Funcionalidad histórica
La desinformación, desde hace centurias, ha sido utilizada con una finalidad diversa: Buscar minar la confianza pública en las Instituciones, distorsionar hechos, hacer que se perciba la realidad de una determinada manera o atacar la personalidad o la moral de cualquier personaje, sea del ámbito público o privado. La desinformación, ha sido característica de la comunicación humana desde los tiempos romanos, concretamente en el año 41 A.C. el general romano Marco Antonio, fue blanco por parte de su rival político, Octavio, de una campaña de descrédito, con el fin de arruinar su reputación, tratándolo de mujeriego, borracho y además de ser títere de Cleopatra, nada nuevo en relación a nuestros días.
Modernamente el italiano Benito Mussolini, conocido históricamente como el “Duce”, fue primero que militar, director del periódico “El Pueblo de Italia” de corte fascista, en el año 1914. Este personaje, según algunos historiadores, tenía muy arraigado el poder de la propaganda en los medios de comunicación, para influenciar a la opinión pública. De la misma manera, el nazismo también se inspiraba muchísimo en esa estrategia comunicativa, difundiendo ideas e imágenes negativas sobre los judíos, y resaltando las fortalezas de ese régimen político.
Internacionalización
De acuerdo con diferentes fuentes históricas, la palabra desinformación comenzó a volverse internacional en la década de los años 50, cuando fue usada como táctica por agencias de inteligencia, como la CIA de Estados Unidos y el Servicio Secreto de Inteligencia de Reino Unido. La palabra, que se había diluido en el tiempo, reapareció hacia la segunda década del siglo XX, en Rusia, denominándose –dezinformatsiya-, para hacer alusión con ello al departamento de propaganda negra de la KGB, que se encargaba de todo lo relativo a la seguridad, al espionaje soviético y al manejo de información, concluida la primera guerra mundial.
Efectos
En nuestros días, la información falsa o engañosa tiene la influencia para provocar entre otras cosas, intensas reacciones emocionales que llevan a la gente a compartirla, sobre todo entre sus grupos o amistades, sin investigar muchas veces la veracidad de la información recabada en cualquiera de las redes sociales que se usan más cuando se forma parte de grupos tribales, que, con tal de oír, ver o leer, una información de su preferencia la cree, aunque después sufra una decepción o desmotivación en su actitud de lucha. Todo lo anterior, generará también, según expertos, desconstrucción del dialogo social y divisiones.
Desinformación ante el resultado electoral
En el caso concreto de nuestro país, luego del evento electoral del 28 de julio, la diseminación de la desinformación o manipulación de la verdad, se ha posesionado en una de las trincheras políticas, para más señas, la perdidosa, quien sin enseñar los resultados contenidos en las distintas actas de escrutinio, a pesar de las oportunidades que ha tenido, se ha inventado un número de votos, que no han podido ser corroborados o han calificado de falsas las actas de escrutinio que los condenan a la derrota, intentando provocar en el ánimo de mucha gente, confusión, o desánimo, tergiversando una realidad, que fue pública y notoria. En ese orden de ideas, también el uso del internet y de las redes sociales, han multiplicado los riesgos de la desinformación.
En tal sentido, se han difundido contenidos fraudulentos y faltos de ética, que son creídos y compartidos con facilidad, mientras que las noticias contra ciertos líderes políticos, son regularmente malentendidas, no obstante, la cuestionada reputación de quienes las emiten, y a pesar de ello, son compartidas como noticias verdaderas, sin excluir de este comentario a las falsas identidades cibernéticas, que aunque ficticios e intrascendentes algunas veces, logran su cometido de engañar o confundir, con la consecuencias emocionales, para quienes son sus víctimas.
¿Hacia dónde se dirige?
Percibida la realidad de esa manera, se ratifica que, la desinformación busca explotar vulnerabilidades emocionales en las personas, con el objetivo de desmotivar la participación ciudadana en los espacios políticos o electorales, dado que, algunas de ellas, pueden no tener la fortaleza psíquica o espiritual, para seguir afrontando esta larga y difícil lucha. Desafortunadamente, cuando ello ocurre, se habla de que el Gobierno, alivia la presión social y puede incluso llegar a obtener ventajas políticas, como seguir minando valores democráticos por los que se han venido trabajando o con sus “trolls” extender una nueva narrativa para intentar cambiar nuestra realidad.
Lo novedoso de la actualidad, son las redes sociales, pero además existe lo que algunos académicos llaman el “consumo incidental de información”, lo cual implica que, cuando una persona está manipulando su teléfono, le puede aparecer un contenido con aparente forma de información, pero muchas veces, es en realidad, la fabricación de contenido que alguien hace, para ganar dinero o poder, como es el caso de los medios públicos del país, que bajo el formato de avances informativos, presentan durante un largo tiempo, actos políticos del partido gobernante.
Ahora bien, lo que sí resulta evidente, es el poder destructivo que tiene la desinformación sobre la psiquis y el ánimo de las personas, en el proceso de recuperación de la Democracia, que tal vez, por falta de reactivos vigorosos, resulta más vulnerable y afectada que otros sistemas políticos, que usan la desinformación como política de Estado, para someter a quienes propagan una sociedad abierta, con base en la libertad, la justicia y la tolerancia, desde las redes sociales, contenidos que por lo demás, van a tener la correspondiente contradicción con información falsa o tergiversada.
Desinformación tribal
De otra parte, si bien la tecnología nos ha acercado rápidamente a mucha gente y grupos de distinta naturaleza en el mundo, los estudios sobre esta materia rebelan que, las personas siguen a otras o grupos que les interesan, debido a la afinidad de temas que abordan u opiniones parecidas que emiten por las redes, sobre todo por WhatsApp. Por eso, una de las recomendaciones, de lo que hoy en día, se conoce como el “mundo de la alfabetización mediática”, es decirle a la gente que una manera de protegerse contra la desinformación, es tener un consumo informativo variado.
Se debe recordar también que, a diferencia de los medios de comunicación tradicionales, en las redes, no se requiere contrastar contenidos, lo que hace que estos nos lleguen casi al instante, muchas veces antes que las informaciones de radio, la televisión o la prensa, se hagan eco de las mismas; así temprano diariamente podemos recibir información, a través de familiares, amigos o conocidos, con lo cual tendemos a darle más credibilidad y, de paso, a reforzar nuestras propias creencias y deseos, y las de nuestros allegados, sin verificar nada aunque luego vengan las decepciones, por creer en deseos nada más.
La necesaria prevención
Ya al final de este escrito, debemos recordar que la batalla de la desinformación está en pleno desarrollo, las distintas noticias, opiniones o informaciones en curso, tienen un valor que va más allá, de lo que tenemos ante nuestros sentidos; como ciudadanos estamos obligados a estar atentos frente a las mismas, es tiempo de dar rienda suelta a nuestras convicciones democráticas, a la capacidad y fortaleza de nuestros propios principios y, como señalaba el periodista inglés Matthew d’Ancona, entre sus recetas contra la desinformación, a buscar la verdad en la vida pública, lo cual hoy en día, es una gran responsabilidad ciudadana, que exige también esfuerzo y estudio.

