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Rafael Sanabria Martínez: El séptimo Judas Consejeño

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Una de las tradiciones que con más amplia participación de la comunidad se celebra en los pueblos de Venezuela es la de quemar a Judas el domingo de pascua de resurrección. El Judas es un muñeco elaborado con tela y relleno de trapo y fuegos artificiales que harán explosión una vez que se produzca el ahorcamiento y la quema de la figura. Es costumbre vestirle con trajes, zapatos, sombreros, lentes, guantes y otros accesorios usados. Los preparativos de la ceremonia se inician con la elección de un personaje de la comunidad que por sus acciones sea considerado una amenaza para la colectividad y merecedora de burla e incluso de escarnio. Los lugareños preparan un testamento satírico que identifica al judas, resume su vida y sus faltas y expresa los últimos deseos del personaje, asignando supuestos bienes a miembros de la comunidad.

Esta tradición no dejó de vivirla El Consejo y durante muchos años constituyó una estampa del folclore ergológico, social y espiritual-mental, difundido en los nombres de: Francisco Mejías, connotado artista plástico y descollante expresión del ingenio casero, conocido en el pueblo como “El Negrito Mejías” y de Marcos Romero Pacheco, sobresaliente tractorista, quienes cada año, específicamente el sábado de gloria salían a recorrer las calles de nuestro pueblo para solicitar la colaboración monetaria con la cual  compraban ,los cohetes, la pólvora, la sal en grano, el alambre y la acostumbrada botella para los tragos de rigor. Estos dos egregios Consejeños se erigen promotores y difusores de una tradición que año tras año convocaba a la población a la plaza Bolívar a la escucha del célebre testamento y al disfrute de la inventiva personal de gran importancia en la hechura del muñeco. La tradición no estableció límite en ello, de modo que se recrearon muy renombrados personajes de la época.

En cierto momento de la historia patria decae la tradición, es cuando a ella llega por su rescate un grupo de lugareños que se dan a la tarea de revivirla para el disfrute sano y ameno de los pobladores. Son: Oswaldo Mendoza, Cruz Díaz (Crucito), Narciso Flores (El Mocho), Manuel García, Nicolás González (Hugo), José Ignacio González Delgado y Amado Eulogio González Delgado, ellos con su entusiasmo y alegría permitieron de nuevo el amanecer de la tradición popular y folclórica cada domingo de resurrección.

Este equipo promueve durante varios años la quema de judas, ritual de celebración pueblerina, que incluía bailes, música, actos culturales y bebidas alcohólicas. Recorrían el muñeco por las calles del pueblo y barrios, en vehículo, a pie o en una carretilla, sentado o sujeto por su séquito, quienes después lo subían a un árbol o poste para ahorcarlo antes de su quema.

Judas El Consejo Aragua

Pero en el año 1967 les correspondían confeccionar el séptimo Judas, como años anteriores se elaboró el muñeco, pero muchos mayores del pueblo y conocedores de la historia le habían anticipado a los miembros del comité promotor, que el séptimo judas se elaboraba más no se podía quemar. No obstante los organizadores hicieron caso omiso y prepararon todo para ese domingo de resurrección, cuando se disponían a leer el testamento redactado por Nicolás González (Hugo), en la voz del Negro Oswaldo Mendoza. Dos personas que para la época eran estudiantes universitarios crearon una confusión al lado del judas, donde se produjo un alboroto que terminó en tiros, para la época un escándalo, puesto que no era habitual escuchar disparos en la población. Lo que obligó al comité organizador a recoger el muñeco e introducirlo en el carro de uno de los promotores del evento(Narciso Flores),quedando las piernas de Judas fuera de la maleta, razón está que ocasionó un alborozo en los vecinos que gritaban: ¡Llevan un muerto!. De inmediato la autoridad del entonces Don Antonio Álvarez y actuando en función a su investidura pide refuerzo a la policía de La Victoria, deteniendo a los personajes que iban en el carro con el muñeco, quienes quedaron a la orden de las autoridades por averiguaciones. Posteriormente el grupo encargado de esta quema mantuvo en el baño de Manuel García (miembro del comité) a este famoso séptimo judas que no se dejó quemar aquel domingo de pascua.

Luego el comité solicita a la prefectura de La Victoria permiso para la quema del traidor, aceptando la solicitud, pero con la salvedad que su quema quedaba para el 19 de abril de 1967 a las 2:00 pm.

Este episodio histórico de la vida provincial de El Consejo dejó una moraleja, ya que los viejos del pueblo habían anticipado al comité, que el séptimo Judas no se quemaba. Cabe resaltar ante este hecho aquel añejo refrán: “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

En la historia Consejeña, el ritual de la quema de Judas, ha sido un acto de simbólica justicia popular, pues ha sido una oportunidad para expresar en tono burlesco las irregularidades en la actuación pública de políticos y funcionarios, además de resaltar cualidades de ciertos personajes, pero siempre con el debido respeto a la condición humana.

De aquella pomposa fiesta pueblerina la memoria colectiva de El Consejo alberga un sin fin de recuerdos, expresados en aquellas célebres frases de los testamentos, los personajes que representaban al traidor, la muchachada curiosa que hurgaba en los escombros después de la quema y resultaban sus manos quemadas por algún cohete.

En la actualidad la magia y colorido de esta festividad ha sido sustituida por distantes y tímidos relámpagos de cohetes marchitos. Sirva la lección dejada por estos viejos consejeños, amigos de las cosas buenas, amantes de las tradiciones, para que la nueva generación que se forja parte en sus senos un rayo de vida a la tradición del domingo de pascua de resurrección, que más que una fiesta popular o tradicional fue historia, ingenio, donaire y hermandad.

 

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