La historia no da tregua. En Venezuela, la realidad exige acción: la unidad de la oposición no es opcional, es un mandato del pueblo que resiste un régimen autoritario. Dirijo estas palabras a la dirigencia, nacional y regional, con un mensaje claro: el tiempo apremia, la división nos debilita; el diálogo, entre la dirigencia de la oposición, es innegociable.
Hablar en un sistema que reprime es arriesgado. Lo sé. El régimen vigila, persigue, castiga, silencia. Pero el pueblo, que enfrenta la adversidad con dignidad, no pide perfección; exige esfuerzo. ¿Podemos llegar a un nuevo capítulo político—elecciones— sin un consenso que una a líderes, intelectuales, periodistas y ciudadanos? No. La victoria del 28 de julio de 2024, cuando Edmundo González Urrutia obtuvo el 70% de los votos frente al 30% de Nicolás Maduro, según actas verificadas por la oposición y reconocidas internacionalmente, demostró la voluntad popular. El régimen respondió con fraude, represión, cada día con mayor inquina. Esta es la urgencia que nos convoca.
La división opositora es una herida abierta. La agresividad en redes sociales entre quienes comparten el sueño de libertad revela decisiones no consensuadas. El problema no es disentir, sino no dialogar. ¿No pueden Corina Yoris, Carlos Blanco, Chuo Torrealba, José Guerra o Juan Requesens construir puentes? Por ejemplo. Seguir en trincheras separadas fortalece al régimen. ¿Cómo negociar con un adversario que ignora la voluntad popular si no logramos negociar entre nosotros que aspiramos a vivir en un país con democracia?
Hay antecedentes de intentos de unidad. Señalo uno, entre otros, el 28 de agosto de 2024, Bandera Roja, liderada por Gabriel Puerta Aponte, aliado de María Corina Machado, Antonio Ledezma y Leopoldo López desde 2014 y miembro de la Plataforma Unitaria, publicó un comunicado firmado por más de 500 académicos y dirigentes políticos, entre otros, Edgardo Lander, José Rafael Herrera, Héctor Navarro y Antonia Muñoz. Exigía “una unidad superior, amplia y popular, en defensa de las libertades democráticas, los derechos ciudadanos, la Constitución y la República”. No fue un gesto vacío; fue un llamado a priorizar la nación.
Los miles de presos políticos, símbolos de resistencia, nos interpelan. Las muertes de tantos jóvenes desde el 2014, nos gritan desde el cielo. Su sacrificio nos recuerda que la dispersión es un lujo que no podemos permitirnos. La unidad no es uniformidad; es un acto de madurez política, un reconocimiento de que el adversario está en el régimen, no entre nosotros. Alguien debe dar el primer paso: abrir el diálogo, demostrar voluntad. La historia cambia en horas cuando hay iniciativa, decisión y voluntad política.
Llegar fracturados a un nuevo evento político sería traicionar al pueblo. No se necesita un acuerdo perfecto, sino una señal clara de compromiso. La unidad es el camino para una Venezuela donde la justicia y la libertad sean realidad. La nación lo exige. Escuchemos su clamor. Actuemos ahora.

