El tema Harris en el Festival de Viña del Mar 2025 sirve de diagnóstico de cuán enferma está el alma nacional venezolana. El fracaso del humorista en la presentación de su rutina, inducido desde el principio por algunos integrantes del público, sentados en la primera fila, da para otras lecturas en el reposo del escándalo que se ha presentado en las redes sociales y las opiniones que se han disparado de lado y lado. En el medio del debate reside el odio que se ha inoculado desde el morbo de la política que da para sacar conclusiones y enseñanzas para todo el mundo. Especialmente para los artistas y el ciudadano común en tiempos de radicalización y extremismos.
La revolución bolivariana desde su llegada en 1998 estableció como una línea política para mantener viva la movilización y la agitación al enemigo interno: la oposición al régimen. Eso les ha rendido dividendos de permanencia en tanto sirve para identificar, localizar y precisar los blancos hacia donde se van a dirigir sus ataques. Sean estos de naturaleza institucional o individual. Para el régimen alguien o algo que calce perfectamente en la definición de contrario en el sentido bélico y en el criterio operacional de calificarse como “una parte identificada como hostil contra la cual se autoriza el uso de la fuerza”. (sic), todo aquel que se ubique en la acera de enfrente tiene el dispositivo, la composición y la fuerza del enemigo, en consecuencia, debe ser destruido en la literalidad de la expresión.
La revolución nació desde la fuerza de un golpe militar el 4F, creció desde la potencia de los votos a partir de 1998, y a pesar de su origen constitucional y democrático los bordes delincuenciales asociados con la corrupción, el terrorismo, el narcotráfico y las graves violaciones de los derechos humanos, estos morbos le han dado un comportamiento criminal en el tiempo. Así se ha desarrollado como una organización mafiosa con vinculaciones globales, y todo proyecta que su muerte política en el tiempo lo será también por la fuerza. Para extender su permanencia en el poder es capaz de pasar por encima de todo escrúpulo moral, incluso asesinar a sus compatriotas. Y para llegar hasta aquí, después de 26 años de ejercicio en el gobierno, ha envenenado el alma nacional con la pócima de la división. En Venezuela y alrededor del mundo hay patriotas y traidores según la narrativa oficial instrumentada por Hugo Chávez desde el primer día. Y a los traidores en el campo de batalla en que se ha convertido la política venezolana, solo se les aplica el paredón de fusilamiento físico o moral.
Allí es donde debe residir el cuidado y la prevención de los ciudadanos en general. En épocas democráticas, deportistas, escritores, académicos, artistas podían darse el lujo constitucional de mantener su corazoncito político partidista. De mis tiempos Ivonne Attas salía de participar en una sesión en el Concejo Municipal del Distrito Sucre (Petare) por Copei directo a Venevisión, para ejercer sus roles de villana en alguna telenovela y nadie le extendía la tirria del capítulo de esa noche a su vida política o personal. Eso es válido desde esos tiempos para Edmundo Arias, Rebeca González, Soledad Bravo, Luis Aparicio, Chelique Sarabia, Simón Díaz, Marianella Salazar, Alfonso Carrasquel, William Ereu, Gabriel Estaba, Iván Olivares, y otros. A Guillermo Castillo Bustamante, compositor del famoso bolero “Escríbeme”, siempre se le asoció con AD y nadie dejó de entonar la melodía en el tiempo, igual con “Vida consentida”, tema de Homero Parra, otro dirigente de AD, que nadie dejó por fuera en una serenata. Eso cambia a partir de 1998 con la llegada de la revolución. O estás conmigo o pasas a la lista de enemigos. Los rojos no tienen problemas con sus parcelas para identificar a los suyos. Es su política de Estado. El problema es cuando esa misma enfermedad ataca internamente a la oposición y la divide con igual odio que el régimen. Desde el puesto de comando opositor se le ha disparado a los artistas y deportistas devenidos en activistas políticos y se han etiquetado haciendo campaña a favor del gobierno, eso es un caso diferente. Winston Vallenilla, Pedro Lander, Roque Valero, Roberto Messuti, Cecilia Todd, Reina Lucero, Cristóbal Jiménez, Armando Martínez, los hermanos Primera. Pero cuando ejercen su arte y se mueven como blancos móviles es más complicado. Oscar D’León, Emily Galaviz, José Antonio Abreu, Gustavo Dudamel, etc., encajan entre estos últimos. Se acaba de descubrir que ese virus ha mutado internamente de una manera peligrosa en la oposición con este incidente del humorista venezolano George Harris con el monstruo del Festival de Viña del Mar 2025. En Chile lo radicalizaron por sus referencias en tarima desde Miami hacia Allende y Pinochet. Eso lo ha estado explotando el régimen y sus socios políticos en el país austral. En el microscopio, muchos opositores le han negado el apoyo y la solidaridad venezolana, simplemente por haber aupado en algún momento a MCM y la fórmula con EGU. Esa es la mutación. Y allí es donde se puede calificar rotundamente que en una etapa posrevolucionaria el problema político venezolano se soluciona al día siguiente con el cambio y la transición, el económico igualmente, el militar paulatinamente en el corto plazo; pero el social va a requerir de al menos dos o tres generaciones. Hay algunos órganos importantes en el cuerpo social afectados por el cáncer inoculado desde la revolución.
Me gustaría saber cuántos venezolanos en pleno jaleo salsero se salen de la pista de baile – a manera de termómetro– cuando empieza a sonar el “Param pam pam” de Oscar D’León, simplemente porque es Oscar D’León. En el tiempo del boom latinoamericano Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Augusto Roa Bastos, José Donoso, entre otros, pasaron por el sarampión revolucionario y eran afines a Fidel Castro. Nadie dejó de leerlos. Miguel Otero Silva tenía sembrado en su corazón la revolución proletaria y Arturo Uslar Pietri siempre fue identificado como de derecha extrema colindante con el golpismo gomecista. Ambos eran amigos. Nadie en esa Venezuela que quedó atrás de 1998 dejó de admirarles su talento, su arte y su inspiración por eso.
Con este episodio de George Harris en el Festival de Viña del Mar 2025 y el monstruo – ese público irrespetuoso, irracional, absurdo y disparatado en la Quinta Vergara que destroza el arte de quien califiquen como enemigo de su visión– se ha descubierto en la punta del microscopio que este virus se ha replicado en el alma venezolana desde 1998. Estamos mal.

