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Jesús Alberto Castillo: El modelo político ya no es sustentable

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Un país destrozado moral y económicamente es el resultado de un modelo político que ha gobernado por más de 26 años. De aquella nación democráticamente estable y prometedora en desarrollo humano no queda nada. Hoy todo es pobreza, hambre, corrupción, autocracia y control social.

El chavismo acabó con el país. Las oportunidades se esfumaron y generaron una de las peores estampidas de connacionales que se desafiaron las peores adversidades en busca de mejores condiciones de vida. La figura de Nicolás Maduro no vale un centavo y mientras permanezca en el poder la sombra de la miseria seguirá reinando.

Ese modelo que cautivó a una inmensa cantidad de venezolanos en 1998 colapsó. Su máximo líder no está en este plano y su legado ha desaparecido por obra y gracia de los que hoy gobiernan. Es muy poco de lo que se puede esperar de ese modelo. Ni inversiones ni empleo, sólo mayores calamidades para un pueblo que ha sido burlado en sus aspiraciones.

Sin embargo, el modelo está allí reinando por la torpeza de una oposición que no ha estado a la altura de las circunstancias. Una dirigencia política fragmentada en sus propios intereses, promotora de una polarización enfermiza y tutelada por la Casa Blanca. No ha entendido que la salida de este modelo pasa por una estrategia consensuada, la cual involucre la mayor cantidad de voluntades internas en el país, incluyendo a sectores disidentes del fracasado modelo.

Es un asunto que debemos resolverlo los venezolanos que estamos aquí y no atendiendo a políticas externas que se convierten en fórmulas mágicas que sólo sirven para atornillar en el poder a los jerarcas de ese colapsado modelo. Repetir políticas de “mayor presión” para Venezuela, lejos de imposionar el modelo, lo que hace es darles elementos a los autócratas para justificar más acciones de “austeridad” y “sacrificio” ante el pueblo. La culpa es del imperio,  el gran enemigo externo.

Pareciera que a muchos le cuesta entender eso. Las sanciones económicas no ayudan a nada al oprimido pueblo venezolano, más bien lo condenan a mayores penurias. Mientras tanto, los jerarcas de turno viven a todo dar y sacan ventaja política de esas circunstancias. Pareciera paradójico, pero es la cruda realidad. Los resultados están a la vista. Este modelo anacrónico ha tomado oxígeno cuando se han acentuados las sanciones desde afuera.

¿Cuál es el reto, entonces? Romper con ese esquema de hacer política para salir de este colapsado modelo. El país requiere de un liderazgo que llame a la reconciliacion de los venezolanos, no que incentive la polarización. Un referente político que no renuncie a la ruta electoral, aún en las condiciones adversas. Actores sociales capaces de buscar hilos conectores con otras fuerzas para converger en una transición política, garante de un nuevo proyecto de país inclusivo, tolerante, meritocrático, plural, emprendedor e innovador. Hay que dar el paso y atrevernos.

 

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