La macrodevaluación del bolívar registrada en las últimas horas, donde el dólar paralelo sobrepasó los 100 bolívares ha generado opiniones contundentes entre los economistas venezolanos. Este fenómeno, calificado como un «martes negro» por expertos, refleja la gravedad de la crisis económica que enfrenta Venezuela.
Manuel Sutherland, economista y director del Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO), explicó a TelocuentoNews que “la macrodevaluación de los últimos días en Venezuela obedece, fundamentalmente, a tres factores”.
Según Sutherland, el primer factor radica en años de sobrevaluación del tipo de cambio, durante los cuales el gobierno amplió la base monetaria (BM) (desde diciembre de 2022, la BM aumentó en más de 800 %) y luego retuvo artificialmente el tipo de cambio mediante la venta de divisas en el mercado oficial a precios bastante por debajo del valor de equilibrio, es decir, precios que no reflejaban enormes incrementos en la masa de bolívares circulantes, que presionaban la demanda por divisas.
En segundo lugar, señaló que la caída en las ventas de divisas por parte del Ejecutivo (PSDVA) y las empresas transnacionales, ha acelerado un ajuste cambiario que debió ocurrir hace tiempo. En el mismo período de 2024, aproximadamente los tres primeros meses del año pasado, se había vendido casi 40 % más de divisas en el mercado cambiario, para tratar de artificialmente frenar el ajuste cambiario. En 2025, con menos divisas a ofertar y una masa de bolívares que casi duplica a la que se tenía el año pasado, es normal que la demanda desborde a una oferta disminuida y el precio aumente.
Finalmente, Sutherland destacó que, además de estos factores, las expectativas de devaluación entre los grandes agentes económicos han promovido una rápida movilización para deshacerse de la moneda local y adquirir divisas, lo que refleja la falta de confianza en la capacidad del gobierno para estabilizar el tipo de cambio. Aunque la eliminación de licencias y la sobre tasa de 25 % de impuesto al petróleo venezolano no han sido aplicada aún, es de entender que ello genera expectativas muy negativas en la economía, es decir, los agentes económicos infieren que la oferta de divisas disminuirá bruscamente (Chevron sola vendía cerca del 45 % de las divisas del mercado nacional) y por ello tratan de deshacerse muy rápidamente de grandes stocks en bolívares, buscando una moneda estable en la cual refugiarse y defenderse de la devaluación esperada.
Expectativas económicas: Inflación y devaluación
En cuanto al impacto futuro, Sutherland advirtió que, si esta tendencia continúa, Venezuela podría enfrentar una inflación de tres dígitos extremadamente alta, incluso, podría triplicar las estimaciones técnicas iniciales de entre 100 y 120 %, calculadas en un contexto menos adverso donde se creía que iba a continuar la expansión de la extracción de petróleo y la política de licencias abiertas de la administración Biden. Bajo la égida de la Máxima Presión, propuesta por el presidente Trump, se espera que haya una escalada sancionatoria muy fuerte, que debilite al extremo la disponibilidad de divisas.
Además, subrayó que el gobierno no parece tener las divisas suficientes para defender un tipo de cambio tan bajo, o sea, tan sobrevaluado como el que tenía hace pocas semanas. La permanencia de una sobrevaluación tan fuerte es un cáncer para la economía. Dicha distorsión cambiaria destruye la escasa competitividad de los productos nacionales en el extranjero, estimula la importación de bienes terminados y atenta en contra de la creación de empleos productivos con mejores salarios en la diezmada industria nacional.
La enorme brecha entre el dólar paralelo y el oficial (BCV), que rozó el 48 % en un momento determinado, es gravísima, atenta contra la producción y el comercio formal, al causar graves pérdidas cambiarias en sectores que están obligados a vender al tipo de cambio oficial, pero que tienen que reponer inventarios a tipo de cambio paralelo. Ello licúa cualquier atisbo de ganancia posible y los puede sumir en pérdidas constantes que atenten contra el sostenimiento de sus negocios.
Otro asunto derivado, es la mal llamada “inflación en dólares”, que no es más que un reflejo temporal de la amplia distorsión cambiaria, que obliga a ciertos agentes a incrementar el precio de sus mercancías en divisas, para resguardarse de la perdida cambiaria al vender a un tipo de cambio bajo. Es decir, si deben vender al tipo de cambio oficial, suben el precio en divisas para obtener más bolívares y poder reponer inventarios o adquirir divisas en el mercado paralelo. Ello eleva los precios en divisas, reduce aún más las ventas, disminuye los ingresos y ralentiza la circulación del capital.
Asimismo, la crisis económica podría impulsar una nueva ola migratoria, debido al miedo que genera el regreso de la devastadora hiperinflación acaecida en 2017, y que el gobierno respondió con controles que sólo generaron una dramática escasez. Según Sutherland, las limitaciones políticas y económicas del régimen actual han llevado a muchos venezolanos a buscar oportunidades fuera del país. Por lo tanto, la presión tributaria, la asfixia crediticia, el estancamiento de los ingresos (más de tres años con una inflación acumulada, mayor de 550 % con un salario sin haber sido aumentado) y la falta de acceso a instrumentos financieros de apoyo, han creado un panorama económico desalentador para quienes viven de su trabajo honesto.
Anaisa Rodríguez – Noticiero Digital

