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Óscar Martínez: Nayib Bukele a migrantes, serán traicionados cuando lo necesite

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A estas alturas, continuar retorciéndonos en leguleyadas es jugar el juego del trumpismo y el bukelismo, aparentar que hay debate cuando lo que hay de ese lado es demagogia y mentira, y lo que hay del otro lado es evidencia. La información está disponible para quien quiera enterarse, para quien analice con la razón y no con el sentimiento: el migrante salvadoreño Kilmar Armando Ábrego García no debería estar preso en la megacárcel salvadoreña de Nayib Bukele. No hay pruebas de que sea miembro de la Mara Salvatrucha-13 ni tampoco terrorista. No ha sido condenado ni en Estados Unidos ni en El Salvador. Hay evidencia en procesos administrativos estadounidenses de que era un migrante y un trabajador, que huyó de su país y que fue enviado en un vuelo a una cárcel salvadoreña sin razón alguna, y que fue insultado como terrorista, en inglés y español, por dos presidentes y sus serviles voceros.

Etiquetar el encarcelamiento de más de un mes de Ábrego en una cárcel que se vende al mundo como una mazmorra para terroristas continentales tampoco es tan difícil: es ilegal, es un secuestro, es cruel. Debe castigarse a alguien por ello. Hoy. Después. En algún momento. Cuando se pueda.

Resolver aquello que el trumpismo vende como un complejo dilema técnico -el retorno de Ábrego ordenado por un juez estadounidense- tampoco es difícil. No nos engañemos: si esta mañana Trump exige a Bukele que le devuelva a Ábrego, el salvadoreño estaría en un vuelo hacia Estados Unidos esta tarde. Bukele, en este tema de recibir presos, ha dejado claro que está al servicio absoluto de Trump. Hemos empeorado el lugar común: ya no somos el traspatio de Estados Unidos, somos su cárcel.

El debate internacional, como suele ocurrir cuando el apellido Trump está en el medio, continúa esencialmente circunscrito al acontecer estadounidense. Que si Trump puede devolverlo, que si un juez puede obligar a Trump, que si los ciudadanos de aquel país deberían preocuparse de que les ocurra algo similar.

Pero en medio de todo esto hay un mensaje tan contundente como la ilegalidad del encarcelamiento de Ábrego, un mensaje que sale de la mismísima Casa Presidencial de El Salvador, y es para los millones de salvadoreños migrantes en Estados Unidos: el presidente Bukele está dispuesto a venderlos como moneda de cambio. A ustedes, los que llegaron a ese país sin permiso de nadie para mejorar sus vidas y las de sus familias, Bukele los convertirá en terroristas cuando Trump se lo pida. Y los tratará como tal.

La diáspora salvadoreña en Estados Unidos es de alrededor de dos millones de personas, según diferentes estudios, y se calcula que casi mitad aún está indocumentada. Es decir, que la mitad, al igual que el ahora recluso Ábrego, entró o se quedó en el país sin permiso de nadie.

En 2024, cuando Bukele fue reelecto violando cuatro artículos de la Constitución, alrededor de 200.000 de esos migrantes votaron por él desde algún punto habilitado en Estados Unidos. Bukele arrasó entre esa población, con más del 95% de los votos. Para votar, solo se requería el Documento Único de Identidad salvadoreño y ningún papel estadounidense. Los migrantes lo eligieron. Los indocumentados lo eligieron. Si el ahora recluso Ábrego votó en esas elecciones, es casi seguro estadísticamente que haya votado por Bukele.

A veces, da la impresión de que rematar cierta información es un acto innecesario, pero en esta ocasión, y sumergidos en un tema tan pasional, vale la pena hacerlo: si usted es migrante en Estados Unidos -tenga papeles o no-, si usted es solicitante de asilo en Estados Unidos, sin importar que no tenga ni una condena por ningún delito ni allá ni en su país, el presidente Bukele, al que probablemente usted ha defendido, votado y aplaudido, está dispuesto a llamarle terrorista y recibirlo en su megacárcel si Trump se lo pide. Si aún no lo cree, deje de lado sus pasiones, busque la evidencia y lea sobre el caso del migrante Kilmar Armando Ábrego García.

 

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