Es posible que algunas mentes estén alicaídas por lo sucedido el 10 de enero. Todo eso se esperaba, más allá de las expectativas que se formaron desde la comunidad internacional. Así es la política, llena de ingredientes psicológicos para estimular o adormecer las emociones.
Al día de hoy, tratando de ser lo más realista posible, ha habido un gran avance de las fuerzas democráticas no solo por mostrar gallardía y carácter cívico en la sus justas protestas, sino porque han puesto contra la pared a Maduro y sus aliados, quienes le han dado un golpe fuerte a la Constitución.
Maduro apostó al peor escenario, el de mayor costo político para él. No sólo quedó descubierto como un fraudulento, sino que es un gobernante de facto y con altos niveles de rechazo dentro y fuera de Venezuela. De manera que su poder se tambalea y va a desaparecer con el transcurrir del tiempo.
El juego no se ha terminado aún. Esto nos recuerda a aquella famosa pelea por el campeonato de los pesos pesados entre Muhammad Ali y Joe Frazier en Manila, Filipinas. El retador, Frazier, le estaba dando una golpiza al campeón, Ali. Éste le pidió en la esquina a su entrenador Ángelo Dundee que tirara la toalla porque no tenía fuerzas para seguir boxeando. El entrenador le pidió un favor a Ali que saliera al centro del cuadrilátero en el round siguiente y dependiendo de su estado tiraría la toalla. Para sorpresa de todos, Joe Frazier no salió en ese ring y Alí retuvo el campeonato de los pesados.
Ese episodio boxístico es una clara lección de que nunca debemos sentirnos derrotados por muy difíciles que sean las circunstancias. Más bien, debemos seguir adelante con la frente en alto, respirando fuerte y con la cabeza bien fría. Todavía quedan rounds en la realidad política venezolano los cuales debemos enfrentarlos con mucha inteligencia y optimismo para salir triunfantes.

