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Eduardo Fernández: 23 de Enero

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El 23 de enero de 1958 ocurrió en nuestro país un acontecimiento que merece ser recordado. Desapareció la que pensábamos que sería la última dictadura militar en nuestra historia. No fue un golpe de estado. No fue una revolución cruenta. Fue un pronunciamiento nacional. El país entero se expresó en contra de la dictadura y a favor de la democracia.

Todo comenzó el 1 de mayo de 1957. En esa fecha apareció la carta pastoral del arzobispo de Caracas, Rafael Arias Blanco. En ese documento se hacía una denuncia muy categórica contra las injusticias del régimen militar.

La Iglesia se colocaba en la vanguardia de la lucha a favor de la democracia y de la justicial social. En contra de la arbitrariedad y del atropello a los derechos humanos. Después vino la huelga universitaria del 21 de noviembre del mismo año: 1957. Los estudiantes fuimos “el canto del gallo en la madrugada de la libertad”. Así lo expresó en elocuente discurso Rafael Caldera.

En diciembre de ese mismo año, el gobierno inventó una maniobra grotesca para evitar unas elecciones que sabía que perderían. Convocó a un plebiscito para que el pueblo manifestara si quería que el dictador se mantuviera en el poder o lo abandonara. Como era previsible, el Consejo Supremo Electoral de la época, obedeciendo instrucciones de Miraflores, informó que el plebiscito lo había ganado el dictador. Como pueden observar los lectores “no hay nada nuevo bajo el sol”.

El 1 de enero de 1958 se produjo un alzamiento en la guarnición de Maracay. Ya no será solamente la Iglesia y los estudiantes. Ahora se ponía de manifiesto que en los cuarteles también había malestar y descontento. El 21 de enero se produjo una huelga general y el 23 de enero finalmente cayó la dictadura.

De los acontecimientos que hoy celebramos hay lecciones que son aplicables en el presente. La primera de esas lecciones es la importancia que tiene la unidad de los ciudadanos. En la Venezuela de 1958 se produjo un fenómeno de unidad nacional. Todos los sectores, los estudiantes y los trabajadores, los empresarios y los intelectuales, la Iglesia y los profesionales y, finalmente, las Fuerzas Armadas. Todos coincidimos en que valía la pena luchar en defensa de la libertad, de la democracia, del estado de derecho, del respeto a los derechos humanos y en contra de la dictadura, de la arbitrariedad, de la corrupción y del militarismo.

Además, no fue Caracas solamente, fue toda la nación. Fue en toda la geografía nacional que se produjo un sentimiento unánime en contra de la dictadura y a favor de la democracia.

Las lecciones son muy claras: unidad nacional, claridad de propósitos, decisión de arriesgarlo todo por el interés nacional. Amor por la libertad y por la justicia. Esa unidad se iba a manifestar más tarde en la aprobación del Pacto de Punto Fijo y en la discusión y eventual aprobación de la Constitución Nacional de 1961, que fue aprobada con el voto positivo de todos los miembros del Congreso Nacional. La de más larga duración en la historia constitucional de Venezuela.

El 23 de enero es una fecha que merece ser recordada porque ese día quedó de manifiesto el amor del pueblo venezolano por la libertad y por la democracia. Ese día quedó en evidencia que “el pueblo unido jamás será vencido”. Quedó en evidencia también que los venezolanos rechazamos la dictadura, las trampas electorales, el militarismo y la arbitrariedad.

Después del 23 de enero tuvimos cuarenta años de gobiernos civiles, democráticos, respetuosos del estado de derecho.

La democracia volverá a resplandecer en la política venezolana.

Seguiremos conversando.

 

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