Algunos de nuestros compañeros trabajadores nos preguntan qué pasará con PDVSA al caer la dictadura. En este momento, es una pregunta pertinente y de respuesta impostergable, pero también incierta, más aún cuando escuchamos algunas opiniones de “expertos” que parecen estar confundidos entre los conceptos de negocio y política petrolera. La pregunta entonces es qué vamos a hacer con PDVSA como colectivo.
La situación actual de PDVSA podría describirse como una empresa quebrada, sin capacidad para desarrollar los inmensos recursos energéticos que tiene el país, con una infraestructura destruida. Pero antes de apresurarnos a decir que hay que privatizar, primero hay que explicar que vender parte del negocio no es igual que rematar, que buscar socios serios no es igual a subastar los restos del dinosaurio entre los buitres que rondan la carroña desde hace rato.
En noviembre de 2024, según cifras de la PDVSA socialista, la nómina ascendía a 84.915 trabajadores activos, la mayoría con salarios de miseria, responsables de una producción promedio de 900.000 barriles diarios, es decir, 10 barriles diarios por trabajador, muestra de una gran ineficiencia si tomamos en cuenta que cuando llegó el galáctico al poder el promedio por trabajador era de 83 barriles y la nómina total de la empresa no pasaba de 40,000 personas para una producción de 3.500.000 de barriles diarios.
En cuatro refinerías hoy se procesan 280.000 barriles diarios de petróleo, se producen 120.000 barriles diarios de gasolina; 70.000 b/d de gasoil, cero de aceites lubricantes y 12.000 b/d de gas GLP que se usa en bombonas para el mercado venezolano. Hace 25 años, se refinaban localmente 1.150.000 de barriles de petróleo diarios, con una producción diaria de 385.000 b/d de gasolina, 280.000 b/d de gasoil, 11.000 b/d de aceites lubricantes y 45.000 b/d de GLP.
Era otra PDVSA, con problemas y vicios, pero eficiente, con decenas de socios internacionales de primer nivel. ¿Es posible reconstruir a esa PDVSA del año 2000? Me atrevo a opinar que no. La destrucción de PDVSA significó la pulverización de la principal fuente de ingresos para financiar la salud, la educación y las cuentas del estado. Con la destrucción de PDVSA el país se empobreció al extremo de que no dispone de los recursos para la reconstrucción. Sin embargo, estoy completamente seguro de que PDVSA tiene que mantenerse y garantizar la continuidad operacional. Puede que en esa abultada nómina actual haya mucha manteca que rebajar, sin duda el proselitismo, el amiguismo y el nepotismo tienen un porcentaje grande en esa nómina y de ellos habrá que salir. Pero también allí hay trabajadores que son valiosos, que tienen el conocimiento de qué se ha hecho y que no se ha hecho en estos últimos 25 años. Recordemos que 50% de la nómina no se sumó al paro de 2002-2003, se quedaron porque necesitaban su trabajo o porque no estaban de acuerdo y no son traidores ni patriotas por eso. Otros han entrado a ocupar posiciones para empujar la silla de ruedas de la tullida empresa, como era obvio. Con esos trabajadores contamos, así que esas apetencias de cargos, de revanchas y de venganzas, de “quítate tu pa ponerme yo”, de sacar a la mala a las personas de sus puestos de trabajo, deben dejarse de lado en función de lo que necesita el país. Por eso la política petrolera debe ser clara y definir las líneas estratégicas de lo que queremos hacer, ya no con PDVSA sino con la industria petrolera. Esa política tiene que ser amplia, honesta, sin privilegios, sin corrupción y con claridad en las leyes y debido proceso.
No será fácil captar inversiones si no hay confianza y antes de convencer a los empresarios, un nuevo gobierno tiene que convencer primero a los venezolanos, quienes exigen que esos políticos que solo piensan en negocios, en “cuánto hay pa eso” o aquellos con empresas de maletín para llenarse, deben ser apartados. El cambio tiene que ser verdadero. No se apresuren a repartir los pedazos de PDVSA, porque eso será como dinamitar de nuevo a una débil y naciente democracia.
Fuerza trabajadores, seremos la palanca que impulse el desarrollo económico-productivo y el bienestar del pueblo Venezolano.
Secretario General SUTPGEF – Secretario de Profesionales y Técnicos FUTPV

