Recuerdo a Isaías Rodríguez con la gratitud del hombre que defendía con fervor a obreros subyugados por sus patrones, a empleados despedidos injustamente y a sindicatos que buscaban reivindicar y adecentar las jornadas diarias.
Cuando llegué a Maracay enviado por un laboratorio médico en calidad de visitador, era un hombre incómodo para esa empresa y abruptamente sin justificación alguna decidió prescindir de mis servicios, es decir botarme pal carajo en el peor momento de mi vida.
Mi esposa embarazada y la situación angustiante que generó aquel desafortunado despido perdió nuestro primer Bebé
La empresa que ya no existe, enfiló sus baterías hacia a mi e invento cualquier cantidad de artimañas para deshacerse de esta inquietud. Tuve varios años con ellos, fui muy eficiente y destacado en mi trabajo, gane premios por el mismo tenía un buen sueldo y venía avanzando vertiginosamente a asumir una gerencia regional y como buen ambicioso y conocedor de mi labor , porque no ? hacer carrera gerencial, nunca hablaron con nadie el porqué de mi cesantía y en el Mes de Diciembre de año 70 giraron invitación para la fiesta de fin de año y me prepare para asistir, compré un elegante trajes a mi bella esposa la vestí como si fuéramos los anfitriones y ese mismo día previa esa fiesta pagaban utilidades y prestaciones junto con la liquidación de fin de año que se destilaba en esa época .viaje a Caracas con la alegría que daban esos festejos fui a la sede de la empresa y como si me estuvieran esperando me pasaron al “cuartico”
Un gerente con la antipatía de haber recibido un mandato, me increpó “Sr. Mendoza usted desde hoy está despedido, mi cabeza dio todas las vueltas hasta que me centre y pregunte con ingenuidad ¿Que había pasado?, la respuesta fue aquí está lo suyo firme y vallase.”
En ese momento mis pensamientos recorrieron toda mi incipiente vida y no firme, me fui y no sabía qué hacer, hasta que ya ordenando mis pensamientos empecé aprender lo que tenía que hacer. Un abogado que se cruzó en mi camino escuchó mi confuso cuento y me dijo “yo no te puedo ayudar porque yo defiendo empresas , pero tengo un amigo que es abogado y a pesar de que no nos sentamos en el mismo banco sé que resolverá tu caso “ es el Dr. Isaías Rodríguez, este es su número. Y lo puedes llamar en mi nombre.“
El abogado de aquella empresa de apellido Montes de Oca era un hombre muy temido, un destructor humano, un descabezado de prestaciones sociales y en enero del 71 me presenté en la empresa por instrucciones de Isaías y el abogado de ellos tenía que venir a litigar mi caso en Maracay, aquel hombre me llamó con una furia porque él no había salido de la placidez de Caracas
Se presentó en Maracay y el Dr. Isaías lo abordó con la certeza que da la razón. Aquel desconocido abogado entró en el tribunal dando órdenes, furioso y violento como si tuviera la ley en la mano, Isaías lo observaba y yo achicopalado e intimidado por aquella actitud con muy poca aptitud
En un momento Isaías lo detuvo y con mucho estoicismo lo abordó con preguntas que aquel leguleyo no supo responder y terminó aquella fiera preguntándome que es lo que tú quieres Isaías al verme asustado me tocó el hombro para que no hablara y le leyó la cartilla. Su sueldo al día de hoy es tanto, su prestación tantos, su aguinaldo son tanto y su liquidación y mis honorarios tanto
Carlos Mendoza, el hombre accedió y como castigo me dijo te voy a pagar lo que corresponde pero más nunca vas trabajar en la industria farmacéutica, se puso a redactar un documento que me execraba de esa. Industria. Yo nunca había visto 100.000 Bs y más juntos.
A partir de ahí surgió una amistad que los dos apreciamos mucho fue a una de mis conferencias y su esposa Yolanda Rojas Urbina me apreciaba por la actividad cultural que ejercía en el estado Aragua
Paz a tus restos Isaías tu misión en esta tierra ha sido perfectamente cumplida.

