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Julio César Hernández: Arbitrariedades y migraciones

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El poder

La sabiduría popular siempre ha dicho que, si uno desea conocer a una persona, ello se logra cuando aquella obtiene poder, entendido el mismo como la posibilidad de estar al servicio de las personas, de resolverles problemas de diversa índole y principalmente tratarlas bien en su dignidad humana, sin importar distinciones de sexo, raza, origen o condición social,  lo que implicará para el poderoso, no ser tanto eso, sino humano, con capacidad para entender al necesitado o vulnerable, en el presente caso al migrante, que llega a sus tierras.

Reacciones a las migraciones

Particularmente en estos tiempos de globalización y crisis económicas, en donde grandes migraciones han arribado a Europa y a América, procedentes de distintas partes del mundo, sobre todo de África, Siria o Venezuela, tal fenómeno ha desatado distintas reacciones de ciertos Gobiernos, así como de sus poblaciones. En tal sentido, Polonia, Italia y Turquía y más recientemente Alemania y Estados Unidos, ahora se niegan a recibir o seguir recibiendo, migrantes, no así países como España, Francia y el Reino Unido entre otros.

Tampoco la América del Sur, ha escapado de esta dura situación migratoria, grandes flujos de venezolanos han llegado a Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina, entre los países más importantes, receptores de migración, a unos les ha ido bien y a otros no tanto, éstos últimos han tenido que enfrentar xenofobia, ambientes culturales diversos y en fin, diversos problemas, incluidas desavenencias con mismos venezolanos, lo que por supuesto ha generado malestar y decepción entre ellos mismos, al estar ausente el valor solidaridad.

En el caso venezolano, frente a la millonaria migración criolla, extendida hacia diversas partes del mundo, nunca el actual Gobierno, mostró preocupación para evitar ese éxodo a pesar de la separación casi que definitiva de miles de personas con las que dejaban en el país, incluso muchas de ellas, no han podido regresar a Venezuela por diversas razones; en ese sentido, son muchos los casos de largas y dolorosas ausencias familiares, ante lo cual la conducta del poder, fue negligencia e indiferencia, pues ni siquiera protección consular han tenido.

Orfandad diplomática

Y no han tenido protección diplomática, porque este Gobierno, por razones de fanatismo ideológico, ha roto sus relaciones internacionales, con países como Estados Unidos o la República del Salvador. Con el primero desde hace años, a pesar de la numerosísima colonia de venezolanos que allí residen, unos de manera legal otros lamentablemente de manera ilegal, por haber ingresado de manera subrepticia. Ese fanatismo ha hecho imposible un dialogo racional y serio en favor de los intereses de los venezolanos en el exterior.

Esa ausencia de relaciones diplomáticas, se nota ahora cuando el Presidente de los Estados Unidos, de manera poco cuidadosa por decirlo de algún modo, inició una campaña justa y justificada por lo demás, contra la banda criminal Tren de Aragua, originada en nuestro país, y cuya forma de ingreso al país del norte se desconoce, aunque existan algunas hipótesis al respecto, que terminó en una redada general contra muchos venezolanos, a los cuales contrariándoles las garantías universales del Debido Proceso, la Presunción de Inocencia y al Juez natural, los envío a cárceles salvadoreñas ubicadas en centro américa.

Silueta de la arbitrariedad

Esa decisión por supuesto que le ha venido generando inconvenientes al Presidente Trump, por ser racionalmente imprudente y hasta caprichosa, porque alegando haber sido votado por sus connacionales por millones, impuso su voluntad por sobre la normativa estadounidense que, considera a quienes ingresan ilegalmente a ese país, como infractores, no como delincuentes, lo que pudiese ocurrir, en el caso de que algunos de los deportados, intentasen retornar de nuevo a EEUU valiéndose de algún subterfugio ilegal. Incluso aplicó una normativa de finales del siglo XVII contra toda la migración, en especial la venezolana, sin distingo alguno.

Se activan actores de distintas maneras

Al respecto el Poder Judicial estadounidense, viene intentando garantizar que el Estado Democrático de Derecho funcione, lo que le ha significado un enfrentamiento público, con el Presidente Donald Trump, quien tildó de lunático al juez federal James Bausberg que había ordenado paralizar la masiva deportación a San Salvador, hasta que no se conocieran las razones de tan drástica medida que, materializaba una hiriente arbitrariedad en contra de venezolanos, que no tenían deudas pendientes de gran entidad con aquella justicia.

Por su parte, el gobierno venezolano, intentando sacar provecho de esta grave violación a garantías personales de orden universal, denuncia una violación de sus derechos humanos y en especial de sus Derechos a la Defensa y al Debido Proceso, lo cual en realidad no tiene valor alguno, ni en lo político ni en lo moral, dada la indiferencia de años hacia los mismos, lo cual pasó por negarles el derecho al voto y ser llamados despectivamente, limpia pocetas, denigrándose  así de sus trabajos dentro de Estados Unidos por el arrogante poder venezolano.

Para el colectivo social venezolano, esa insincera declaración gubernativa, sobre las improvisadas deportaciones al Salvador, resultaba oportunista en razón de los cientos de presos políticos recluidos en distintos centros carcelarios del país, justamente por no gozar de juicios justos, en donde se les aplaza sin justificación alguna sus audiencias, donde no puedan contar con abogados de su confianza, o comunicarse personalmente con sus familiares, todo lo cual podrá ocurrir en el Salvador igualmente, con los venezolanos inocentes que allá están desamparados de las garantías procesales previstas para esas situaciones.

Consecuencias de la arbitrariedad

Los caprichos del nuevo poder, han despojado de sus derechos individuales a los venezolanos que estaban amparados legalmente con el estatus de protección temporal y el parole humanitario, pues muchos de esos connacionales, habían cumplido con los requisitos exigidos por la administración Biden, por lo tanto, con esos documentos podían permanecer el tiempo permitido en ese país, que al serles revocados intempestivamente, se vulneró la protección y consentimiento que el mismo EEUU les había otorgado y que se había comprometido a respetar.

Ya para concluir, solo formulamos nuestros mejores deseos, para que prive la verdadera y brillante Justicia, o sea que, quienes sean inocentes sean puestos en libertad de manera inmediata, para que regresen a Venezuela y los que resulten culpables de delitos, mediante condena firme, paguen a la sociedad esos quebrantamientos. Para lograr tal cometido, debe prelar el sincero interés de los Estados involucrados en estos casos, por ese valor, al respecto me atrevería a señalar que, si hay delincuentes ahí, deben purgar sus penas bajo la legislación estadounidense infringida, o sea, en las cárceles de allá.

 

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