En la vida observamos a muchos dirigentes políticos con poca formación y sin una clara noción de los temas que son vitales en los asuntos públicos. Quizás lo que les ha permitido mantenerse en ese ámbito es su carisma y la oratoria que son armas de manipulación frente a una vasta poblacion que se deja seducir por las apariencias.
El asunto es más preocupante porque gran parte de esos dirigentes resultan electos y llegan a ocupar los principales cargos públicos, gracias a sus habilidades, adulaciones y relaciones de todo tipo que logran establecer dentro de las organizaciones partidistas. Al no tener ningún tipo de preparación se vuelven ineficientes en el desempeño de sus funciones. Por supuesto, el común de la gente, ocupada en otros asuntos, resulta ajena a estos reacomodos internos que se producen en la, arena política.
Precisamente, esta cruda realidad es analizada en todas sus dimensiones por uno de los más grandes pensadores como Máx Weber en su clásica obra “La política como profesión”. En ella desentraña con clara finura la importancia de contar con valiosos profesionales en el difícil y exigente campo de la política, hoy denominado la gerencia pública por acuciosos investigadores. Es, precisamente, lo que requiere la sociedad del conocimiento y de las tecnologías de información. Verdaderos gerentes que políticos oficiantes.
He allí el mal de nuestros pueblos. Tenemos políticos que no cuentan con formación integral ni capacidad Gerenciales. Tampoco tienen principios éticos para manejar los asuntos públicos y sus actuaciones se mueven más por intereses crematísticos que terminan afectando el patrimonio del Estado en detrimento de las condiciones de vida de la inmensa población. Por tales razones, el punto clave para superar la grave crisis estructural de nuestros pueblos radica en una educación de calidad, orientada a la formación ciudadana y gerencial. Basta de tanta improvisación en los sagrados asuntos de la política y la función pública.

