Somos miembros de una generación que se crió en las barriadas luchando con mucho esfuerzo para abrirse paso en la vida. Nuestros padres nos enseñaron los más genuinos valores como el respeto, la responsabilidad, el estudio, la rectitud y la solidaridad.
Tuvimos una infancia alegre, a pesar de los pocos ingresos familiares. Nos divertíamos con juegos tradicionales como la meta, el trompo, el papagayo, el salto de mula, las llantas y otras ocurrencias que nos trasladaban por ese mundo infantil, abrazado de muchas imaginaciones en la vida.
“Estudia, mijo, para que seas alguien en la vida y no una persona bruta como yo” era el cacareado consejo de nuestros padres y de las personas mayores, quienes se sacrificaban para que no nos faltara nada. Entre el juego y el estudio transcurrió esa infancia preñada de sueños. Leer hermosos cuentos y novelas, así como resolver difíciles ejercicios de matematica, física y quimica, fueron parte de los retos que asumimos más adelante en bachillerato.
Ya en las aulas universitarias nos obligaron a pensar de manera crítica y a interpelar hasta la propia realidad que nos abraza. Allí aprendimos que el conocimiento es un permanente ejercicio reflexivo, una interpelación donde desconstruimos los conceptos para volver a construir. Incluso, un acto de duda metódica donde cuestionamos a nuestros profesores.
El estudio fue sembrado como una parte esencial de nuestra vida. Un modo de echar hacia adelante, con sumo sacrificio y disciplina, para vencer en la vida. Al final, se convierte en gratificación personal, en un eterno agradecimiento a nuestros padres por habernos indicado el camino para alcanzar la luz y salir de las sombras.
Hoy, vemos con preocupación que se ha perdido valor al estudio. No hay calidad educativa y, lo peor, que hay personas que denigran del estudio como forma de vida. Es la sociedad a la que nos enfrentamos y estamos obligados a reivindicar esa hermosa tarea que significa estudiar en las nuevas generaciones. Aunque a muchos le parezca un asunto quijotesco, la libertad del ser está en el estudio. A través de él vence las sombras. Es la única manera para que un país salga adelante.

