Refundar el Zulia (III)
Cae como anillo al dedo al ministro de Interior y Justicia, Diosdado Cabello.
Las mafias que ahora dicen desarticular llevaban años en el poder y provenían de las propias filas del chavismo.
La purga, aunque tardía, era necesaria.
Para algunos, no es más que una factura por cobrar de los factores de poder de Miraflores; para otros, un acto real motivado por la necesidad de lavar la imagen del Gobierno.
No tocaron en su momento al polémico y señalado alcalde Omar Prieto, de San Francisco, quien llegó a protagonizar escándalos ante instancias nacionales por el proceder de Polisur.
Y así, muchos otros casos.
Las acciones del Gobierno intentan mostrar algo al Zulia.
¿Acaso un episodio de justicia para la región más castigada de Venezuela?
¿Una estrategia política de cara a las elecciones?
¿Un hecho auténtico?
Los procesos lo dirán.
Desde Miraflores saben que el Zulia necesita justicia, no solo en el control del crimen, sino también en la salud, la energía y la economía.
Los golpes contra el zuliano, que pese a las adversidades sigue adelante, no cesan.
Y es que así ha sido siempre esta región. No por holgazanes escalamos, en un pasado muy reciente, hasta convertirnos en productores de alimentos para el país desde las bondadosas tierras del Sur del Lago, trabajadas por familias que dedicaron ciencia y habilidad al campo.
Una región autosuficiente y generosa: ese es el sello del Zulia.
¿Puede el Estado remontar?
Confiamos en que sí. Pero todo depende del rumbo de la política, de la gestión y de los núcleos civiles para encauzar al poder político, que no puede quedar sin control.
Los retos no son pequeños; son el reflejo de todo un país. Pero en el Zulia se sienten inmensos por el calibre de la región, pulmón de Venezuela.
Ser un polo de desarrollo industrial, hoy arrasado, deja cicatrices a la vista de todos.
El desempleo o los trabajos precarios contrastan con aquella zona industrial que, en su auge, generaba 60 mil empleos directos.
Las constructoras emprendían proyectos en todos los rincones, las cementeras alimentaban nuevas estructuras, el carbón aportaba energía al occidente venezolano, la Universidad del Zulia no mendigaba presupuestos, los hospitales estaban en mejores condiciones y los apagones no existían, gracias a una gestión impecable y de avanzada de Enelven.
El Zulia nunca debió haber decrecido al nivel que hoy representa.
Debimos haber crecido a niveles que hoy nos costaría creer.
En 1998, el petróleo superaba los 90 dólares por barril. Un recurso que aún se extrae de las entrañas de nuestro lago, contaminado y sin políticas de recuperación. La historia se repitió en 2008, en plena crisis mundial, con un barril nacional que se disparó hasta los 140 dólares.
¿Qué quedó de aquella bonanza para el Zulia?
¿Qué hicieron los gobernadores Rosales, Pablo Pérez,Arias Cárdenas y el propio Omar Prieto para atraer el presupuesto que correspondía a nuestro estado?
¿Hubo alguna obra de infraestructura trascendental o una política de gestión que representara un eje de desarrollo continuo y bienestar para la región?
Desfilaron gobernadores que se regocijaron en el asfaltado de calles, en la devolución de bienes regionales al centralismo, como el Puente General Rafael Urdaneta o los aeropuertos, o en facilitar el camino a las expropiaciones.
El día que valoremos la importancia de las decisiones que tomamos en este aspecto, será cuando debamos sentirnos más obligados a activarnos en los asuntos públicos.
La responsabilidad de la crisis que hoy vivimos recae, en gran parte, sobre nosotros por haber seleccionado autoridades sin el nivel académico que el Zulia amerita y con una reputación moral cuestionable.
Hoy, el círculo de líderes regionales, verdaderos hombres y mujeres con la capacidad y solvencia para convertirse en estadistas, está reducido a un número tan pequeño que no supera los dedos de una mano.
Las sociedades en crisis están obligadas a reinventarse y a convocar a sus mejores ciudadanos para ocupar posiciones de responsabilidad en el Estado.
Maracaibo ha sido un ejemplo de esta realidad. Antes de las acusaciones sin debido proceso contra el alcalde electo, ¿quién hubiera imaginado que un dirigente sin ambición de ocupar el cargo de burgomaestre, como Adrián Romero, demostraría que gobernar por la gente y con honestidad es posible y necesario?
Confiamos en la honestidad, el empuje y la tenacidad del zuliano para transformarse y retomar la senda de un desarrollo que, esta vez, se cimente en proyectos duraderos, generacionales y de impacto real.
No bastarán paños de agua tibia para salir del drama.
Nuestro mensaje a la sociedad es claro: debemos refundarnos para honrar ese legado histórico que llevó al Zulia a ser el motor de todo un país y, obligados estamos a impulsar nuevas figuras públicas para sustituir a los que, hasta el día de hoy, llegan para servirse y no a estar al servicio del Estado y su gente.
Refundar el Zulia II
Los adolescentes y jóvenes de hoy no conocen el estado Zulia en el que nacieron y crecieron sus bisabuelos, abuelos o padres.
La historia, en gran parte, permite conectar un legado con la gente, y de allí nace el amor tanto por el gentilicio como por la tierra. Sin embargo, ese orgullo de ser zuliano, o de ser hijo o nieto de un zuliano, se está perdiendo.
Hay un indicador alarmante que debe llamarnos la atención y obligarnos a tomar decisiones: el 40 % de los zulianos han buscado nuevos horizontes, el doble del promedio nacional. Esta es una tragedia que las familias zulianas viven a diario. ¿Por qué, siendo el Zulia la región más rica del país, su gente ha tenido que emigrar?
Esta es una reflexión que quienes amamos esta tierra debemos hacernos, y la respuesta está en la política. Durante las últimas tres décadas, hemos dejado el destino del Zulia en manos de políticos que en nada representan a aquellas generaciones que lo hicieron grande. Los indicadores socioeconómicos así lo confirman.
Hemos caído en manos de una clase política muy distante del hombre y la mujer zuliana que trabajaron incansablemente para convertir las montañas en tierras fértiles, hoy entre las más valoradas del país por su producción agrícola. Una región que alimentó a las familias venezolanas y que incluso fue capaz de exportar. Una generación que soñó y construyó no solo una universidad, sino una Ciudad Universitaria.
¿Dónde quedó todo eso?
Lo más importante es que, para ser grande, el Zulia nunca necesitó del centralismo. De hecho, éramos la envidia de la capital, que, sin producir nada, manejaba los mayores recursos institucionales. El Zulia fue un ejemplo para el resto de las provincias venezolanas.
En los últimos 30 años, un centralismo asfixiante ha destruido progresivamente nuestra región, y hoy padecemos sus consecuencias. Por eso es urgente y vital que los zulianos, estemos dentro o fuera de nuestra tierra, nos ocupemos de la política. No podemos ser indiferentes ni dejar el destino del estado en manos de quienes permitieron este desastre.
Gobernadores, diputados y dirigentes políticos, al frente de las instituciones del estado, jamás enfrentaron decisiones nefastas como las expropiaciones de empresas petroleras en la Costa Oriental del Lago, que, de un plumazo, acabaron con más de 100 compañías emblemáticas y 5.000 empleos directos, además de provocar una merma en la producción petrolera.
Nuestros campos fueron víctimas de expropiaciones y saqueos por parte de una política autoritaria que, pisoteando el debido proceso y las leyes, actuó impunemente sin que el liderazgo político hiciera nada.
¿Dónde estaban Pablo Pérez, Manuel Rosales y Francisco Arias Cárdenas en aquel entonces? ¿Cómo debemos calificarlos? ¿Defensores o destructores del Zulia?
¿Qué hicieron para frenar las invasiones de los terrenos de nuestra insigne Universidad del Zulia? ¿Por qué permitieron que el populismo corrupto y el mercantilismo político llenaran esos espacios con ranchos y calles de tierra, cuando estaban destinados a proyectos que habrían dado aún más prestigio a nuestra máxima casa de estudios?
Desde estas líneas, queremos contribuir a despertar conciencia: el Zulia merece una mejor conducción política. Sobra talento y reserva moral para asumir el compromiso de construir una nueva generación política sana.
El gobierno nacional ha enviado un claro mensaje: gran parte del Zulia está controlada por mafias, unas vinculadas al tráfico ilegal de bienes y servicios, y otras desviando recursos del presupuesto de la gobernación y las alcaldías. Fondos que debían estar destinados a mejorar la calidad de vida de los zulianos han terminado engrosando las arcas personales, familiares y políticas de un reducido círculo de poder.
Hoy, los adolescentes y jóvenes de nuestro estado deben conocer esta historia. La seguiremos escribiendo en próximas entregas para que, con formación y conciencia, puedan estar a la altura de su potencial y, solo así, podamos refundar el orgullo zuliano.
Esta es la verdadera zulianidad.
Carlos Alaimo – Versión Final

