El pueblo dio una demostración de civismo y dignidad ayer en las calles de Venezuela. Sin ningún tipo de defensa, solo con su voz y la bandera tricolor, se hizo presente para exigir respeto a los resultados electorales del 28 de julio.
Sin miedo y venciendo la poderosa ola de represión dijo “¡Viva la soberanía popular, Edmundo Presidente!”. Fue la voz de la esperanza, llena de civismo. Una señal de que el cambio viene, más allá de la política de terror que imprimen los que no quieren dejar el poder.
También merece reconocimiento la valentía y el coraje de María Corina, cuyo liderazgo se alza en el ideario colectivo y ha dado un claro mensaje de seguir en esta titánica lucha titánica y ciudadana en defensa de las libertades públicas. Mientras Edmundo González, Presidente electo, se mueve audazmente en el escenario internacional para producir la necesaria transición política en el país.
Estas horas son de gran tensión por lo que está en juego el día de hoy. Maduro pasa a ser un gobernante de facto y sin legitimidad. Apostó por el camino con mayor costo político. El país va a seguir moviéndose reclamando la alternabilidad en el poder.
Así son los procesos históricos. El poder desgasta y nuevos actores entran en escena. El pueblo se cansó de este modelo político y está decidido a seguir protestando por el respeto a la soberanía popular y las libertades democráticas. Precisamente, todo pueblo que desea ser libre debe luchar por tan anhelado ideal.

