No solamente las fechorías, sino una locura eterna, pareciera haberse plantado definitivamente en Venezuela como vergonzoso estigma, desde que el neofascismo socialista del siglo XXI, arribó al poder.
Como que si no bastaran 25 años de yugo opresor, perversiones, engaños. De degradación moral, de tener un país, despojado de las necesidades básicas de empleo, salud, educación, esperanzas, y con un salario miserable, y rodeado de zamuros por doquier.
Una indolencia comunitaria, social socialista, infame, sin límites, ante los graves problemas nacionales, como el hambre, la falta de médicos, maestros, y hasta de remedios caseros, sobre los cuales, siguen actuando, como recién llegados, “rodilla en tierra”.
Un país, que ahora solo es, lo que no es. Convertido en vergonzosa parodia bolivariana, en la que se ultraja sin clemencia, el glorioso legado “Moral y Luces”, de Simón Bolívar, así como sus heroicas proclamas, de igualdad, fraternidad, libertad, y mayor suma de felicidad para el pueblo.
Pena ajena, por decir lo menos, es lo que producen, las interminables y angustiosa filas de vehículos, y motos, para surtir gasolina, en un país, que fuera pujante exportador de hidrocarburos. Que a pesar de contar con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, sea hoy un simple comprador de gasolina.
Y así tenemos, que la calmada tolerancia, que la ciudadanía en general, ha guardado con estoicismo en casi todas las regiones del país, frente a la ruidosa, furiosa y peligrosa presencia de motorizados, por todos lados, Ya no da para más. Ahora emerge, como un telúrico SOS, que ruge en la paciencia del pueblo.
Pues a las “nuevas, guapas y apoyadas” generaciones de motorizados, que están saliendo a las calles, unos más violentos y agresivos que otros, como que ya no les alcanzan, las autopistas, y avenidas, para sus incursiones. Ahora también, se apropian de las aceras, caminos y veredas, e incluso, de los espacios peatonales de parques, plazas y bulevares para sus recorridos, o estacionar sus bólidos de dos ruedas.
Y no es que pareciera, sino que es una angustiosa realidad, la conmoción generada, por el ruidoso y agresivo tránsito de motorizados, en calles y avenidas, en especial, de Caracas y poblaciones vecinas.
Y aunque el problema afecta a la población y conductores de vehículos en general, el temor a ser arrollados por motociclistas, se hace cada vez más patético, entre las damas, los niños, y las indefensas personas, de la tercera edad.
-¡No cuatro, si no diez ojos, hay que tener!, le oímos decir a muchas personas en la calle, tras ser asustadas con la bulliciosa estela que dejan los bólidos de dos ruedas, cuando aparecen de repente, sin ser notados.
También es un hecho cierto, que este problema de orden público, en cualquier país civilizado, creció y se reprodujo como la verdolaga, ante las ferias populistas y facilidades de créditos, de la banca del régimen, para la compra de este tipo de vehículos.
Lo que se afianzó definitivamente, con la también populista declaratoria, de las llamadas “moto piruetas”, como deporte nacional. A través de la cual se brinda todo el apoyo para su práctica en los espacios previamente seleccionados, para ello.
Pero como el país es testigo, son innumerables, los motorizados, que lo practican irresponsablemente en cualquier avenida, generando pánico y zozobra.
En honor a la verdad, debemos admitir, que las peligrosas motocicletas, con todo el riesgo que representan, son una necesidad para muchas familias de bajos recursos en el país.
Y para “el motorizado con moto propia”, no solamente es su transporte familiar, si no el medio de sustento laboral privado, en la modalidad de moto-taxis, que miles de ellos, están aprovechando, por la carencia de empleos en el país.
No existen, estadísticas actualizadas sobre la gran incidencia de accidentes que involucran a motorizados, con trágicos saldos de fallecidos, heridos, y mutilados, pero obviamente, que la tragedia humana que representan, es innegable.
Solo sabemos que son considerables, las cifras rojas, y que las autoridades siguen siendo indolentes, ante la amenazante, “Furia Diabólica Sobre Dos Ruedas”, que a diario, desangra a miles de familias en todo el país.
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