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Sergio Monsalve: El gato cósmico

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Flow es como Lo imposible de Bayona, pero con un gato entrañable de la compañía Ghibli.

Un tsunami devora todo a su paso y el felino queda a merced de un entorno acuático, donde debe aprender a sobrevivir y empezar de cero.

El filme bebe de la angustia por el cambio climático, cuyas secuelas en el cine dieron pie a blockbusters de catástrofes como Waterworld y 2012, exponiendo el pánico ante la llegada de desastres bíblicos, propios del fin de siglo y de la evolución distópica del milenio.

La película es merecida candidata para ganar el Oscar animado, seguramente por la profundidad no solo de su trama, sino de su técnica de creación digital en 3D.

A diferencia del canon de la Pixar y Disney, los animales de Flow no hablan como humanos, eludiendo el clásico tono de una fábula moral con sobrexplicaciones parlantes, ahora dobladas al español en todas las salas, para nuestro mercado latino.

Flow confía en las potencialidades del séptimo arte, para configurar una propuesta absolutamente transparente y legible, comprensible y estimulante de interpretaciones, sin depender de diálogos y locuciones moralizantes.

En tal sentido, la cinta revitaliza la escuela animada de los países de europa del este, logrando superar las barreras de los idiomas y los dialectos particulares, al concebir narrativas sólidas a través de los principios del lenguaje audiovisual.

Por ello, la pieza es una lección de cine, de su regreso y refuerzo como un medio total de traducción de nuestras angustias.

El realizador Gints Zilbalodis es de origen letón, para más señas, nació en un país colonizado por múltiples imperios rapaces y decadentes, como la Unión Soviética y la Alemania expansionista de otrora.

Flow resume la historia singular del contexto letón, para constituirse como una nación soberana e independiente, con el respaldo de la Unión Europea.

Es una de las tantas olas sutiles que la película recoge en la forma de símbolos figurativos y abstractos, como la imagen de tres animales distintos navegando en un barco frágil, a merced de depredadores con la estampa de lobos y perros siberianos, de aves amenazantes como aviones terroríficos de vuelo bajo.

A las claras, Flow puede verse como alegoría del planeta, sumido en batallas darwinistas injustas y desiguales, dentro de un multiverso apocalíptico.

La facturación alternativa del filme es otro de sus atributos secretos, otro de sus mensajes silenciosos que se envían con sentido del gusto y de la oportunidad comunicacional.

La película se hizo con un programa que se llama Blender, que es de “open source”, que cualquiera puede descargar, para modelar texturas y gráficos tridimensionales, con el propósito de diseñar videojuegos y afines.

Por tanto, como siempre, no es la flecha, es el indio que sabe acertar en la diana con sus recursos y destrezas.

Así, Gints Zilbalodis ha realizado una película clave para la historia de la animación.

Me atrevería a decir que Flow es equivalente a un hito como 2001 para la ciencia ficción, al potenciar al máximo las herramientas expresivas del arte del cine, para volvernos a enseñar a mirar el mundo con los ojos frescos de un gato negro, un lémur y una capibara, quienes tendrán la ayuda de una ballena majestuosa y surreal, como de Melville y El Principito.

Un filme cósmico, poético y con algunas de las imágenes más poderosas que hemos visto en años.

Nos brinda esperanza sobre el futuro del cine que amamos.

Un relevo que le sale al paso a las olas de pesimismo y destrucción que nos asolan.

Puede que la salida esté en ponernos de acuerdo, como especie en peligro, para salir a flote y guiar la balsa del planeta hacia un destino mejor.+

 

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