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Pedro Mosqueda: Disparen a matar

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Jueves por la tarde. Llueve sobre Caracas, y yo llego corriendo al Centro Cultural Chacao. Se me cae la cédula. Voy a ver un concierto de Elisa Rego con Frank Quintero.

Mientras, sigue la conmoción en las redes sociales por la suspensión del 21° Festival de Cine Venezolano en Margarita. ¿Quién es el culpable? ¿Quién mató el festival?

Todo el mundo despotrica contra el demandante por ante la Fiscalía, el director de la película Hotel Houffer, Christian Wagner Canache Aguiar, y le acusan de haber acabado con la cita cinematográfica más importante de nuestro cine allá en la isla.

Yo, como político en la reserva y como cinéfilo apasionado, me huelo una trama secreta y un asesino insólito, como en un libro de Agatha Christie cualquiera.

Me había resignado a la idea de que nunca lo sabría, hasta que lo vi a él, un vieno amigo, vestido con una elegante chaqueta crema, camisa azul claro, jean y zapatos Clark’s. Se tomaba un expresso en el Café del Centro Cultural, antes del concierto, mientras miraba los mensajes en su iPhone de última generación. Los tiempos cambian.

Lo entrompé. No lo iba a dejar escapar, se echó a reír.

-Tú sabes la verdad- le dije.

-Cada quien escoge lo que cree que es verdad y le sirve para vivir – me respondió.

-¿Por qué el gobierno suspendió el festival de Margarita?

-Corrección. El gobierno no suspendió el Festival. Lo suspendió su directora, Karina Gómez Franco.

-¿Por qué lo hizo?

-Pregúntale a ella. Tienes su número de teléfono en el chat de Circuito Gran Cine.

-No me va a responder, ella no me conoce.

-Ten por seguro que ella lee tu columna Domingo Kultural, que es muy buena, y que siempre lo pone a uno a reflexionar.

-¿Por qué estos tipos sacan esta demanda justo ahora?

-Pedro, ¿esto es una entrevista, un interrogatorio o qué?

-Es curiosidad humana – argumento yo.

-La Curiosidad Mató al Gato – me respondió.

En ese momento, recordé a mi apreciado compañero de aulas en el liceo José Luis Ramos de Maracay Rubén Darío Gil. Nos dejó una obra imborrable, entre teatro y poesía.

-Así se llama una obra de Rubén Darío Gil.

Un susurro mutuo, “Que en paz descanse…”

Seguimos.

-¿Por qué el tipo saca la demanda justo ahora? ¡Es que la vaina parece un guión orquestado desde no sé qué centro secreto de poder!

-Siempre hay secretos y hay poder en el cine, es un arma ideológica y cultural muy poderosa.

-¿Por qué justo ahora? ¡Dame una razón!

-En realidad esa demanda tiene tiempo cursando, sólo que ahora fue cuando se hizo viral.

-Dame letra, esta trama no comenzó allí.

-Es verdad. Uno de los detonantes fue la denuncia del Enrique Plata Ramírez, presidente de FUNDECEM, la fundación para la cultura del estado Mérida, ante el gobernador Jehyson Guzmán, el ministro de cultura y el Presidente del CNAC. Eso es de dominio público.

-¿Y en qué se basa la demanda?

-Pedro, tú eres abogado. Tú sabes que todo demandante procede porque siente o cree que sus intereses han sido perjudicados.

-¿Cuáles son esos interses perjudicados? ¡Tú también eres abogado, como yo!

-La verdad es que son intereses colectivos, lo que se llama intereses difusos: acusa a la directora del Festival, durante su última edición en Mérida hace dos años, de supuesto fraude, supuestos actos de corrupción, e incitación al odio y la violencia.

-¿De dónde saca argumentos para eso?

-Bueno, es que FUNDECEM había declarado el festival patrimonio cultural de Mérida, y de repente se lo llevan a Margarita. El Presidente de FUNDECEM habla de usurpación de funciones. Dice que el gobierno de Mérida financió parte de ese festival con recursos como alojamiento, comida, transporte, seguridad, para los invitados a Mérida, gasolina regulada, paquetes turísticos… Y se lo llevan, así de simple, a Margarita.

-¿Entonces es una maniobra para apoderarse del festival?

-¿Qué quieres que te diga? Hasta ahora no sabemos exactamente si el festival le pertenece a Karina Gómez o es patrimonio del estado Mérida. ¿Ves lo que te digo cuando hablo de factores de poder?

-¿Tú qué opinas de eso?

-Yo me estoy tomando un café cerrero, cargo con casi tres horas de carretera. Mi mujer y yo venimos de Valencia a ver este concierto.

-Dime la verdad, tú conoces el monstruo por dentro.

-Creo que el festival es patrimonio del cine venezolano, y que tenemos que cuidarlo, porque está en peligro, así como el cine venezolano está en un punto de quiebre en estos momentos.

-Ven acá, ese tipo acabó con una cita a la que acudían directores, actores, productores. ¡Tienen razón al caerle encima!

-Si ya lo sabes todo, no sé para qué me preguntas.

Yo me eché a reír, entendí que realmente sí había un tramojo raro, que no me quiero perder.

-¿Qué sentido tiene que un tipo acabe con un festival donde pueden acoger incluso su película?

-No lo sé, Pedro. Eróstrato quemó el templo de Artemisa, que era una de las siete maravillas de la antigüedad, sólo para que su nombre quedara en la historia.

-No me parece suficiente, tiene que haber algo más… Algo así como Disparen a matar.

-Por mí, será suficiente por hoy…

En ese momento sonó el timbre del teatro, llamando a la función. Al fondo, apareció la esposa, me saludó desde lejos cuando me reconoció. Entramos al concierto.


Maravilloso concierto; Elisa y Frank Quintero mejor que nunca. A la salida, tenemos un cóctel, sangría Caroreña y un ron de Carúpano, buena cepa.

Veo a mi amigo, hablando por el celular. Aprovecho que su esposa se acercó al stand de una reconocida marca de maquillajes.

Le llevo en la mano un buen ron Carúpano, a ver si funciona como el suero de la verdad.

-Este truco no va a funcionar conmigo, Pedro.

-Es mi deber intentarlo.

-Deja la vaina como está. Hacía falta un chivo expiatorio, y terminó siendo Christian Canache. Karina ahora es una heroina, eso no está mal, y el cine venezolano tiene que seguir adelante, si es que aprendemos la lección.

-¿Hay una lección secreta?

Mi amigo se echa a reir. Se toma su cubalibre de un largo trago, y me mira cómplice.

-Andrea está en la cola de la belleza. Tienes 5 minutos antes de que regrese.

-La persecución contra el cine venezolano, el hostigamiento…

-Para eso no me necesitas a mí, eso está corriendo en todas partes.

-Por vida de Dios, como dicen los personajes de Fuenteovejuna, ¿Quién fue el que mató el festival?

-La polarización política, Pedro, que llega a todos lados. El cine venezolano se había salvado hasta ahora, pero las aguas se siguen dividiendo, y los cineastas están en el medio.

-¿Fue Canache el que mató el Festival?

-Tal vez Canache fue un detonando, pero ella decidió suspenderlo, y creo que hizo bien.

-¿Cómo así?

-Los patrocinantes se espantaron, los hoteles, el circuito de cine.

-¿Por la demanda de Canache?

-No. Ese es el tonto del pueblo. Se ganó una nefasta memoria, es un Eróstrato venido a menos.

-¿A qué le tenían miedo como para suspender el festival?

-Aparte de la espantada de los patrocinantes, al componente “incitación al odio”.

-¿Por una película majunche, como dicen todos los que la han visto?

-No, por otra película, muy peligrosa para el Festival.

-¿Cuál?

-Una Pauta Peligrosa. Muchos creen que fue financiada por Alberto Fedrico Ravel, y que se cocinaba su triunfo como mejor largometraje documental.

-¿Qué tiene eso de malo, son presunciones?

-Si dices en una película que el Presidente es narcotraficante y terrorista, pues tienes que asumir las consecuencias. Aquí y en Francia o USA.

-Ah, pero bueno…

-Si quieres convertir el Festival en una guarimba, como pasó en Mérida con la película Simón, es tu riesgo. Pero pones en peligro todo el cine venezolano.

-Vi dos veces Simón, y es el colmo calificarla de película terrorista. Dime ahora…

-Simón fue una campaña publicitaria bien armada. La película tuvo 120.000 espectadores en las salas. Pero ahora, con ese documental, la cosa es diferente.

-¿Por qué el Festival y ese documental ponían en riesgo el Cine Venezolano?

-Porque viene una reforma constitucional, una reforma de la Ley de Cine, y el CNAC, el último instituto autónomo que nos queda, puede perder su estatus de autonomía. Y ese estatus le ha costado a los cineastas años de lucha, de comprendernos, de pasar por encima de nuestros intereses personales y ponernos de acuerdo a duras penas en torno a los temas de interés común. Si cambia el estatus del CNAC, se pone en riesgo la más importante fuente de financiamiento público para nuestro cine.

-¿Ella pensó eso?

-No lo sé, pregúntale tú. Ella aparece como una perseguida, y esa es una salida bastante elegante. La otra no me gustaba para nada.

-¿Cuál otra?

-Tener que pararnos delante del TSJ con una pancarta que diga “Libertad para Karina Gómez.” ¡Y habría que hacerlo si ese escenario ocurría!

-¿Esa fue la jugada del gobierno?

-Hasta ahora, el gobierno no ha movido ni un dedo, Pedro no inventes. Todas estas actuaciones han sido responsabilidad de los cineastas, un bufete, las redes sociales, la Presidenta del Festival, los patrocinadores. Ellos no querían que sus hoteles ni sus salas de cine se convirtieran en otra guarimba, con gritos, insultos, y todo lo que se vio en Mérida la última vez. Malo para los negocios.

-¿Qué podemos hacer?

-Seguir adelante, Pedro. Se puede correr el festival para septiembre, se puede hacer el año que viene otra vez. ¿Dónde? ¿Con qué parámetros? Eso dependerá de los cineastas.

Su teléfono comienza timbrar.

-La esposa, ya salió del tocador y no me encuentra. Si me demoro, se pone furiosa. Nos vemos por ahí, Pedro, como dices tú.

Abrió su elegante paraguas color durazno y se fue hacia la entrada del Centro Cultural; al fondo, ambos lanzaron un último saludo volao. Se fueron abrazados, protegidos por el enorme paraguas, caminando bajo la noche caraqueña.

Me quedé pensando y dije para mis adentros: “A estos tipos les incomoda que algo funcione, todo lo quieren intervenir y además para volverlo mierda.”

Disculpen, son los efectos del ron.

Nos vemos por ahí.

 

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