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Rubén Contreras: A 200 años de la Batalla de Ayacucho

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Quienes en algún momento hemos tenido la oportunidad de leer acerca de cómo se llevó a cabo la guerra de independencia en La América del Sur, hemos podido observar varias características de la misma, y se ha dado el caso que algunos autores, la comparan con hechos acaecidos en otras latitudes, como fueron las guerras en las que participaron Alejandro Magno, Julio César, Aníbal y hasta Napoleón Bonaparte. Obviamente que la guerra de independencia librada entre los indianos de nuestra América del Sur, contra las fuerzas que representaban a la Monarquía Española, tuvo un carácter épico, dada la singularidad de las acciones de guerra, ya que muchas de esas batallas libradas entre los dos bandos en pugna, en variados casos, no estaban planificadas, debido a que fueron encuentros entre los dos ejércitos, destacando por lo general, que las fuerzas representadas por los criollos americanos, en algunos de esos encuentros carecían de los pertrechos y del apresto militar para el combate, por lo cual nuestros escuadrones de caballería, utilizaban lanzas rusticas, las cuales en algunos momentos, eran mucho más largas que las utilizadas por las fuerzas realistas, con lo cual llevaban ventaja al encontrarse las dos fuerzas de caballería.

De  esa épica, recordamos la acción que realizó José Antonio Páez en Las Queseras del Medio, y a Simón Bolívar en la campaña de Nueva Granada, atravesando el Páramo de Pisba y acciones como la ejecutada en Pantano de Vargas, y también pudimos conocer que, gracias al Armisticio y Tratado de Regularización de la Guerra, firmado por Bolívar y Morillo, en  Santa Ana de Trujillo, el 26 de noviembre de 1820, Simón Bolívar tuvo la oportunidad durante los seis meses que duró el Tratado de ordenar sus planes y reorganizar las fuerzas criollas y escoger el espació de las Sabanas  de Carabobo, para librar la batalla de Carabobo, el 24 de junio de 1821.

Igualmente, después que el General Francisco Morales, recuperó a Maracaibo  en  1822, el General Manuel Enrique, quien era el Intendente del Zulia, y representaba al gobierno de Colombia, mantuvo un férreo hostigamiento hacia las fuerzas de Morales y pudiéramos decir, que aprovechó ese tiempo para organizar sus fuerzas y planificar lo concerniente,  hasta que el 24 de julio de 1823, el Almirante Prudencio Padilla, quien tenía a su cargo las fuerzas navales patriotas, logró derrotar la flota de los españoles, dirigida por el Comandante Ángel Laborde, en la batalla del Lago de Maracaibo.

Pero en sí, pudiésemos aseverar, que la épica independentista de nuestra América fue realizada, por personajes, en muchos casos, prestados para realizar acciones de guerra, sin el conocimiento de la estrategia aprendida en las escuelas o academias militares y mucho menos en los cuarteles, ya que si acaso, conocemos que Francisco de Miranda, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, entre unos pocos, pasaron por el Batallón de Las Milicias del Rey, ubicado en los Valles de Aragua.

Y es precisamente Antonio José de Sucre, quien va a protagonizar la epopeya culminante de la gesta suramericana al comandar al ejército americano cuando se realizó la batalla de Ayacucho, la cual  tuvo una modesta planificación, que debió ser cambiada en el curso de la batalla, por las operaciones realizadas por el Virrey la Serna, por tal razón, dado que estamos en el año bicentenario de la celebración de dicha batalla, la cual se llevó a cabo el 9 de diciembre de 1824, hemos querido recordar dicha gesta, la cual tuvo consecuencias importantes en relación a la independencia del continente americano, pero que también va a servir de doctrina, ratificando la posición de los patriotas venezolanos, en cuanto a reconocer los derechos humanos, acerca de cómo debía ser el trato a los implicados en las diversas contiendas militares y en la resolución de conflictos.

Además, es menester recordar, que ya Antonio José de Sucre, había acumulado una buena experiencia en el Tratado y Armisticio de Regularización de La Guerra, cuando fue designado por Simón Bolívar,  conjuntamente con otros ilustres venezolanos, así como también con los funcionarios designados por el Mariscal de Campo Don Pablo Morillo, para elaborar el Armisticio y El tratado de Regularización de La Guerra, entre Venezuela y el Reino de España, en noviembre de 1820.

También tenemos como antecedente, el Tratado o Capitulación firmado entre el General Manuel Manrique y el Almirante Prudencio Padilla, por Venezuela y el General Francisco Morales y el Comandante Ángel Laborde, por el reino de España, para entregar la plaza de Maracaibo a la República de Venezuela, el cual al ser conocido por el Libertador Simón Bolívar, lo elogió por sus bondades, para con los vencidos.  Y hoy a doscientos años de dicha gesta, que nos demuestra la templanza y espíritu de esos soldados y también de recordar esos tratados, que pudiéramos señalar como símbolo de magnanimidad de aquellos personajes formados en los avatares de la guerra de independencia latinoamericana y que son testimonios de grandeza y recordados en los congresos de derechos humanos, que se realizan en estos tiempos, por los especialistas en esa materia, no podemos obviar la situación que atraviesa nuestra nación venezolana, cuando unos patanes quieren apoderarse de Venezuela, soslayando la voluntad popular que se expresó el 28 de julio  del presente año, de acuerdo a los postulados de la constitución venezolana, la cual en su articulo No 5, expresa que la soberanía radica en el pueblo.

Antonio José de Sucre y Alcalá. El Protagonista.

De Antonio José de Sucre, haremos una biografía  muy sucinta, para conocer algunos de sus rasgos familiares  y formación en el ejército de Venezuela.

Antonio Joseph Francisco de Sucre y Alcalá Nació el 3 de febrero de 1795 en Cumaná, provincia de Nueva Andalucía, en Venezuela; sus padres fueron el Teniente Coronel de Infantería don Vicente Sucre y Urbaneja y doña María Manuela de Alcalá y Sánchez.

En el año de 1802 fue enviado por su padre a la ciudad de Caracas, en la cual ingresó a la Escuela de Ingenieros dirigida por el Coronel español Tomás Mires. En la que se inició como aprendiz de militar y  a su vez, estudio y se formó en los valores de orden, respeto, disciplina y autoridad, al tiempo que realizaba estudios de matemáticas, agrimensura, fortificación y artillería.

A los quince años, muy joven, se alista en el Ejército patriota como alférez de ingenieros y participa como ayudante  de Francisco de Miranda  en la campaña  de 1812, contra los realistas, durante la misma fue ascendido a Teniente. Miranda,  conocedor de las estrategias y por haber participado en la guerra de independencia de Estados Unidos, en la batalla de Pensacola, así como en las fuerzas de la Revolución Francesa y haber compartido opinión con Robespierre y Napoleón,  observando las facultades y cualidades de Sucre,   le enseña las primeras nociones del arte de la guerra y la estrategia militar. De las variadas anécdotas de Miranda, el joven Sucre aprendió, que un buen militar siempre debe tener a su lado un buen libro.

Dada la pérdida de la primera república, Sucre busca nuevos caminos y  llega a la isla caribeña de Trinidad, donde logró contactar y conocer al prócer Santiago Mariño, a quien siguió en 1813 en la expedición a Cumaná y fue su ayudante en la organización del Ejército de Oriente, y debido a los éxitos logrados en la campaña libertadora del Oriente venezolano, fue ascendido a Teniente Coronel.

Luego en 1814, como Edecán del General Mariño, asistió a la unión de las fuerzas,  del Oriente con las de Occidente en los valles de Aragua, pero ese ejército patriota tuvo algunos contratiempos y es derrotado en Aragua y Úrica, y tuvo nuevamente que salir de tierra firme y logró conseguir refugio en una de las islas. en las Antillas.

En ese año, sus hermanos Pedro, Vicente y su hermana Magdalena murieron a manos del Ejército realista. Según los reportes y crónicas de los estudiosos acerca de los hechos acaecidos en Cumana, se dice que por lo menos 14 parientes cercanos a Sucre, cayeron durante el transcurso de la guerra de Independencia.

En 1815 pudo regresar  a tierra firme, incorporándose al ejército en Venezuela, pero  ante los discordancias que observaba en las facciones del mismo, se trasladó a Colombia para participar en la liberación de Cartagena de Indias, y luego dar nuevamente otro salto geográfico ya que regresa a Venezuela y se desplaza hasta la región de Guayana y el Orinoco,  en las cuales participa en algunos combates Un año después es nombrado por Mariño como Jefe de su Estado Mayor con el rango de Coronel y Comandante de la Provincia de Cumaná.

Su fervor patriota, y el conocimiento adquirido por sus superiores, acerca del valor del respeto y la lealtad, lo indujeron por el camino de la unidad, lealtad y legalidad necesaria para la causa independentista, por lo que no aceptó y rebatió las pretensiones de algunos jefes patriotas de desviarse del orden establecido, y por ello, al realizarse  el Congresillo de Cariaco, su posición fue seguir a Bolívar, en quien identificó el liderazgo y ejemplo moral del ejército.

El 17 de septiembre de 1817, fue importante en la vida de Antonio José de Sucre ya que fue designado por Simón Bolívar como Gobernador de Guayana y Comándante General del Bajo Orinoco. Lo que demuestra la visión que percibía Simón Bolívar de Sucre como estratega militar y dotes de gobernante. Luego finalizando el mes de enero de 1818, es nombrado Jéfe de Estado Mayor de la División de la Provincia de Cumaná, bajo las órdenes del General José Francisco Bermúdez.

A partir de 1819 se convirtió en uno de los principales colaboradores de Simón Bolívar, sobresaliendo por su don de analizar y asimilar las recomendaciones de los superiores, aunado a su pericia estratégica y su inquebrantable lealtad al Libertador.

Estando en Angostura, Antonio José de Sucre se convirtió en uno de los mejores lugartenientes de Bolívar. Se ganó su amistad, respeto y destacó siempre por sus dotes militares y su elevado sentido de la moralidad. A partir de ese momento, la lealtad hacia Bolívar y su compromiso con la República de Colombia sería imperturbable.

En noviembre de 1820 es nombrado por Simón Bolívar como jefe de la delegación de la República de Colombia para concertar los Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra, conjuntamente con el Coronel Pedro Briceño Méndez y Teniente Coronel José Gabriel Pérez., mientras que el Mariscal de Campo Don Pablo Morillo, en representación del Rey de España, designó a el Brigadier don Ramón Correa, alcalde primero constitucional de Caracas, don Juan Rodríguez Toro, y don Francisco González de Linares, quienes en un ambiente de respeto y cordialidad, elaboraron los Tratados de Regularización de La Guerra y el Armisticio de la misma, los cuales fueron firmados el 26 de noviembre de 1820, por Bolívar y Morillo, con los cuales se dio por finalizado el periodo de la Guerra a Muerte, ya que con la firma de dichos tratados, se plantea por primera vez en nuestra América Indiana el respeto a los derechos humanos, y en las próximas batallas por venir, se iba a respetar a los caídos  y tratar a los presos con respeto y dignidad como hombres civilizados.

El 11 de enero de 1821, Simón Bolívar le asignó la gran responsabilidad de ser el Comandante del Ejército del Sur y le comisiona para  iniciar las campañas de liberación de los territorios del Sur de La Nueva Granada.

La Campaña del Sur

Las campañas como Comándante del ejército del Sur, para Antonio José de Sucre iban a ser muy importantes en su vida, para jerarquizarlo como militar con dotes superiores a sus comunes y tenían como objetivo liberar los territorios correspondientes a la Real Audiencia de Quito y también, promover su integración a la República de Colombia. La misión de Sucre era muy compleja por la diversidad de opiniones e intereses de las diversas facciones de la sociedad Quiteña así como de los militares implicados. Las provincias de Quito y Guayaquil se habían alzado en armas en contra del gobierno español; pero, si bien la mayoría de sus ciudadanos estaban de acuerdo con la independencia, no todos estaban a favor de la integración con la República de Colombia; algunos apoyaban la unión con Perú, en vista de las relaciones comerciales, y otros preferían la independencia absoluta. y él debía demostrar su sagacidad como militar con dotes de estadista y en la resolución de conflictos, para lograr y armonizar con todos ellos.

Guayaquil era una de las entidades adversarias a la adhesión al proyecto de integración a La Gran Colombia propuesto por Simón Bolívar, pero necesitaba para su independencia el apoyo del Ejército Libertador. Sucre llegó con tropas en su ayuda, y apoyó la firma de la tregua con los españoles, lo cual le permitió conocer con mayor propiedad las circunstancias que acontecían en la zona y estructurar y conformar la base de un ejército para las futuras contiendas e igualmente, también logró un pactó con los guayaquileños acerca de cómo debía ser llevada a cabo el apresto, la conformación y manutención del Ejército del Sur.

Sucre al realizar las primeras operaciones y confrontaciones militares logró algunas satisfacciones, ya que obtuvo un gran triunfo en Yaguachi en mayo de 1821, a pesar de sufrir un revés en Huachi. La campaña del Sur concluyó con la Batalla de Pichincha el 24 de mayo de 1822, en la que cayó abatido el Ejército realista. Ese día, Melchor de Aymerich, presidente de la Real Audiencia de Quito, firmó la capitulación. Con esta victoria de Sucre, se consolidó la independencia de la República Colombia, y se logró también la de Ecuador –quien se incorporó a la República de Colombia– y dejó el camino expedito para la liberación de Perú, tras la renuncia de José de San Martín.  Para el Libertador Simón Bolívar, el poder español asentado en Perú era el principal obstáculo, de acuerdo a sus planes como estratega para la emancipación de América del Sur.

Luego, en 1823, Simón Bolívar encomendó a Sucre para que continuara viaje hacia el Sur, a Lima para que iniciara los preparativos de la campaña de Perú, ya que las autoridades españolas no reconocían la Declaración de Independencia, promulgada por el General José de San Martín en 1821.

Batalla de Junin

Simón Bolívar y su alto mando durante la batalla de Junín.  Pintura realizada por el artista venezolano Martín Tovar y Tovar.

A principios de 1824, en febrero   cuando Bolívar estuvo enfermo en Pativilca, los realistas lograron recuperar el control de Lima y reagruparse en Trujillo, cuestión que motivó que Simón Bolívar se desplazase al Perú y  estando en  él, El Libertador se enteró del final del desenlace  del motín del General Rafael del Riego en España, quien en 1820, había planteado retomar la Constitución aprobada en 1812 y el gobierno liberal. Este amotinamiento, en aquel momento, desarticuló los planes del rey de

España Fernando VII    quien no pudo enviar ese año las tropas que había conformado para contener las rebeliones en las provincias América del Sur. Pero ahora al proponer la monarquía absoluta, esconocía la Constitución de 1812. Noticia que provocó desconcierto y estupor entre las autoridades españoles y provocó la división de los realistas peruanos entre liberales y absolutistas.

En ese contexto, el general Pedro Olañeta se rebeló contra la decisión del virrey José de la Serna, de concordar con la decisión de Fernando VII, en el Alto Perú, lo que es hoy Bolivia, cuestión que obligó al virrey a destinar unos 5.000 hombres para luchar contra los rebeldes. debilitando así la defensa del Virreinato del Perú, al dividir sus fuerzas militares en dos bandos.

Al tener noticias Simón Bolívar, de los problemas que confrontaba el Virrey y de la división de las fuerzas realistas, decidió aprovechar la oportunidad para tomar el Perú, por lo que en junio de 1824 dirigió su ejército hacia la sierra central del Perú. Su objetivo era aislar a las fuerzas comandadas por el general Canterac y derrotarlas antes de que pudieran unirse a otras unidades realistas.

La Batalla de Junín.

Simón Bolívar continuando con su plan de dividir la tropa de los realistas, siguió persiguiendo al general Canterac con quien se encontró el día 6 de agosto, y aunque este buscaba evitar el enfrentamiento directo contra el Ejército Unido de los patriotas, ya que estos lo superaban,  debido a su inferioridad numérica  fue alcanzado a la altura del lago Junín. Entonces sin pensárselo dos veces, Canterac embistió con su caballería a un escuadrón de caballería de los rebeldes a los que derrotó, pero no sabía  que el escuadrón de Húsares del Perú, bajo el mando del coronel Suárez, estaba en la espera y aún no había entrado en batalla, el cual aprovechó la distracción del triunfo inicial  realista para atacarles por su flanco derecho, a lo que se sumó la caballería del general William Miller que había logrado reagruparse tras el primer ataque realista, lanzándose contra la retaguardia y logrando la dispersión del ejército realista y con ello la victoria en la batalla de Junín.

Este enfrentamiento duró aproximadamente 45 minutos y es llamativo que no intervinieron las infanterías participando únicamente la caballería sin usar la artillería. Fue una batalla librada a base de sables, machetes y otras armas cortas,

Sucre y Bolívar Batalla de Junín

Sucre acompañó a Bolívar en la victoriosa Batalla de Junín el 6 de agosto de 1824.

La Batalla de Ayacucho.

Después de  la batalla de Junín, Sucre se dedicó a organizar las fuerzas patriotas y conjuntamente con el Libertador Simón Bolívar, continuaron fortaleciendo los lazos de amistad con la sociedad peruana, motivándolos en la lucha por la independencia, debido a que el optimismo de algunos patriotas, se apagaba por la forma y tomas del gobierno ejercida por los caudillos grancolombianos, quienes instigaban bajo conspiraciones y acusaciones de traición contra los presidentes peruanos José de la Riva Agüero y José Bernardo Torre Tagle. Riva Agüero deportó a los diputados del Congreso del Perú y organizó en la ciudad de Trujillo un congreso paralelo, pero luego de ser declarado reo de alta traición por el Congreso del Perú fue desterrado a Chile. En cambio, Torre Tagle buscaba firmar una paz sin batallas con el virrey La Serna, por lo cual fue a entrevistarse con los realistas. Este acto fue considerado como una traición, por Simón Bolívar.  Por lo que Torre Tagle recapacitó y  dispuso que todas las fuerzas a su mando apoyaran a Bolívar para hacer frente al enemigo, mientras este buscaba capturarlo para fusilarlo, ante lo cual José Bernardo de Torre Tagle encontró refugio  en la fortaleza del Puerto de Callao, la cual estaba asediada  por los patriotas. Dada esta situacón, Sucre seguía  atento a las circunstancias que se desarrollaban entre quienes dirigían el gobierno del Perú, por parte de los americanos, de sus encuentros y desencuentros, así como de los movimientos del Virrey La Serna y del General Canterac, hasta que después de mucha espera, llegó el día, del 9 de diciembre de 1824, en horas muy tempranas del día, en el cual los ejércitos comandados por el Virrey La Serna y el General Canterac, se encontraron en La Pampa de Quinua, con las fuerzas patriotas a una altitud de 3400 m.s.n.m., cerca del Cerro de Condorcunca, que en lengua quechua significa Cuello del Condor y a través del Internet, utilizando  Wikipedia, en La Enciclopedia Libre, obtuvimos el Orden de Batalla y la conformación de los dos ejércitos, con su oficialidad y tropas, por lo que a continuación, vamos a describir algunos de los momentos ejecutados por las fuerzas dirigidas por el general Sucre, las cuales resultaron decisivas en y que permitieron el triunfo la batalla de Ayacucho.

Ambos ejércitos hicieron uso de sus estrategias, y las fuerzas del Virrey La Serna, ocuparon las partes altas del Cerro de Condurcanca, pero como siempre, alguno de los dos comete errores y se dio el caso  que, el coronel español Joaquín Rubín de Celis quien mandaba el regimiento primero del Cuzco, seguido del Imperial, y que debía proteger el emplazamiento de la artillería,  había descendido de forma anticipada y se encontraba despiezada y cargada en sus mulas, interpretó defectuosamente órdenes directas de Canterac, y se adelantó impetuosamente al llano, “se arrojó solo y del modo más temerario al ataque”, por lo cual su unidad fue destrozada y él mismo, muerto en el decisivo ataque de la caballería colombiana por la división de Córdova, que seguidamente avanzan, en formaciones compactas de batalla por el llano, hacia la base del cerro Condorcunca y que, con un fuego eficaz, empuja atrás a los dispersos tiradores de la división de Villalobos, acabados de formar una Guerrilla y fusila las columnas que descienden del cerro.

La división de Córdova y la caballería de Colombia entonces son reforzadas por el resto de la tropa, con la caballería de William Miller, los Granaderos de los Andes y los Húsares de Junín  junto a la legión peruana y el regimiento número uno del Perú. Todos juntos acribillan directamente a la masa desorganizada que desciende de las montañas y que bajo el fuego trata de agruparse en columnas para descender y formar infructuosamente su línea en el llano de la pampa.

La División de Monet y su infantería, lo mismo que la caballería de Ferraz, bajan del cerro a pie, en hileras, y tratan de reagruparse en columnas bajo el fuego enemigo, para alcanzar el llano de la pampa y formar la línea de batalla. Monet a la cabeza de su división cruzó el barranco, y ordenó a sus batallones lanzarse sobre la división de Córdova. En columna cerrada recibían la lluvia de metralla durante el descenso, y cuando apenas lograba formar uno de sus batallones en el llano, este era aniquilado, y seguido de otro, relevado por el siguiente y así sucesivamente el Infante, el Burgos y el Guías fueron destruidos por el ejército de Sucre

Al darse cuenta de esta acción ejecutada por el general Córdova, quien se hizo celebre en dicha batalla cuando pronunció su famosa frase “División, armas a discreción, de frente, paso de vencedores”. Sucre inmediatamente, desplegó sus unidades y en el otro extremo de la línea, la segunda división de José de La Mar, apoyada por el batallón Vargas de la tercera división  dirigido por el General Jacinto Lara, detuvieron la acometida de los veteranos de la vanguardia de Valdés, que se habían lanzado a tomar una  solitaria casa ocupada por algunas compañías independentistas, las cuales fueron arrolladas y obligadas a retroceder, y posteriormente serían reforzadas por la carga de los  Husares de Junín bajo la dirección de William Miller, a la que se sumaría luego la Legión peruana, que apoyaba a la división de Córdova y lograron capturar la artillería realista sin muchos esfuerzo y según la crónica de la batalla, los realistas apenas pudieron disparar seis tiros.

El Virrey La Serna y demás oficiales intentaron restablecer la batalla y reorganizar a los dispersos que huían y el mismo general Canterac dirigió la división de reserva, compuesta por ambos batallones de Gerona, para descender a la llanura. Sin embargo los reclutados de los batallones Gerona no eran los mismos que habían vencido en las batallas de  Moquegua y Torata , pues durante la rebelión de Olañeta habían perdido a casi todos sus veteranos e incluso a Cayetano  Ameller, su antiguo comandante, Esta tropa fue atropellada por los restos de la caballería en retirada y se dispersó antes de enfrentarse al enemigo, siguiéndole, luego de una débil resistencia, el batallón Fernando VII, que había quedado disminuido, guardando la trinchera.

A la una de la tarde el virrey había sido herido y hecho prisionero junto a gran número de sus oficiales, y aunque la división de Valdés seguía combatiendo en la derecha de su línea. Con los diezmados restos de su división Valdés logró retirarse a las alturas de su retaguardia donde se unió a unos 200 jinetes que se habían agrupado en torno al general Canterac y a otros pocos dispersos de las derrotadas divisiones realistas cuyos desmoralizados soldados en fuga llegaron incluso a disparar contra los oficiales que intentaban reagruparlos. Con el grueso del ejército realista destruido, el mismo virrey en poder de los patriotas, y su antiguo enemigo, Pero Antonio Olañeta, que se había rebelado ante la decisión de Fernando VII de restablecer la monarquía absoluta,  ocupó la retaguardia, los jefes realistas optaron por la capitulación tras la batalla.

La batalla estaba ganada para los independentistas, y lograr así Antonio José de Sucre la imponente victoria de Ayacucho, pero es importante precisar algunos factores que fueron decisivos para obtener el triunfo como fueron:

La participación unificada de las tropas patriotas: A diferencia de otras batallas, Ayacucho se libró con un frente unido de las fuerzas independentistas sudamericanas. Tropas del Perú, Colombia, Argentina, Chile, Venezuela e Inglese, se unieron, demostrando una resistencia unificada contra el dominio español.

El liderazgo de Sucre: Sucre, se distinguió como un líder hábil y estratégico. Su gestión de las fuerzas patriotas en la batalla resultó en una victoria decisiva, en la cual es preciso destacar algunas de las causas que ayudaron en la victoria.

El desgaste de las fuerzas dirigidas por el Virrey La Serna: Para el momento de la Batalla de Ayacucho, las fuerzas realistas estaban muy desgastadas por años de constantes revueltas y luchas y la división auspiciada por Olañeta mermó definitivamente las tropas realistas.

Aunque la lucha por la independencia de Sudamérica continuó después de la Batalla de Ayacucho, fue este enfrentamiento el que marcó un punto de inflexión decisivo. Ayacucho no solo simboliza el final de la dominación española, sino también el comienzo de una nueva era para Sudamérica.

Consecuencias de la batalla de Ayacucho.

La captura por parte de los patriotas del virrey de la Serna, y de todo su alto mando, integrado por 4 mariscales y 9 brigadieres.

La desarticulación total del Ejército Real del Perú, que registró 1.500 muertos y 700 heridos. Los sobrevivientes, unos 2.500 hombres, se rindieron ante las fuerzas patriotas.

*El 9 de diciembre del año 1824 finalmente se firma el tratado de rendición de los realistas, pero a la vez se exige a la recién formada Republica Peruana que pague la deuda con aquellas naciones que permitieron que la guerra se llevara a cabo.

La firma de la capitulación de Ayacucho,  implicó la renuncia de los realistas a seguir combatiendo y la disolución del Virreinato del Perú, lo cual vamos a desglosar en párrafos siguientes,

El 30 de diciembre, la rendición fue aceptada por Pío Tristán, que había sido proclamado virrey interino por la Real Audiencia de Cusco.

Al darse la rendición del ejército español se procedió a la ocupación de la ciudad de Cuzco por tropas peruanas al mando de Agustín Gamarra.

La entrada del Ejército Libertador en el Alto Perú, el 25 de febrero de 1825, fue el motivante para lograr la proclamación de la independencia de Perú, el 6 de agosto de 1825.

La batalla de Ayacucho fue un combate civil entre dos bandos y en ambos bandos corrió sangre peruana, americana y extranjera. El ejército que dirigía el Virrey la Serna, estaba compuesto casi en su totalidad por soldados e indígenas peruanos y el ejército patriota contaba con venezolanos, neogranadinos, ecuatorianos, peruanos e ingleses en sus filas. Sin embargo, el gobierno del Perú instituyó el día de la fecha de la batalla como su efeméride, en conmemoración a la consolidación de la independencia del Perú y de América del Sur.

Después de conocer Simón Bolívar los resultados de la Capitulación emitió la frase: Se le concedieron al Vencido Honores de Vencedor y en referencia al comportamiento de Antonio José de Sucre, se atrevió a escribir una biografía del Mariscal Sucre en la cual en uno de sus párrafos, lo elogió de la siguiente manera:

El General Sucre es el Padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol; es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los Incas. La posteridad representará a Sucre con un pie en el Pichincha y el otro en el Potosí, llevando en sus manos la cuna de Manco-Capac y contemplando las cadenas del Perú rotas por su espada.

Igualmente el Virrey La Serna, después de conocer La Capitulación de Ayacucho, se expresó del general Sucre de la siguiente manera:

Ante las atenciones y el dignísimo trato recibido, no le quedó otra al maltrecho jefe español que expresar a Sucre unas sentidas palabras llenas de admiración: “Tan joven y con tanta Gloria

El siguiente es el texto original de la Capitulación de Ayacucho, tomada de la Obra del historiador Luis Ramos, “La Capitulación de Ayacucho”.

Don José Canterac, teniente general de los reales ejércitos de S. M. C., encargado del mando superior del Perú por haber sido herido y prisionero en la  de este día el excelentísimo señor virrey don José de La Serna, habiendo oído a los señores generales y jefes que se reunieron después que, el ejército español, llenando en todos sentidos cuanto ha exigido la reputación de sus armas en la sangrienta jornada de Ayacucho y en toda la guerra del Perú, ha tenido que ceder el campo a las tropas independientes; y debiendo conciliar a un tiempo el honor a los restos de estas fuerzas, con la disminución de los males del país, he creído conveniente proponer y ajustar con el señor general de división de la República de Colombia, Antonio José de Sucre, comandante en jefe del ejército unido libertador del Perú, las condiciones que contienen los artículos siguientes:

1° El territorio que guarnecen las tropas españolas en el Perú, será entregado a las armas del ejército libertador hasta el Desaguadero, con los parques, maestranza y todos los almacenes militares existentes.

1° Concedido, y también serán entregados los restos del ejército español, los bagajes y caballos de tropas, las guarniciones que se hallen en todo el territorio y demás fuerzas y objetos pertenecientes al gobierno español.

2° Todo individuo del ejército español podrá libremente regresar a su país, y será de cuenta del Estado del Perú costearle el pasaje, guardándole entretanto la debida consideración y socorriéndole a lo menos con la mitad de la paga que corresponda mensualmente a su empleo, ínterin permanezca en el territorio.

2° Concedido; pero el gobierno del Perú sólo abonará las medias pagas mientras proporcione transportes. Los que marcharen a España no podrán tomar las armas contra la América mientras dure la guerra de la independencia, y ningún individuo podrá ir a punto alguno de la América que esté ocupado por las armas españolas.

3° Cualquier individuo de los que componen el ejército español, será admitido en el del Perú, en su propio empleo, si lo quisiere.

3° Concedido.

4° Ninguna persona será incomodada por sus opiniones anteriores, aun cuando haya hecho servicios señalados a favor de la causa del rey, ni los conocidos por pasados; en este concepto, tendrán derecho a todos los artículos de este tratado.

4° Concedido; si su conducta no turbare el orden público, y fuere conforme a las leyes. 5° Cualquiera habitante del Perú, bien sea europeo o americano, eclesiástico o comerciante, propietario o empleado, que le acomode trasladarse a otro país, podrá verificarlo en virtud de este convenio, llevando consigo su familia y propiedades, prestándole el Estado proporción hasta su salida; si eligiere vivir en el país, será considerado como los peruanos.

5° Concedido; respecto a los habitantes en el país que se entrega y bajo las condiciones del artículo anterior.

6° El Estado del Perú respetará igualmente las propiedades de los individuos españoles que se hallaren fuera del territorio, de las cuales serán libres de disponer en el término de tres años, debiendo considerarse en igual caso las de los americanos que no quieran trasladarse a la Península, y tengan allí intereses de su pertenencia.

6° Concedido como el artículo anterior, si la conducta de estos individuos no fuese de ningún modo hostil a la causa de la libertad y de la independencia de América, pues en caso contrario, el gobierno del Perú obrará libre y discrecionalmente.

7° Se concederá el término de un año para que todo interesado pueda usar del artículo 5°, y no se le exigirá más derechos que los acostumbrados de extracción, siendo libres de todo derecho las propiedades de los individuos del ejército.

7° Concedido.

8° El Estado del Perú reconocerá la deuda contraída hasta hoy por la hacienda del gobierno español en el territorio.

8° El Congreso del Perú resolverá sobre este artículo lo que convenga a los intereses de la república.

9° Todos los empleados quedarán confirmados en sus respectivos destinos, si quieren continuar en ellos, y si alguno o algunos no lo fuesen, o prefiriesen trasladarse a otro país, serán comprendidos en los artículos 2° y 5°.

10° Continuarán en sus destinos los empleados que el gobierno guste confirmar, según su comportación.

11º Todo individuo del ejército o empleado que prefiera separarse del servicio, y quedare en el país, lo podrá verificar, y en este caso sus personas serán sagradamente respetadas. 10. Concedido.

12º La plaza del Callao será entregada al ejército unido libertador, y su guarnición será comprendida en los artículos de este tratado.

13º Concedido; pero la plaza del Callao, con todos sus en seres y existencias, será entregada a disposición de S. E. el Libertador dentro de veinte días.

14º Se enviarán jefes de los ejércitos español y unido libertador a las provincias unidas para que los unos reciban y los otros entreguen los archivos, almacenes, existencias y las tropas de las guarniciones.

15º Concedido; comprendiendo las mismas formalidades en la entrega del Callao. Las provincias estarán del todo entregadas a los jefes independientes en quince días, y los pueblos más lejanos en todo el presente mes.

16º Se permitirá a los buques de guerra y mercantes españoles hacer víveres en los puertos del Perú, por el término de seis meses después de la notificación de este convenio, para habilitarse y salir del mar Pacífico.

17º Concedido; pero los buques de guerra sólo se emplearán en sus aprestos para marcharse, sin cometer ninguna hostilidad, ni tampoco a su salida del Pacífico; siendo obligados a salir de todos los mares de la América, no pudiendo tocar en Chiloé, ni en ningún puerto de América ocupado por los españoles.

18º Se dará pasaporte a los buques de guerra y mercantes españoles, para que puedan salir del Pacífico hasta los puertos de Europa.

19º Concedido; según el artículo anterior.

20º Todos los jefes y oficiales prisioneros en la batalla de este día, quedarán desde luego en libertad, y lo mismo los hechos en anteriores acciones por uno y otro ejército.

21º Concedido; y los heridos se auxiliarán por cuenta del erario del Perú hasta que, completamente restablecidos, dispongan de su persona.

22º Los generales, jefes y oficiales conservarán el uso de sus uniformes y espadas; y podrán tener consigo a su servicio los asistentes correspondientes a sus clases, y los criados que tuvieren.

23º Concedido; pero mientras duren en el territorio estarán sujetos a las leyes del país. 17. A los individuos del ejército, así que resolvieren sobre su futuro destino en virtud de este convenio, se les permitirá reunir sus familias e intereses y trasladarse al punto que elijan, facilitándoles pasaportes amplios, para que sus personas no sean embarazadas por ningún Estado independiente hasta llegar a su destino.

24º Toda duda que se ofreciere sobre alguno de los artículos del presente tratado, se interpretará a favor de los individuos del ejército español.

25º Concedido; esta estipulación reposará sobre la buena fe de los contratantes. Y estando concluidos y ratificados, como de hecho se aprueban y ratifican estos convenios, se formarán cuatro ejemplares, de los cuales dos quedarán en poder de cada una de las partes contratantes para los usos que les convengan.

Dados, firmados de nuestras manos en el campo de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824.

José Canterac. -Antonio José de Sucre.

Significado de La Capitulación de Ayacucho y los Otros Tratados.

La capitulación de Ayacucho no solo fue el símbolo de la independencia del Perú, sino también el triunfo de la campaña patriota en Latinoamérica, marcando el fin del dominio español en el continente y sentando las bases para la creación de nuevas naciones independientes. Este evento histórico tuvo un impacto significativo en la región y consolidando la independencia de América Latina, por eso la capitulación de Ayacucho es recordada como un hito fundamental en la lucha por la independencia y la unidad de la región, y su legado continúa siendo celebrado en Perú y en todo el continente americano.

Es así, que Los tratados de Armisticio y Regularización de La Guerra, firmados en Santa Ana de Trujillo, el 26 de noviembre de 1820, La Capitulación de Maracaibo, la cual tiene gran semejanza a los acuerdos logrados en Ayacucho, en entre ambos bandos  y la Capitulación de Ayacucho del 9 de diciembre de 1824, significaron un gran avance  para los pueblos americanos y del mundo entero, al reconocerse Venezuela y España, como naciones en pugna, pero a su vez actuaban como naciones civilizadas que buscaban fortalecer la integridad, cuido y salud de sus integrantes y decidir que, si continuaban la guerra debían respetar los acuerdos en cuanto a los derechos humanos de sus integrantes. Por ello, los Tratados antes comentados serán una exaltación de respeto al enemigo encontrándose en situación de desgracia. Serán un primer esfuerzo en la búsqueda de la Paz Bolivariana y el reconocimiento de la Independencia venezolana, el cual se dará años más tarde con la firma del Tratado de Paz y Amistad entre Venezuela y España en 1845.

Y desde luego que tales normas contenidas en los precitados documentos, especialmente en el Tratado de Regularización de La Guerra, de acuerdo con el historiador Jorge Salvador Lara, no tenían precedentes en las guerras de América y desde una perspectiva de los Derechos Humanos, se afirma que había plena conciencia de implementar las doctrinas más avanzadas del mundo en cuanto al derecho a la vida, el cual era conocido como el Derecho de Gentes, tal como lo expresa nuestro sabio Andrés Bello, en fecha posterior, por ello, el espíritu de este derecho quedará reflejado en los 14 artículos de este Tratado y será el primer antecedente del Derecho Internacional Humanitario en América.

Y ahora, cuando estamos celebrando el bicentenario de la batalla de Ayacucho, debemos sentirnos enaltecidos por dicha gesta y sus resultados, pero debemos tener presente  que fue gracias al Armisticio de Trujillo y, esencialmente, al Tratado de Regularización de la Guerra, el cual representó un formidable antecedente en la historia universal cuando los países del mundo empezaron a concertar y racionalizar la importancia de los Derechos Humanos como fue el caso cuando se realizó 44 años después, el Convenio de Ginebra de 1864, en el cual se planteó el primer marco legal en el Derecho Internacional Humanitario.

También debemos señalar, como lo afirma el investigador Rogers Ulises Ramírez Boffil, en su trabajo: “Los Tratados Insignes de La Humanidad”, que gracias a las investigaciones y tesón  del  doctor y Diplomático ecuatoriano Jorge Salvador Lara,  quien hace reiteradas menciones  y comentarios acerca de los esfuerzos realizados por el General Sucre durante la elaboración y puesta en marcha de los Tratados de Trujillo por órdenes del Libertador,  que su tesis histórica como Antecedente y Preludio de Los Derechos Humanos, acerca del Tratado y Regularización de La Guerra,  fue dada a conocer en 1980 durante el XV Congreso Mundial de Historia, celebrado en Bucarest, Rumania, y además, con ocasión del sesquicentenario del pase a la eternidad del hombre que humanizó la guerra en América. En dicho evento, de alcance planetario, gracias a su insistencia y apoyo de los seguidores de su tesis, fue proclamado por primera vez el nombre del Gran Mariscal Antonio José de Sucre: “benefactor insigne de la humanidad como precursor cierto y eficaz del Derecho Internacional Humanitario”, cuestión que nos llena de orgullos a los venezolanos por dicho reconocimiento universal al Abel de Colombia, como identificó Simón Bolívar, al enterarse de la muerte del Mariscal Sucre.

Dada la importancia de la batalla de Ayacucho, tomamos de Wikipedia, en la Cátedra Libre, el Orden de La Batalla y los componentes de ambos ejércitos.

Orden de batalla / Patriotas – Realistas
Comandante en Jefe

Antonio José de Sucre

Oficialidad

Agustín Gamarra, jefe de Estado Mayor Francis Burdett O’Connor, primer ayudante de campo

División del Perú, jefe de división José de La Mar

Batallón de la Legión Peruana, jefe José

María Plaza

Batallón de Línea número 1, jefe Francisco d

Paula Otero

Batallón de Línea número 2 (Trujillo), jefe

Ramón Gonzales

Batallón de Línea número 3 (Callao), jefe

Miguel Benavides

División 1º de Colombia (Reserva), jefe de división Jacinto Lara

Batallón Vencedor en Boyacá, jefe Ignacio

Luque

Batallón Pantano de Vargas, jefe José

Trinidad Moran

Batallón Rifles, jefe Arthur Sandes

División 2º de Colombia (Derecha), jefe de división José María Córdova Batallón Bogotá, jefe León Galindo

Batallón Voltígeros, jefe Pedro Guash Batallón Pichincha, jefe Manuel León. Batallón Caracas, jefe José Leal

División de Caballería, jefe de división William Miller 2 escuadrones de Húsares de Junín, jefe

Isodoro Suárez escuadrón de Granaderos a Caballo de los

Andes jefe Alejo Bruix escuadrones de Granaderos de Colombia, jefe Lucas Carvajal. 2 escuadrones de Húsares de Colombia, jefe José Laurencio Silva

          una o dos piezas en una sola batería Comandante en Jefe

José de La Serna  (WIA)

Oficialidad  División Valdés

José de Canterac, jefe de Estado Mayor

Batallón del Centro (ex-Azángaro); jefe: Felipe Rivero

Batallón Voluntarios de Castro; jefe: José Huguet

Batallón Cantabria jefe: Antonio Tur

Batallón 1.º del Imperial Alejandro (ex-Extremadura); jefe: Francisco Palomares †

División González Villalobos Batallón 1.º del regimiento del Cuzco ; jefe: Joaquín Rubín de Celis

Batallón 2.º del Imperial Alejandro ; jefe: Domingo Alonso

Batallón Fernando VII ; jefe: José Carratala

Batallones 1.º y 2.º del Gerona ; jefe: Domingo Echezarraga

División Monet

Batallón Infante don Carlos (ex-Real de Lima); jefe: Mariano Cucalón

Batallón Burgos ; jefe: Juan A. Pardo

Batallón Guías del General (del Alto Perú) ; jefe: Joaquín

Bolívar

Batallón Victoria (ex-Talavera); jefe: Manuel Sánchez

Batallón 2.º del regimiento del Cusco ; jefe: Francisco

Villabase †

División de caballería Ferraz

Dragones de San Carlos , jefe: Jerónimo Villagra

Dragones de la Unión ; jefe: Ramón Gómez de Bedoya

Granaderos de la Guardia ; jefe: Valentín Ferraz

Dragones del Perú ; jefe: Dionisio Marcilla

Húsares de Fernando VII ; jefe: Felipe Fernández Alarbaderos del Virrey (piquete de guardia honorífica del virrey del Perú)  once piezas repartidas en tres baterías

Piedra de Wuari

 

Sobre esta piedra de Wuari se firmó el parte de la Batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824. Museo de sitio, Quinua, Ayacucho, Perú.

Ahora, cuando estamos finalizando el año 2024, y el mundo civilizado que integra el orbe terráqueo, dispone de una serie de organizaciones que se preocupan por el desarrollo y progreso de las naciones y velan por la integridad de sus ciudadanos, observamos que la pluralidad de sus decisiones, en cuanto al respeto de los derechos humanos no son uniformes.

Nosotros los venezolanos, podemos ufanarnos, después de revisar las partes de guerra y los acuerdos y tratados firmados entre el ejército liderado por patriotas venezolanos y los españoles, durante la guerra de independencia suramericana, que quienes nos antecedieron en la conducción de la misma guerra, a pesar de su escasa formación educativa, tuvieron excelentes destellos de grandeza y magnanimidad al anteponer aspiraciones personales, para lograr armonizar criterios en la búsqueda de la paz y armonía entre los pueblos y sus ciudadanos.

Pero en estos momentos, nosotros los  venezolanos, estamos viviendo momentos de incertidumbre, debido a que quienes actualmente detentan el poder, desconocen totalmente estos antecedentes y acuerdos firmados y actúan de la manera más despótica, cuando se atreven violar la Constitución de La República de Venezuela, cuando desconocen la soberanía del pueblo que se expresó libremente el 28 de julio del presente año y pretenden subyugar a los venezolanos utilizando una dialéctica discordante y amenazadora para intimidar a la ciudadanía, negándole su derecho a utilizar la palabra y manifestar cívicamente, y encarcelando a la ciudadanía como hacen los regímenes dictatoriales, tal como los sátrapas que señalaba  Simón Bolívar en el Discurso de Angostura y con un golpe de estado para perpetuarse en el poder.

Dada la circunstancia ya que los venezolanos, estamos viviendo estos tiempos de conmoción social y de gran conflictividad, y retumban cada vez más fuerte las trompetas anunciando la guerra, con una comunicación y consignas cargadas de odio, de quienes se consideran conductores del país, les recordamos que cada 23 de noviembre, se conmemora el Día Internacional de la Palabra.

Por ello, como estamos en el mes en que se celebra la elocuencia de la palabra, que ha sido el instrumento más importante que ha utilizado el hombre para comunicarse, y fortalecer el dialogo consensuadamente, lograr la paz entre las naciones del mundo   y delimitar sus acciones, tendiendo hacia un avance pacífico de la sociedad sin discriminaciones políticas, religiosas, culturales ni raciales, me atrevo a recordar a ese ilustre venezolano, Don Arturo Uslar Pietri, quien nos hace referencia acerca de la importancia de la misma, quien se expresó de la siguiente manera de los sordos y prepotentes que abusan de autoridad:

Decía el gran Arturo Uslar Pietri: “La palabrota que ensucia la lengua termina por ensuciar el espíritu. Quien habla como un patán, terminará por pensar como un patán y por obrar como un patán. Hay una estrecha e indisoluble relación entre la palabra, el pensamiento y la acción. No se puede pensar limpiamente, ni ejecutar con honradez, lo que se expresa en los peores términos soeces. Es la palabra lo que crea el clima del pensamiento y las condiciones de la acción”.

Por ello, como somos unos perennes optimistas que utilizamos el verbo para concertar y consensuar, y que insistimos como lo hemos hecho a través de nuestra vida, en que el dialogo es una de las herramientas más importante que ha desarrollado el género humano, indispensable para la erradicación de cualquier manifestación de violencia y para la concientización de la sociedad acerca de la necesidad de dialogar, seguiremos expresando nuestro reconocimiento a los venezolanos que el 28 de julio cívicamente,  votaron para cambiar el curso de las cosas, en nuestra Venezuela actual, sin utilizar la fuerza, con su tesón y constancia, utilizan la palabra para exteriorizar la verdad de lo acontecido ese día, Además la palabra es tan importante y con tantos contenidos, que el hombre con la palabra enamora a la mujer con quien va a compartir sueños y anhelos y también con la palabra, la familia educa a sus hijos.

Pero como los mandantes de Venezuela son paganos, les dejo este precepto bíblico. “El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios”_ Juan 8:47.

Fuentes Consultadas.

Ávila, Roselis. Tratado de Regularización de la Guerra.

Venelogia.

Ayacucho.

La Batalla que Selló La Independencia de América Latina.

BBC, Mundo.

Bello, Andrés.

Principios del Derecho de Gentes.

Madrid, Librería de la Señora Viuda de Callejas e Hijos. 1814.

Bernabé, Luis Valerio.

La Batalla de Ayacucho, La Última gran Batalla del Imperio Español, en el Continente Américano.

Quintero Regos, Carlos Enrique.

Bolívar, Morillo y La Regularización de La Guerra Casanova, Nayaret.

La Batalla Naval del Lago de Maracaibo.

El Capitulo que marcó La Independencia de Venezuela.

Coronel, Sandalio Ernesto.

Su Alma Escrita en el Papel.

El Hombre Detrás del Tratado de Regularización de La Guerra.

Finól, Yldelfonso.

Maracaibo en la Independencia.

El Pronunciamiento del 28.

López Carlos y Aguilar Julie

La Batalla de Ayacucho, Historia del Perú.

Maita Ruiz, José Gregorio

Tratados de Armisticio y Regularización de La Guerra del 25 y 26 de noviembre de 1820 Pita Pico, Roger

Capitulación de Maracaibo: Revisiones historiográficas de la Independencia desde la  Perspectiva de la Paz.

Revista de Ciencias Sociales, Universidad del Zulia.

Porra, José William.

El Almirante José Padilla y Las Acciones Navales para la Independencia de Colombia. Escuela Naval del Almirante Padilla. Colombia Portillo, Luis.

La Batalla de Ayacucho en Historia de los Pueblos.

Quintero Regos, Carlos Enrique.

Bolívar, Morillo y La Regularización de La Guerra

Ramírez Boffil, Rogers Ulises.

Los Tratados Insignes de la Humanidad.

Rincones, Orlando.

Ayacucho y La Independencia del alto Perú.

La Paz, Bolivia. Ediciones del Instituto Internacional de Integración  del Convenio Andrés Bello

Tratado de Armisticio y Regularización de La Guerra.

Cota: Archivo General de la Nación, Subfondo Archivo del Libertador, Colección Daniel Florencio O’leary, Tomo XVII, Parte Segunda, Volumen 28, folio 393 frente al 396 frente, documento 5175.  Zarzal, Juan Vicente

Batalla de Ayacucho, Análisis Detallado y Significado Histórico en la Independencia Suramericana

Wikipedia.

Cátedra Libre.

Historiador

 

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