios del siglo XVII, el Imperio Safávida de Persia, aliado con los británicos, expulsó a los portugueses en 1622, recuperando el control de la región. Esto marcó el inicio de la influencia británica en el Golfo.
Más adelante, durante el siglo XIX, el Imperio Británico consolidó su dominio en el Golfo Pérsico para proteger las rutas hacia la India, su colonia más valiosa. Firmaron varios tratados con los jeques locales (los llamados “Estados de la Tregua”, como los actuales Emiratos Árabes Unidos) y controlaron indirectamente el estrecho, limitando la influencia de otras potencias como Rusia y Francia.
El control del estrecho era esencial para el comercio colonial y la proyección de poder naval. Y aunque la ausencia del petróleo en la escena mundial de esa época limitaba su relevancia energética, pero su posición estratégica era indiscutible.
Siglo XX: La Era del Petróleo y la Guerra Fría
A principios del siglo XX, con el descubrimiento de vastos yacimientos petrolíferos en Persia (Irán), Irak, Arabia Saudita y otros países del Golfo, transformó al Estrecho de Ormuz en un punto crítico para la economía global. El petróleo comenzó a fluir hacia Europa, Estados Unidos y Asia, aumentando la importancia estratégica del estrecho.
Ahora bien, tras la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido comenzó a retirarse del Golfo debido a su declive imperial. Pero como el poder no admite vacío, los Estados Unidos de América fueron los encargados de llenarlo, especialmente tras la Doctrina Eisenhower de 1957, que buscaba proteger los intereses occidentales en el Medio Oriente contra la influencia soviética. En ese sentido, el Tío Sam estableció importantes alianzas con Irán (bajo el régimen político del Sha) y Arabia Saudita, asegurando el flujo de petróleo a través del estrecho.
Ahora bien, la nacionalización de la industria petrolera iraní en 1951 por Mohammad Mosaddegh y el posterior golpe de Estado respaldado por los sospechosos de siempre: Estados Unidos y Reino Unido en 1953, intensificaron las rivalidades regionales. Mientras tanto Irán y los estados árabes del Golfo competían por influencia, mientras el estrecho de Ormuz se consolidaba como una arteria vital.
Es por ello que durante la Guerra Fría, el estrecho fue un escenario de gran competencia entre las superpotencias, con Estados Unidos y la Unión Soviética buscando influencia sobre los estados productores de petróleo.
La Revolución Islámica Iraní y la Guerra Irán-Irak (1979-1988)
El Impacto de la Revolución Iraní (1979)
La caída del Sha y el establecimiento de la República Islámica de Irán bajo el ayatolá Jomeini transformaron la dinámica geopolítica del estrecho.
En ese sentido, Irán adoptó una postura claramente antioccidental, amenazando con cerrar el estrecho en respuesta a las presiones. Esto generó preocupación global, dado que el 20% del petróleo mundial pasaba por el Estrecho de Ormuz para ese momento.
Guerra Irán-Irak (1980-1988)
Durante la “Guerra de los Petroleros”, tanto Irán como Irak, atacaron los petroleros en el Golfo Pérsico. Irán amenazó repetidamente con bloquear el estrecho, lo que llevó a Estados Unidos, la Unión Soviética y otras potencias más a escoltar los buques petroleros para garantizar el flujo del crudo.
En el año 1988, el incidente más notable fue el derribo accidental del vuelo 655 de Iran Air por parte del país del Tío Sam, lo que exacerbó aún más las tensiones.
Es por ello que el Estrecho de Ormuz se convirtió en un punto de fricción militar directo, con las potencias externas interviniendo para proteger sus intereses energéticos. La dependencia global del petróleo del Golfo amplificó su relevancia.
Siglo XXI: Tensiones Modernas y Rivalidad Regional
La rivalidad Irán-Arabia Saudita
Desde la década del 2000, el Estrecho de Ormuz ha sido un escenario central en la rivalidad entre Irán y Arabia Saudita, las dos potencias regionales que lideran bloques opuestos (chií y suní, respectivamente).
Irán ha utilizado su posición geográfica en el estrecho para proyectar poder, mientras que Arabia Saudita y sus aliados (como Emiratos Árabes Unidos) dependen de él para exportar su petróleo.
En el año 2019, varios ataques a barcos petroleros en el Golfo de Omán, atribuidos a Irán por Estados Unidos y sus aliados, aumentaron las tensiones. Por su parte Irán también derribó un dron estadounidense, alegando violación de su espacio aéreo.
Al año siguiente, el asesinato del general iraní Qasem Soleimani por la primera administración Trump intensificó las amenazas iraníes contra el estrecho, aunque no pasó más allá de la retórica.
Los EE.UU. mantienen una fuerte presencia militar en el Golfo Pérsico, con bases en Qatar, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos. Mientras que China y Rusia han incrementado su influencia en la región, con China dependiendo del estrecho para el 40% de sus importaciones de petróleo.
En el presente siglo, el Estrecho de Ormuz sigue siendo un punto de tensión debido a la dependencia global del petróleo y gas natural, así como las rivalidades regionales y la competencia entre las grandes potencias.
Cualquier interrupción en el Estrecho de Ormuz podría disparar los precios del crudo y desestabilizar la economía mundial.
El Estrecho de Ormuz es un paso marítimo estratégico ubicado entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, que conecta los principales países productores de petróleo del Medio Oriente con los mercados globales.
Con una anchura de aproximadamente 33 km en su punto más estrecho, es una de las rutas marítimas más críticas del mundo, ya que por allí transita cerca del 30% del petróleo mundial y una cantidad significativa de gas natural licuado (GNL).
Su importancia geopolítica radica en su papel como “cuello de botella” para el comercio energético global, lo que lo convierte en un punto de tensión recurrente en la política internacional.
Bitácora Energética – @Wilito187 en tictok

