Punto de quiebre.
Una Visión:
Hare unos comentarios sobre este ilimitado tema por exigencia de un buen viejo amigo y compañero de logros y truncos padre en el partido que vio desfilar sus mejores años, Acción Democrática, ayí se iniciaron sus travesías, de la mano de un viejo activista que con optimista entusiasmo los estimulo a participar, en lo que yamaban los martes doctrinarios, suscritos a la secretaria de doctrina y propaganda que por un buen periodo oriento junto a otros prohombres, quienes diseñaron y edificaron la estructura constitucional moderna de la República y que costo tanto a tantos, el inolvidable Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, hoy el grueso de nuestra generación conoce el aporte del orejón como se le yamo con cariño, logrando la consolidación de el proyecto de establecimiento de un sistema democrático y ese legado que hoy en esta hora menguada nos demanda. Quiero dejar claro que no tengo afanes epistemológicos, ni soy socialdemocratolo, ni gramatólogo, soy un activista político además relevado de mi militancia y frente a las graves carencias del discurso de quienes han pretendido asumir sin lograrlo la orientación de este tiempo me ha parecido saludable e interesante la observación de vaciado programático e ideológico y gramatológico, de los vagos recuerdos que conservo mi suegra que era orguyosa de recordar que en una primera etapa fue secretaria del Dr. David Morales Bello, quien le enseño cuidadosa redacción de los documentos, le decía que una acentuación o una coma mal colocada podía provocar la anulación de una ley inclusive, mi esposa egresada del antiguo Pedagógico, la consultaba permanentemente, y hoy cuando escucho o leo algunos de los conspicuos nuevos “lideres” del país, me embriaga una sensación que me cuesta describir.
Creo que es saludable comenzar antes por preguntarnos:
¿Qué es el lenguaje político?
En política se pretende, en esta etapa a veces de forma muy activa, la imposición de los conceptos terminológicos propios sobre los del adversario; o la denuncia de la imposición del lenguaje de los “dominantes” sobre los “dominados”, lo que deriva en la utilización del denominado lenguaje políticamente correcto. El mismo es un sistema de signos a través del cual los individuos se comunican entre sí. Estos signos pueden ser sonoros (como el habla), corporales (como los gestos) o gráficos (como la escritura). Por ejemplo, el lenguaje musical, el cual tiene un sistema de escritura propio.
El político es de corte argumentativo que postula ideas o razonamientos relacionados con proyectos políticos o sociales. Se dirige a un público determinado para incidir en su opinión y provocar cambios de actitud o despertar la sensibilidad de las personas ante un hecho o fenómeno que es de interés general.
¿Cuál es su finalidad?
Del latín discursus, un discurso es un mensaje que se pronuncia de manera pública. Se trata de una acción comunicativa cuya finalidad es exponer o transmitir algún tipo de información y, por lo general, convencer a los oyentes. Es inevitable que gravite sobre nosotros el viejo discurso español, ahora con matices anglosajones, especialmente en los cuadros políticos emergentes que han abrevado mayoritariamente en los tan publicitados papers.
El definitorio lenguaje de Bolívar…
A pesar de su indiscutida figura de lucido combatiente, resalta el distintivo, que compendia esas diferenciaciones como lo han afirmado algunos historiadores venezolanos, se denota que a pesar de particularidades como las que narráremos: en los lejanos primeros momentos del proceso de independencia, cuando un español nacido en La Rioja de Castilla la Vieja en 1759, que había arribado a Venezuela en 1781 y asentado en Mérida, en septiembre de 1810, se incorpora como miembro distinguido de la Junta Patriótica de Mérida, y perdida la República en 1812, se interna en las montañas de esa región hasta abril de 1813 cuando le reúne un contingente de 500 patriotas a Bolívar a su paso por ese terruño durante la Campaña Admirable, ciudad en la que por vez primera se le confiere el título de Libertador. A pesar de su origen español, la historia patria reconoce al Coronel Juan Vicente Campo Elías, amén de sus virtudes militares en las batayas de Niquitao, Los Horcones, el asalto a la fortaleza de Puerto Cabello, de Bárbula, de las Trincheras (dónde vengó la muerte de Atanasio Girardot), que en reconocimiento a sus arrojos el Libertador lo ascenderá a Teniente-Coronel, comandando el Batayón Barlovento, le infringe una severa derrota a José Tomás Boves en Sabana de Mosquitero, que lo obligó a refugiarse con solo 17 soldados en Guayabal al sur de dónde había sido vencido, volviéndolo a rendir en La Victoria, en apoyo a José Félix Rivas y sus bisoños estudiantes. Pero este extraordinario militar patriota se le recordará, entre otras cosas por esta frase: “Yo los mataría a todos y me degoyaría luego, para que no sobreviviera nadie de esta maldita raza”. ¿Cómo fue posible que un súbdito español se hubiese convertido en un férreo centauro? La explicación se constriñe al Lenguaje de Bolívar. Para tener una justa dimensión de la importancia de ese enunciado basta señalar que el caudal léxico del Libertador, se calcula en 16.000 voces, tomando en cuenta que el del conocido escritor y dramaturgo inglés William Shakespeare era de 15.000 y el del coronel Miguel de Cervantes y Saavedra, (el manco del Lepanto), el que nos enseñó a dialogar, autor de Don Quijote de la Mancha, era de 24.000. A través de ese Lenguaje expresó sus ideas de libertad que quedaron plasmadas en 192 Proclamas, 21 Mensajes, 14 Manifiestos, 18 Discursos, 3 Ensayos literarios, 1 Biografía del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, 3 Proyectos de Constitución y 2632 Cartas. Lo más sorprendente es que muchas de eyas fueron dictadas en forma simultánea y en diferentes idiomas a distintos secretarios.
De los más de 10.000 documentos, entre eyos el que acompaño su elocuente discurso conocido como “Mensaje al Congreso de Angostura” del 15 de febrero de 1819, que al ser analizado por la Universidad Mayor de San Marcos de Lima, les convence de otórgale el título de Abogado, el 3 de junio de 1826, en cuyo acto expresó ante las altas autoridades universitarias, magistrados, representantes del gobierno y de la iglesia: “Al pisar los umbrales de este santuario de la ciencia, yo me siento sobrecogido de respeto y temor, y al verme ya en el seno mismo de los sabios varones de la célebre universidad de San Marcos, me veo humillado entre hombres envejecidos…desnudo de conocimientos y sin mérito alguno, vuestra bondad me condecora con una distinción que es el término y la recompensa de años enteros al estudio”. Y lo más significativo de todo es que los más grandes estadistas, ciudadanos y militares de la independencia, en los que destacan Bolívar y Sucre, no pisaron nunca una universidad. Y menos mal, porque seguiríamos siendo hoy súbditos, de la corona española; comportándonos de manera similar a quienes escriben esas babiecadas como nos lo repetía (la negra Andrea de Caricuao), para decirlo en palabras del tiempo presente desde la visual de demócratas quienes no han podido distanciarse de la rémora de la monarquía española, pretendiendo darnos hoy admoniciones de cómo actuar, cuando eyos no ha tenido el coraje, revelando que le faltan criadillas, para acometer las gestas magnas ya maduradas en el seno de sus sociedades unificadas en eso que eufemísticamente se yama Republica de España, no como país, sino como resabio de una monarquía enhiesta, lóbrega, y parásita. España no conservó ninguna de sus colonias. En contrario, el Reino Unido que mantiene aún una cantidad importante de neocolonias, quizá en gran razón porque supieron interpretar, aunque de manera sesgada a William Shakespeare.
Estos “noveles voceros ya no tan jóvenes” no tienen mucho que adicionar ni esplender para este pueblo. Lo primero que deben hacer es recomponer su visión del país que está no solo desestructurada sino con manifestaciones de quebrarse. ¿Por cual razón si ese país está desatinado, no se consagran con coraje a buscar una vía que rescate su equilibrio? ¡Nadie puede convertirse en guía realidades sociológicas, sin acercarse en la suya a la búsqueda de definir su situación existencial!
La inmortalidad solo abre media hoja de su puerta estrecha y deslumbrante.
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