Engañifa gubernativa
En todos estos años, el régimen dominante ha utilizado el petróleo como arma estratégica y como arma argumental, para presentarse ante el país, como víctima del Gobierno de los Estados Unidos, a quienes sus voceros acusan de querer invadirlo, para apropiarse del mismo, a pesar de que su presencia en el país, se remonta aproximadamente al año de 1922, cuando reventó el famoso pozo R-4 de la compañía norteamericana Shell, con una producción diaria de cien mil barriles diarios, iniciándose así, la aún vigente era de la economía minera. Refiriéndose a ese proceso de explotación petrolera, el autor Sergio Aranda, dejó escrito que, “la explotación se desarrollaba vertiginosamente, durante la década de los años veinte”. Las exportaciones crecían considerablemente, hacia los Estados Unidos, los cuales, habían invertido en el crecimiento de la industria según informa Paul Nehru Tennassee, la suma de 161.565.000 millones de dólares, la que iba aumentando cada año, llegándose incluso a presentar en 1927 una situación de sobreproducción y una disminución en la demanda.
Adiós a la Venezuela agraria
Iniciado con fuerza el negocio petrolero, quedó atrás, la cultura y economía agraria, en algunos años, aumentaron los ingresos de los trabajadores, merman en los campos, sus más importantes cultivos: maíz, cacao, café y tabaco entre otros. Ya para el año de 1934, las compañías petroleras norteamericanas y angloholandesas, transfirieron al fisco nacional millonarias utilidades, que en virtud de la “revaluación” de la moneda venezolana, sirvieron para cancelar mejores remuneraciones, impuestos y regalías al Estado. Esos mejores pagos en los campos mineros, atrajeron agricultores, que iban a confiar ahora su porvenir y el de sus familias al oficio de obreros petroleros en que se convirtieron. Contra la agricultura se combinaron entonces un conjunto de circunstancias económicas, relacionadas con el sector petrolero, que terminaron disminuyéndola considerablemente. Sin, embargo, vale recordar que, esa actividad primaria, durante la primera guerra mundial, cumplió con los aliados, cuando las economías europeas se vieron afectadas, los proveyó de alimentos, generando buenos ingresos para el país.
Colonialismo informal
La manera en que las transnacionales intervenían en los derechos civiles de los ciudadanos de aquellas épocas, se circunscribía a la redacción de las normas por las cuales se regían, algo así como se hizo en el país del norte, durante la colonización, y de lo cual el dictador Juan Vicente Gómez, sacaba bastante provecho, junto con su círculo de allegados, razón más que suficiente para permisar a aquellas acciones, tendentes a la explotación petrolera, eso sí, con la condición de que no lo dejaran por fuera de las jugosas utilidades, las que se le entregaron en un 30%, junto con las exiguas regalías por exploración y explotación. Ramón Díaz Sánchez, escritor venezolano explicó tan deshonesta circunstancia de la siguiente manera: “aquella liberalidad del Estado venezolano hacia el capital extranjero, se presentaba en medio de un país despoblado, pobre y carente de cultura patriótica y económica, lo que significaba ignorancia, insensibilidad y egoísmo. La explotación petrolera y del oro también, enfatizó el mencionado autor, “impactó considerablemente la psicología de un pueblo que como el venezolano estaba acostumbrado a privaciones, analfabetismo y enfermedades.
Era tal el poder de aquellas compañías que, Juan Vicente Gómez les concedió también la potestad de expropiar a los habitantes y comunidades de sus tierras, para ello, los representantes de esas transnacionales, tenían la influencia suficiente sobre miembros del Poder Público Nacional, llegándose incluso a comentar que ellos, tenían la suficiente confianza con el dictador, para recomendar la destitución de los Ministros que no cedían a sus peticiones. Mientras las inversiones crecían, fue una época de estabilización de la industria petrolera en el Zulia, Falcón y el oriente venezolano.
Viraje gubernativo
Para el año de 1938, la Ley de Hidrocarburos vigente, permitía la creación de empresas o institutos autónomos destinados a la explotación directa de los hidrocarburos, lo cual iba a consistir en exploración, explotación, manufactura, refinación y transporte del producto, considerándose igualmente que los derechos de los concesionarios no eran absolutos, sino sujetos a leyes soberanas, con lo cual se reconoció una más clara y refinada intervención estatal en el funcionamiento de la industria y sin que tales decisiones, provocaran reacción diplomática o militar, por parte de los países a los cuales pertenecían esos consorcios. Después de 1945, se les impuso a esas transnacionales un impuesto adicional, cuando la renta era mayor a 800 mil bolívares, todo lo cual mejoró, la capacidad financiera del nuevo Gobierno. Posteriormente en el año de 1946, se reformó la Ley del Impuesto sobre la renta, con el propósito de equilibrar las ganancias de las trasnacionales y la participación del Gobierno nacional. Ya en el año 1948, antes del derrocamiento de Rómulo Gallegos, se decretó el llamado fifty-fifty (50/50) motivado principalmente al incremento en el costo de los materiales de la industria petrolera.
El anuncio de apoderamiento
Con base a las anteriores consideraciones, podemos decir que, las empresas económicas norteamericanas, tienen en Venezuela, más de 100 años de actividad económica, y de acuerdo a lo que se describió a lo largo del tiempo, han existido desventajas o equiparamientos económicos y tributarios, con los Estados Unidos, en un marco de respeto y legalidad, que duró hasta el año 2000, cuando de manera abrupta y arbitraria se produjeron las expropiaciones ilegales de las empresas Chevron, Exxon y Conoco entre otras. Tan arbitrarias actuaciones gubernativas, trajeron al país enormes daños patrimoniales, al tener que indemnizarse esas empresas, por millonarias sumas de dinero; pero sin que, ello haya ocasionado una intervención militar de la potencia militar y tecnológica norteamericana, como cada vez que pueden nos lo recuerdan, buscando exaltar un nacionalismo que, sabemos no existieron en los autores de esos abusos, que bien pudieron haber causado la tantas veces anunciada invasión en defensa de los intereses económicos norteamericanos.
Para finalizar esta opinión semanal, solo resta decir que, constituye un argumento infundado el utilizado por el régimen, de gritar a los cuatro (4) vientos que EEUU, nos quiere quitar el petróleo y el gas, cuando ellos en realidad, tienen millonarias reservas de estos combustibles, y su petróleo es de mayor calidad al nuestro, si el imperio como lo denominan, hubiese querido actuar bélicamente contra Venezuela, ya lo hubiese hecho inclusive desde la década de los años 20 del siglo pasado, por lo tanto, “ese nos quieren invadir” o “aprovecharse de nuestras riquezas”, no es más que la consabida retórica contra el país del Norte de América.

