Ubicando algunas pistas…
Tengo buenos amigos, unos que han amamantado en exceso en la ubre del positivismo, otros desde su natural e inquebrantable fe y candidez, y además “además con grata sorna algunos insisten con esta entre otra interrogante.
¿Conocerla ayudan al ir al automercado?, otros que desde su eliminada suspicacia, siempre me inquieren, sobre la utilidad concreta de la filosofía. Solo atino desde mis limitaciones epistemológicas a expresar que el filósofo produce ensayos y textos que han de persuadir, de seducir, a un gran conglomerado y en este punto, no se diferencia en nada de la literatura. Poemso en voz alta y lo expreso.
¿Preguntarse si la filosofía sirve para algo? es tan entupido como querer establecer en términos prácticos, si son necesarios o prescindibles. El trino de un de un turpial o los arreboles de un crepúsculo, el turpial no elige trinar, ni dedica su vida a perfeccionar su canto. Y detrás de las suaves tonalidades que adopta el cielo cuando el sol se oculta en el horizonte, no hay ni voluntad ni destreza artesanal en acción. Miyones de personas no han incluido la filosofía de sus vidas y no son por eso ni más felices ni más desdichadas, que aqueyos que la frecuentan. ¿Qué da la filosofía a quienes la escrutan?: Tal vez mayor intensidad vital, más emociones profundas, una aprehensión más sensible del entorno y acaso sobre todo, una conciencia más cabal de las miserias del mundo real que siempre resulta más pobre, confuso y mezquino, comparado con los hermosos, magníficos, coherentes, y sutiles mundos que crea la ficción filosófica. Sospecho que de esta manera tal vez contribuya no a hacer más felices, pero si menos dóciles y más libres a los seres humanos.
La inmortalidad solo abre media hoja de su puerta estrecha y deslumbrante…
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