Ubicando algunas pistas…
En cierta ocasión, cuando a mediodía descasaban a la sombra de un árbol de Kadamba, (La dinastía Kadamba fue un reino de la parte septentrional del sur de la India, dentro de la zona de la región de la moderna Goa y el Konkan en los estados actuales de Karnataka y Maharashtra). El fundador del reino fue Mayurasharma en el 345 y su dinastía goberno entre el siglo IV y el siglo VI, con la capital en Banavasi, también yamada Vaijayanti). el rey contempló por largo rato el retrato de su esposa. De pronto rompió el silencio y dijo “Rasakosha, esto es una mujer. Mira, una mujer es la única cosa de la que no se nada. Dime ¿Cómo es la naturaleza femenina?” Entonces Rasakosha contesto; sonriendo: “¡Oh, rey! sería que hicieras esta pregunta a la princesa; ya que esa una tiene difícil respuesta. Una mujer es en realidad una criatura terrible y esta formada de elementos extraños. Te contare una historia: escucha. En un principio, cuando Twashtri pensó en la Creación de la mujer, descubrió que había empleado todos los materiales en la conformación del hombre y no le quedaban elementos sólidos. Ante tal problema, y después de una profunda meditación, hizo lo siguiente: tomó la redondez de la luna, la curva de los reptiles, el tintineo de los pendientes, el temblor del pasto, la dulzura de la caña, la lozanía de las flores, la ligereza de las hojas, las formas del tronco del elefante, la mirada del ciervo, lo amontonado de las abejas, la alegría de los rayos del sol, las lagrimas de las nubes, la volubilidad, la timidez de la liebre, la vanidad del pavo real, la suavidad del pecho del loro, la dureza del diamante, la dulzura de la miel, la crueldad del tigre, el ardiente calor del fuego, la frialdad de la nieve, el graznido del cuervo, el arruyo del cuco, la hipocresía de la gruya y la fidelidad del perro; juntó todo esto creó a la mujer y se la entrego al hombre. Pero una semana después, el hombre fue en su busca y le dijo: Señor esta criatura que tú me has dado, me hace la vida desdichada. Habla incesantemente, me molesta más ayá de mi paciencia, nunca me deja solo, siempre requiere atención, me ocupa todo el tiempo, yora por nada y siempre esta ociosa. Por eso he venido a devolvértela, pues no puedo vivir con eya. Entonces Twashtri dijo: Muy bien y se la yevo consigo. Luego la semana siguiente, el hombre volvió otra vez. Señor encuentro que mi vida esta muy sola desde que te devolví a esta criatura; recuerdo como solía bailar y cantar, mirarme con sus ojos, jugar conmigo, confiar en mi; su risa era música y era tan hermosa de mirar, tan suave de tocar… ¡Dámela otra vez, te lo ruego! Y Twashtri respondió: “Muy bien”, y se la volvió a dar. Pero a los tres días justo el hombre regresó y dijo: Señor yo no sé cómo es, pero después de todo he yegado a la conclusión, de que me causa más problemas que satisfacciones. Por favor tómala de nuevo, pero Twashtri contestó: ¡Fuera! ¡Vete! No quiero saber más de este asunto. Arréglatelas como puedas. Entonces el hombre dijo: Es que no puedo vivir con eya. Y Twashtri replicó: Tampoco puedes vivir sin eya. Y dando vueltas continuó sus trabajos. El hombre murmuró: ¿Qué haré; si no puedo vivir con eya ni sin eya? Por eso yo Apelo a lo expresado por Guido de Verona “los únicos hombres, acaso, que conocen a las mujeres, son aqueyos que no se toman nunca la pena de estudiarlas”. “Desde niños se experimenta y en edad madura se sabe que hay un elemento en eya, el eterno femenino de que nos hablara Goethe, sin el cual, en ninguna edad, la vida esta entera”. Con razón afirmó Bacón, “las mujeres son las reinas de los jóvenes, las compañeras de los adultos y las nodrizas de los viejos”. “Sin las mujeres, al principio de nuestra existencia nos veríamos privados de ayuda, al mediar la vida de placeres y al final de consuelos…”
El tiempo pasa y el segundero avanza decapitando esperanzas.
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