La mayoría de las personas ven la política de manera emocional. Quedan atrapadas en ese juego perverso de discursos, promesas y afectos que mueven fibras. Sin embargo, la política tiene sus propias reglas: es impredecible, conflictiva y dinamizada por actores que luchan permanentemente por el poder.
Esta naturaleza fue develada crudamente por Nicolás Maquiavelo en su época, rompiendo con la visión de la política como virtud, manejada por los filósofos griegos. A partir de Maquiavelo, la política adquiere su carácter de ciencia y es abordada con todas las dimensiones que subyacen en ella y es determinante en la evolución y desarrollo de los pueblos.
Estas precisiones son claves para entender la realidad venezolana. Muchos creen buscar una salida al problema con fórmulas mágicas o criterios impregnados de normativa constitucional. Es posible que eso suene lógico a los oídos de la mayoría, pero no es suficiente para obtener resultados favorables en la real política.
Los actores se mueven permanentemente, de acuerdo a las circunstancias, en el tablero de juego y producen situaciones inesperadas o incomprensibles para muchos. Por ejemplo, no es casual que Marcos Rubio, considerado un paladín de la lucha emancipadora que libra la mayoría de los venezolanos, señale la posibilidad de repetir las elecciones para dilucidar el terrible drama político que vivimos.
La conducta del Secretario de Estado de los Estados Unidos, aunque sorprenda a muchos esperanzados, es auténticamente política. Responde a los criterios pragmáticos de una administración que aspira mantener relaciones con gobiernos que le garanticen suministro de petróleo y otros recursos para el funcionamiento de la economía, estabilidad política y convivencia de esa poderosa nación. Los gringos siempre han funcionado así. Para ellos América es la nación donde viven y lo demás es su patio trasero.
Aquí se trata de comprender que el asunto de Venezuela debe ser resuelto por nosotros mismos. Una percepción del país es la que tienen los que viven afuera y creen tener la verdad de su solución con salidas aventureras, mientras los que estamos aquí padecemos crudamente y vemos la realidad con mayor certeza. Sin embargo, el miedo ha sido sembrado con gran fuerza para doblegar la inventiva de la gente en la búsqueda de una salida a esta angustiante situación. Se impone, entonces, pisar tierra y ver la política con crudeza, tal como es. No sigamos escuchando canto de sirenas.

