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Román Ibarra: Retos y decepciones

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Entre las cosas más difíciles de la vida, la política con toda seguridad está en lo más alto de la cúspide, habida cuenta de que trata los asuntos del Estado, y las formas –idealistas o pragmáticas- de dirigir el gobierno, y los contrapesos que debe ejercer la oposición en sociedades complejas. Es decir, el manejo siempre controvertido de la cosa pública en el contexto de democracias liberales con el funcionamiento pleno, aunque imperfecto de la antigua tríada de los poderes.

Mucho más difícil si se trata –como en nuestro presente- de gobiernos autocráticos; autoritarios, que se deslizan abiertamente hacia dictaduras, en medio del robo de las elecciones; la violación sistemática de los DDHH; el terrorismo de estado, y la destrucción socioeconómica del país.

El caso venezolano es harto elocuente, en virtud de que cuando –por fin- salimos del militarismo, y autocracias del siglo XIX, y buena parte del XX, entramos en una era de relativa calma, en medio de la paz social que ofrecía la construcción democrática de un sistema político alternativo y estable, de convivencia pacífica entre el Estado; la clase empresarial, y la clase obrera organizada, dentro del cual, había oportunidad de participación, y acceso al desarrollo personal y familiar, sobre la base del esfuerzo; la formación y la voluntad.

Un lapso importante, aunque muy breve, de apenas 40 años de democracia representativa, con grandes aciertos y también con errores y omisiones, que salta –injustamente-  a un precipicio largamente planeado, y perpetrado por enemigos jurados del sistema, incapaces de competir en buena lid, pero muy diestros para la diatriba mediática, y la conspiración desde la atalaya de sus encumbradas posiciones, para dar cobijo y sustento a la destrucción en absoluta colusión con traidores y magnicidas; romper alevosamente el sueño cívico, y de ahí al sobresalto ¨revolucionario¨ que tras un discurso falsamente redentor, hoy 30 años después, nos tiene en este aquelarre inextricable de pobreza societal extrema.

En medio de su reiterada y extrema crueldad el gobierno anuncia, sin explicación alguna del resultado del 28J, nuevas elecciones –esta vez- para elegir diputados a la Asamblea Nacional, Gobernadores de Estado, y los legisladores regionales correspondientes, con la aviesa intención de producir división, y molestias completamente justificadas, pero equivocadamente atendidas y entendidas por la oposición, hasta el punto de reaccionar con un llamado antipolítico a la abstención.

Convocatoria del gobierno calculada para producir el efecto que estamos viendo, pero que en nuestra opinión, lejos de ayudar, desestimula; confunde; paraliza; divide, y hace desaparecer a los factores de oposición de la estructura institucional que va a seguir existiendo y será utilizada para sus intereses por el régimen, sin importar si la oposición participa o no. Peor aún, felices de que la oposición no participe para hacer de las suyas –sin necesidad de trampas- sin cortapisas.

Cuando el gobierno, además del abusivo adelanto de las elecciones parlamentarias y de gobernadores, promueve una reforma constitucional como la anunciada por Maduro, es porque ya la tiene redactada a cargo de su arlequín favorito, aunque la comisión la presida por razones de interés político, la esposa de Maduro.

Mucho cuidado si está en la intención del gobierno, la aprobación de la ¨reforma¨ a cargo de la AN vigente, y la realización del referéndum aprobatorio antes  de las elecciones de la nueva AN, y los Gobernadores, que aunque ya fue postergada para mayo, pudiera ser nuevamente postergada, si es del interés del gobierno para alcanzar el objetivo de la probación de su proyectada reforma constitucional. Todo ello, cabalgando sobre el discurso abstencionista promovido por la oposición.

En 2007 con similar intención, la oposición derrotó a Chávez con su proyecto de reforma constitucional. Hoy 18 años después lo vuelve a intentar Maduro con la única idea real de implantar un modelo de Estado Comunal; una sociedad donde solo reine la voluntad del autócrata y su claque, con la consecuente desaparición de toda disidencia posible, al estilo cubano, o nicaragüense.

Por eso no entendemos las posturas fatalistas según las cuales, no se puede participar en ninguna convocatoria electoral hasta que no se haga valer el resultado del 28J. Insistimos en que se puede luchar simultáneamente por la defensa de la victoria electoral presidencial, y por ganar también, la AN, y las Gobernaciones de Estado. No se pueden regalar tan importantes instancias a la dictadura.

La oposición tiene la tarea urgente de reconstituirse, y conformar una dirección político-social profesional, que atienda la necesidad de enfrentar este nuevo reto que impone la perversidad del gobierno, en lugar de la salvajada de estar desintegrándose con la expulsión de dirigentes importantes de las filas de sus respectivos partidos, bajo acusaciones de estar al servicio del gobierno, por manifestar su interés de participar electoralmente; válgame Dios!

De lo que se trata es de entender la dimensión real del reto que impone esta nueva canallada del gobierno, y enfrentarlo con la mayor unidad posible para volver a derrotarlos, y mostrar al mundo nuestra fortaleza; incluso si intentaran –como es su naturaleza- robarse también este proceso. Tanto va el cántaro al agua,…

 

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