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Ezequiel Querales Viloria: Legitimar la mentira

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Visto lo ocurrido en el país, con el fraude electoral del 28 de julio 2024  y luego, con la farsa comicial del 25 de mayo 2025, no queda duda, que la cultura que relativiza la verdad, para luego, legitimar y consolidar la mentira, está haciendo de las suyas, en Venezuela.

A primera vista, pareciera una soberana tontería, el tétrico y fraguado dilema, de ser o no ser chavista, por el solo hecho de ejercer el voto, y darse golpes de pecho, para hacerlo ver ante la opinión pública, “que no es lo que parece”. Que en modo alguno, signifique respaldar a la tiranía. O la mentira titiritando.

Y al ver a tantos “políticos funcionales” juntos, “cohabitando” con el perverso modelo que relativiza la tragedia que aniquila al país. Resulta muy preocupante, la vulnerabilidad pensante de toda una nación, que estaría en juego, y apuntándonos a todos.

Son 25 años de marchas y contramarchas. Antes como ahora, el país ha sido testigo de excepción, de que “el chavismo no tiene incentivos para una cohabitación”, y lo que si posee, “es una capacidad increíble para sacrificar el bienestar colectivo”, como lo ha venido haciendo y seguramente, continuará imponiendo, tal como lo rubrican los historiadores y analistas políticos.

Hemos pasado de una sociedad libre, a una sociedad impensable, donde se hacen leyes también impensables, destinadas básicamente, a limitar derechos fundamentales y el funcionamiento de instituciones democráticas, Y la propia democracia.

Podemos citar en este orden, la Ley del Odio, últimamente, la Ley Contra el Fascismo, normativas que permiten la vigilancia y control de quienes no están de acuerdo con el gobierno. También la Ley de Amnistía, cuestionada por inconstitucional y por no honrar la libertad de todos los “presos políticos”, que dice representar.

No podemos estar más de acuerdo, con la doctora María Sol Pérez Schael, en su certero análisis, de que con la llegada del chavismo a Miraflores, Venezuela no ha tenido un “gobierno, entendido como tal, en el ejercicio de un poder basado en la autoridad que otorgan la constitución y las leyes. Sino una estrategia de simulación y demolición” (…),

Ha sido una progresiva y sistemática demolición de las instituciones, otrora, pilares del desarrollo nacional. A saber: educación, sistema de salud, empresas básicas de Guayana, servicios públicos, empresas privadas y la joya de la corona, Petróleos de Venezuela (PDVSA).

Una verdad irrefutable, del tamaño de un templo, pero  que pretende pasar desapercibida. Que bajo la tiranía, se convierte en discurso de odio penado por ley.

O como bien lo apunta  la politóloga española Pilar Almagro, en su visitado canal de Youtube: “Es una cultura que primero relativiza la verdad, lo necesita hacer, para luego legitimar la mentira” (…).

La presentadora Almagro, apela a las sabias lecciones de la historiadora Hannah Arendt, sobre los “Orígenes sobre el Totalitarismo”, para aclarar, “que no es una dictadura más, es algo nuevo porque aspira a dominar totalmente al ser humano, incluso, en su capacidad de pensar”.Tal como estaría pasando en Venezuela.

Adiciona, que Arendt es mucho más punzante, cuando expone: que “El sujeto ideal del totalitarismo, no es el nazi convencido, sino el hombre para quien ya no hay distinción, entre verdad y mentira”. (…).

¿Y dónde estamos hoy en Venezuela? Se criminaliza la opinión crítica de las Ongs, y de los adversarios políticos, bajo leyes de odio y del fascismo. Se reescribe la historia nacional. Se replica el lenguaje inclusivo de la izquierda internacional y cultura Woke, lenguaje que la tiranía ha oficializado, para que su poder se sienta más resonante, en todos los órdenes.

Para nadie es un secreto, que las regulaciones abusivas, las persecuciones políticas, el acoso tributario a la empresa privada, la carencia de un salario real, la ausencia de empleos dignos, siguen haciendo la vida imposible a los venezolanos.

Un verdadero caldo de cultivo, para que el régimen avance con las leyes comunales, la consumación  definitiva del estado totalitario, y la aplicación por todo lo alto, de relativización de la mentira, para que la única verdad que prive, sea la del  “Papá Estado”.

Es el lenguaje inclusivo, que nos proveerá, de “un cargo público, en lugar de ser, una carga pública”. “Una batalla cultural donde nos estamos jugando los valores de nuestra patria y de la civilización”(…)

Con información de Pilar Almagro.@pilaralmagro

ezzevil34@gmail.com

 

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