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Ana Noguera: ¿Qué debe hacer el presidente del Gobierno español?

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Estoy en shock como todo el partido socialista, también como gran parte de la sociedad progresista, los partidos que apoyan al Gobierno, un buen grupo de medios de comunicación que creían en la honestidad de Santos Cerdán, y tantísimos ciudadanos.

No es fácil escribir en estos momentos ni decir con seguridad qué hacer. Tan solo quiero sugerir ideas dentro de esta mezcolanza de perplejidad y griterío que impiden el razonamiento ante estos casos de corrupción vergonzosos y dolorosos, por si aportan un punto de vista más.

Porque no basta con pedir perdón ni expulsar del partido a estos personajes. La credibilidad del PSOE está en juego, el dolor de muchos militantes y la desconfianza de la sociedad progresista. Ahora bien, hay dos condicionantes: Qué hacer y cuándo.

En mi opinión, hay dos grupos de medidas a tomar de forma temporal. Las primeras y sin dudar son:

1) En primer lugar, el presidente de Gobierno, que es a su vez secretario general del partido, lo que dificulta la separación de papeles, debe declarar contundentemente, de forma pública, que ÉL no tiene nada que ver con esta corrupción. Mariano Rajoy no podía decirlo, ahí siguen los papeles de “M. Rajoy” y su conocimiento de lo que ocurría como trama del partido. A Sánchez le corresponde ahora un juramento sólido que, más allá de traidores y corruptos que hayan actuado sin su conocimiento, él no aparecerá en ningún papel ni grabación porque no está implicado.

2) El “… y tú más” contra el PP no funciona. La derecha política suele tener permisividad social, aún conserva vestigios del franquismo en la gestión, y su nivel de cinismo e hipocresía ni se puede ni se debe imitar. Hay que asumir que las reglas de juego del PP son diferentes. Por lo que ni es ejemplo al que imitar ni hay comparación que establecer (por muy injusto que ello resulte).

Como tampoco es ejemplar la forma de organización interna del PP: cerrar filas pase lo que pase y con quien sea (véase el caso Mazón).

La izquierda no puede seguir siendo grupúsculos de enfadados, como en la película “La vida de Brian”, pero tampoco caer en el cesarismo o presidencialismo que anula las voces y el pensamiento críticos. Resulta muy complejo equilibrar la lealtad a una organización con la crítica interna razonada y mesurada. La tendencia de quien tiene el poder siempre es a escuchar a los aduladores y palmeros.

3) Se debe hacer algo con los aforamientos, porque a lo largo de los años democráticos se ha pervertido su función. Considero que no hay que anularla por completo sino limitarla a su verdadero papel: la libertad de expresión cuando uno es cargo público. Yo misma sufrí dos denuncias, una del gobierno de Rita Barberá y otra de Carlos Fabra, contra mi labor de oposición. Dos juicios que gané, no solamente porque estaba ejerciendo mi papel de cargo público, sino porque lo que denuncié fue cierto. Y ambos acabaron sentenciados a pagar costas y restaurar públicamente mi honor.

Ahora bien, el aforamiento no puede cubrir negligencias, multas, sanciones o corrupción. Eso debería estar claramente fuera del aforamiento político, porque nada tiene que ver con la responsabilidad política.

4) No se trata de establecer más controles burocráticos respecto al control de adjudicaciones. Porque el exceso de burocracia no es equivalente a más transparencia. Al contrario, a veces evita que empresas y personas con menos capacidades de grandes abogados y estructuras administrativas puedan concurrir.

Cosa diferente es que cuando algo así ocurre haya que investigar hasta las últimas consecuencias. Porque la corrupción es un triángulo: el político que se corrompe, quien es corruptor por parte de las empresas, y quien lo permite por parte de la Administración.

Difícil es de creer que sean solo tres sinvergüenzas: Koldo, Ábalos y Cerdán. Seguramente hay más personas colocadas en puestos estratégicos de la Administración, que han facilitado el camino en lugar de no aceptarlo, y quienes se lo han callado o han firmado para que el fraude se cometiera. Las adjudicaciones irregulares no pueden hacerse sin la connivencia de algunas personas de la maquinaria administrativa.

Asimismo, la justicia también debe investigar a las empresas, sancionarlas y castigarlas. No pueden salir indemnes bajo el criterio de maximizar beneficios empresariales sin importar el daño social.

Queda un segundo grupo de medidas que tienen que ver con la responsabilidad política del presidente de Gobierno. ¿Qué hacer: moción de confianza, resistir o elecciones?

Aquí aconsejo PRUDENCIA, medir los tiempos. Observo muchas ganas desde fuera y desde dentro del propio partido, porque siempre hay muchos damnificados, en que el Presidente dimita. Quizás no quede más remedio que una convocatoria electoral. Pero a su debido tiempo por varias razones:

*La más importante es que no sabemos si se ha tocado fondo o si saldrán nuevas grabaciones que impliquen a más cargos. Esperar prudencialmente no significa tapar ni encubrir ni olvidar. Sólo saber si estamos en el final de esta pesadilla, y me temo que no.

*Una moción de confianza ahora mismo es tan inviable para el PSOE como una moción de censura por parte del PP. La democracia no puede estar secuestrada porque no existan equilibrios parlamentarios que permitan una gobernabilidad. Aunque seguramente todo irá despejándose en un breve periodo de tiempo. Las noticias van rápidas, el descubrimiento de más audios es cuestión de días. Por tanto, el panorama cambiará y sabremos quién decantará la balanza.

*Soy de las que opinan que el Gobierno de coalición ha aportado grandes beneficios sociales, económicos y laborales. Sin duda. Y que la alternativa del PP-Vox es claramente perjudicial para la sociedad española, para el progreso y para la democracia. Pero esto no da derecho a “salvar a España”. No podemos negarnos a una convocatoria electoral por el miedo a que gane la derecha. Hemos hecho un mandamiento de la frase “el pueblo nunca se equivoca”. Y sí se equivoca. Ahí tenemos a Trump al frente de EEUU, actuando en contra de sus propios votantes. Sin embargo, eso es democracia: permitir que nos equivoquemos votando porque para ello somos responsables de nuestras acciones y, por tanto, de nuestros votos.

Por tanto, el camino a elegir no se debe tomar ahora, sino dentro de un breve espacio temporal, cuando sepamos finalmente hasta dónde llega la podredumbre. Aunque, efectivamente, algo más contundente hay que hacer: o moción de confianza o convocatoria electoral. La pregunta por tanto no es qué, sino cuándo.

Por último, solo hay que recordar que nada está exento de mancharse con la corrupción. Tener el carnet de un partido de izquierdas no da un valor ético incuestionable. Mala gente, sinvergüenzas, corruptos hay en todos los estamentos. La ciudadanía parece olvidar que los podridos los encontramos entre los profesores, los policías, los funcionarios, los empresarios, los sindicatos, los sacerdotes, etc y etc y etc.

Lo realmente importante son dos cosas: hay miles de cargos públicos y los corruptos se cuentan con los dedos de una mano. Hay miles de personas desempeñando con buena fe sus responsabilidades. Estar en política no significa nada sucio, al contrario, es un gran servicio y una implicación social.

Y, lo segundo importante, es que a los corruptos se les pilla. En democracia, al final se pilla a quien mete la mano, engaña o defrauda. A veces más tarde que pronto, pero pagan.

En ese sentido, nunca comprenderé como personas que han llegado a ser ministros, a ejercer cargos de responsabilidad tan importantes como mandar sobre todo un partido, no tienen suficiente. Nunca comprenderé a la naturaleza humana que es capaz de pervertir y ensuciar lo bueno de un sistema social.

No se equivoquen: quien está enferma no es la democracia, seguimos siendo las personas. Algunas más que otras. Y solo más democracia, mejor democracia, democracia más profunda, podrá devolverlos la confianza.

 

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