Un escrito de Alejandro Hernández en La Gran Aldea ,informa y comenta sobre una reunión que promueve el embajador suizo en Venezuela y un organismo llamado Instituto para las Transiciones Integradas, la cual tendría como objetivos “examinar las oportunidades para alentar al diálogo y al entendimiento en un contexto muy adverso, de continuidad del conflicto político”. Además, busca “comenzar a explorar cómo podría contribuir este desafío a la transformación de la iniciativa en un nuevo pacto político”.
Aunque estos son objetivos loables en países democráticos la reunión mencionada luce extemporánea en una Venezuela donde no existe un gobierno legítimo, donde claramente existe una pandilla criminal aferrada al poder. Como bien dice el escrito de Hernández, esta es una reunión que no podría llevarse a cabo sin la aprobación, sin el visto bueno del narcorrégimen que acogota a los venezolanos.
¿Qué clase de organización es el instituto que copatrocina el evento? Es una organización internacional que promueve la resolución de conflictos nacionales con base en discusiones y negociaciones entre las partes en pugna, lo cual suena muy bien. En la Venezuela del chavismo esta vía de la negociación se ha utilizado por mucho tiempo y ya sabemos lo que ha sucedido. Hoy día lo que hay es un régimen forajido en el poder.
El capítulo venezolano de este instituto está integrado por 16 miembros que no se nombran en el sitio virtual de la institución, ver: Instituto para las Transiciones Integradas. Sin embargo, con base en lo que hemos podido encontrar, las siguientes personas son miembros: Claudia Curiel, Jesús María Casal, Margarita López Maya, Orlando Ochoa.
¿Cuál es la posición de este organismo en torno a la situación venezolana de hoy? Solo podemos juzgar por trabajos recientes, así como por su participación en la convocatoria a la reunión arriba mencionada. En sus trabajos, este grupo dice: “Los opositores a Maduro —especialmente los más radicales verbalmente— conciben la transición como un cambio en la Presidencia de la República. Esta concepción es rechazada por el PSUV y sus aliados, pues la perciben como un mecanismo para derrocar un gobierno que a su juicio es legítimo. Sin embargo, más allá de estas dos visiones contrapuestas, la transición puede significar mucho más que la derrota de uno o la perpetuidad del otro, y aludir a un proceso incluyente que sea aceptable para todos, alejado de aproximaciones un tanto primitivas y manipulables. La transición puede incluir además una visión de futuro para Venezuela en donde las relaciones sociales y políticas no estén mediadas por la polarización y se solucione la crisis humanitaria”. Ver: Elementos de una transición integral e incluyente en Venezuela: Una visión desde lo local.
Como se verá, esta es una posición que considera posible sentarse a negociar con la pandilla criminal chavista, hasta el punto de que mencionan la posibilidad de un proceso “incluyente”, que sea aceptable para todos. Dada la naturaleza criminal del régimen de Maduro esta posibilidad solo puede existir en mentes sumisas. Aunque esto que se transcribe arriba fue dicho en 2020, ya para esa época era fácil ver que el régimen no se transaría por “las buenas”. La convocatoria que están haciendo en 2025 para una reunión sobre posibles reformas constitucionales indica que siguen pensando que Venezuela es como Suiza y que es posible coexistir con el régimen. Es decir, quienes así piensan siguen sin quitarse los guantes blancos, siguen actuando como si estuviésemos en democracia, en una Venezuela donde los criminales del régimen nunca han tenido guantes sino manoplas.
Al ver la lista de invitados a la reunión que enumera el escrito de Alejandro Hernández se acentúa la sospecha de que esta representa un intento de “normalizar” las relaciones con la pandilla chavista. Esta lista incluye a Arturo Peraza, sacerdote jesuita y rector de la Universidad Católica Andrés Bello; Ana María San Juan, profesora de la Universidad Central de Venezuela; Claudia Nikken, secretaria ejecutiva de la delegación de la Plataforma Unitaria en la mesa de negociación de Barbados; Jesús María Casal, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello y expresidente de la Comisión Nacional de Primaria; María Eugenia Salazar, socia del escritorio jurídico Baker & Mckenzie y miembro de la Junta Directiva de Conapri; Rafael Guzmán, miembro de la Junta de Dirección Nacional de Primero Justicia; Ramón Guillermo Aveledo, político venezolano; Ramón José Medina, político venezolano; Stalin González, representante de Un Nuevo Tiempo y Víctor Rago, rector de la Universidad Central de Venezuela.
En esta lista hay personas respetables, quienes -sin embargo- han mostrado tendencia a negociar con los criminales y a combatir la postura de María Corina Machado, quien representa la aspiración de libertad y democracia de la inmensa mayoría del pueblo venezolano, no solo porque tiene gran carisma sino porque ha mostrado con perseverancia una postura digna y decente, diferente a quienes parecen estar resignados a tolerar un régimen que es intolerable.
Nota adicional: También nos asombra ver la postura genuflexa y abiertamente inmoral de representantes del partido de Manuel Rosales, al reconocer abiertamente al régimen ilegítimo de Nicolás Maduro.

