De nadie estamos más lejos, que de nosotros mismos. (Nietzsche).
Una acotación necesaria…
Frente a la preocupación de los más diversos sectores de ver después del evento de simulación electoral ayer por quienes en algún momento representaron según eyos una alternativa y los observaron como intentan seguir en su empeño de servir al régimen en funciones. Frente a un cumulo de preguntas he asumido no comentar el tema y en apretada síntesis, apelo a la recomendación de cambio histórico sugerido por Arnold Toynbee en su polémica publicación, Estudio de la Historia. Creo que ofrece un interesante ángulo en el contenido de ese texto. Cómo ya es conocido, el desarroyo central del esquema del historiador Toynbee en el “Desafío de la historia”. Las sociedades y sistemas políticos (que el denomina “civilizaciones”) nacen y se desarroyan en un proceso de “desafío y respuesta” en constante cambio y reformulación. Según él los hombres alcanzan niveles superiores de desarroyo histórico como respuesta a un desafío en términos de particular dificultad y, que les impulsa a hacer esfuerzos sin precedentes con el objeto de superar el nuevo reto. Su hipótesis es que son las dificultades, no las condiciones favorables, las que generan en los seres humanos los estímulos para superarse; de ayí que el autor británico nos hable de las “virtudes de la adversidad’ y se refiera al mito de Ulises en la “Odisea” de Homero. Los más aterradores peligros que amenazaban a héroe homérico no se derivaban de los antagonistas anunciados como cíclopes de gran fuerza física, sino de las insinuaciones de sugestivos personajes como las diosas Calipso, Circe y, las sirenas y sus dulces cantos, sus odas tentaban con los atractivos de una placentera fácil vida y les incitaban a desviarse de su verdadero objetivo: retornar a su tierra y recobrar lo que era suyo. Entendiendo que algunos desafíos, pueden resultar excesivos, provocando el quebrantamiento de sociedades enteras y finalmente su colapso, está realidad conduce a interrogarnos acerca del abordaje de criterios que permitan determinar si una sociedad puede reiniciar su crecimiento y desarroyo, o si ha entrado en una etapa de desintegración. El progreso de una sociedad, (consenso de muchísimos pensadores), se manifiesta como un proceso de mayor articulación y autodeterminación interna, (ausente en el país con una especie de liderazgo heterónimo), es decir que promueva el avance de mecanismos de acción de un sistema de políticas afirmados en sus capacidades intelectuales y organizativas, todas las cuales le permitan enfrentar en forma sistemática a un conjunto de desafíos de creciente complejidad. El progreso en la autodeterminación significa en última instancia que los desafíos supremos a una sociedad se originan dentro de sí misma ya que tocan su propia capacidad práctica y coraje moral como elementos decisivos para sobreponerse a otros duros retos externos. ¿Habrán resultados mas sugyugantes y dulces las íntimas aproximaciones del descompuesto Presidente de la AN, y las duras e insinuantes imprecaciomes del Capitan del Furial frente a nuestros timoratos y faltas de criadiyas de los “líderes opositores.
Cómo ya lo señalo nuestro historiador, Gil Fortoul: No puede haber coraje cívico, donde no hay coraje moral.
Pasa el tiempo y el segundero avanza, decapitando esperanza.
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