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Salman Rushdie: Parecía que el siglo XXI iba a ser mejor que el XX, pero ahora sabemos que no

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Recuperado e inmerso en la escritura de un nuevo libro, el escritor charla sobre los grandes males de la sociedad contemporánea y sobre ‘Cuchillo’, el relato en primera persona del ataque que sufrió, elegido mejor ensayo extranjero del año por ‘La Lectura’. “Antes quería venganza, ahora ya me da igual”

“Cuánto tiempo sin charlar, ¿qué tal todo? Te veo bien, aunque un poco a medias”, dice entre risas Salman Rushdie (Bombay, 1947). Hace cuatro años hablamos por su espléndida novela Quijote, en la que sublimaba la novela de Cervantes en una radiografía de la sociedad americana contemporánea. Desde entonces han pasado muchas cosas. “Sí, hubo una pandemia y sufrí un ataque. Además, tenemos a Trump otra vez. El mundo está en peores condiciones que hace cuatro años y yo también estoy un poco peor. Aunque ya me he recuperado mucho, como puedes ver, hay lesiones que no desaparecen [señala su ojo tapado] pero tengo que lidiar con eso. También soy cuatro años mayor y, cuando llegas a los 77, empiezas a pensar en otras cosas desagradables que vendrán en el futuro. Sin embargo, creo que, aparte de lo obvio, la gente que me conoce diría que soy la misma persona”, afirma haciendo gala de ese humor que considera “uno de nuestros grandes dones como seres humanos”.

Mucho humor e ironía, aunque parezca imposible, encierra Cuchillo. Meditaciones tras un intento de asesinato (Random House), las crudas memorias en las que el escritor narra el archiconocido atentado que casi termina con su vida hace algo más de dos años y del que ya no quiere decir mucho. Hace un par de meses supimos que se retrasa de nuevo el juicio contra su agresor, que se ha negado a declararse culpable. “Al principio sí quería cierta venganza y, sobre todo, comprender a ese hombre [en el libro añade un diálogo ficticio con el homicida]. Ahora, sencillamente me da igual, quiero olvidarlo”, asegura, aunque sí testificará en el juicio por “deber cívico”.

Recuperado casi del todo e inmerso en la escritura de un nuevo libro, Rushdie vuelve a sentirse como lo que siempre fue, uno de los narradores más brillantes de su época: “He contado siempre conflictos privados y sociales: mi infancia en la India, mi tradición cultural musulmana, el problema de Cachemira, la inmigración en Reino Unido, la sociedad americana… Mi motivación para escribir siempre ha sido encontrar nuevos temas y desafíos”. Y también como uno de los intelectuales actuales más sagaces a la hora de describir los males de nuestra sociedad, por más que diga que sus palabras son sólo “los consejos de un anciano”.
El ataque sufrido, pensado para matarle, encierra una paradoja: ha devuelto sus opiniones y las de muchos otros escritores al debate público, ¿es irónico, no?

Ciertamente sí, pero el problema es que se recoge sólo una gama muy limitada de ideas. Si has escrito, como yo, 22 libros, te has pasado la vida pensando en muchas cosas diferentes, y en este momento, sólo hay uno o dos temas de los que la gente quiere hablar. Y eso es en cierto modo frustrante porque, como digo, tengo un espectro más amplio que eso, en mi opinión. Pero estoy muy contento con la forma en que mi libro Cuchillo fue recibido en todas partes, por supuesto la elección de su periódico también es un honor. Siempre es una sensación muy buena cuando un libro es bien recibido, pero en este caso supongo que importa un poco más debido a la razón de su existencia. Así que también fue muy reconfortante pensar que la gente entendió el mensaje y lo apreció.
Le comentaba esto porque desde hace años los intelectuales ya no tienen en Occidente el peso social de antaño, ¿cómo es posible revertirlo?

No sé si es posible revertirlo. No puedo decir nada sobre España porque no estoy tan bien informado, pero aquí en Estados Unidos uno de los grandes problemas es que hoy en día la gente tiene muy poca educación. Ese bajo nivel es problemático y tiene mucho que ver con la forma en que ha ido este país. Por darle un ejemplo, tras las últimas elecciones hubo un montón de publicaciones en TikTok de jóvenes que habían votado por Trump y que decían que no se habían dado cuenta de que el Obamacare y la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio eran lo mismo. Habían votado en contra del Obamacare porque contenía la palabra “mala” Obama sin saber que rechazaban la asistencia sanitaria, que necesitan. Y eso es fruto de la estupidez provocada por un bajo nivel de educación. Una realidad que también proviene del reducido interés de la gente en las opiniones de personas como yo. Quiero decir, si fuera un influencer o una estrella del pop, tendría mucho más peso que el que tengo. Pero está bien, ya no me importa. Una de las grandes liberaciones de envejecer es que dejas de preocuparte tanto, es un problema de futuro, de los más jóvenes. Yo con escribir mis libros tengo suficiente. Incluso eliminé lo que solía llamarse Twitter y es un placer enorme no tener ese ruido en mi cabeza.

¿Cómo ha sido eso?

Por hartazgo. Cuando Twitter comenzó era posible imaginar que sería un lugar de debate donde uno podría tener buenas conversaciones y, como escritor, reunirse con sus lectores. Ahora se ha convertido en un lugar para lo desagradable. ¿Quién necesita un lugar así? Es como si fuera una habitación llena de gente con la que no quieres estar, así que sal de la habitación. Creo que le damos demasiado peso a las redes sociales porque tenemos la ilusión de que representan la opinión pública. Pero en realidad sólo dan voz a un segmento más bien pequeño de ella cuyo eco tiene mucha resonancia. Lo afronto alejándome de eso. En el tiempo que me queda, espero tener algunos libros por escribir y algo de tiempo para pasar con familiares y amigos. Eso es suficiente.

La democracia depende de la discusión y la libertad de expresión consiste en oír aquello con lo que no estás de acuerdo. Cualquier otra actitud es totalitarismo.

Defiende que uno de los grandes males de nuestro tiempo es la ignorancia, que conduce al fanatismo y todas las fake news y mentiras que nos inundan cada día. ¿Pueden ser el arte y la literatura un antídoto para esto o es atribuirles demasiada responsabilidad?

Desde luego, todas las artes enriquecen el espíritu humano. Ya sea música, literatura, cine, teatro o danza, todas son muy importantes para la naturaleza humana porque representan una palabra pasada de moda: civilización. Pero siempre me resisto a intentar reclamar demasiado porque no estoy seguro de que el arte pueda cambiar el mundo. Lo que podemos hacer es cambiar la mentalidad de personas individuales, en mi caso, lectores, pero el arte muy raramente crea grandes cambios sociales. Aunque hay ejemplos. El más conocido está en EEUU y es la novela La cabaña del tío Tom de Harriet Beecher Stowe, que tuvo un impacto colosal en cómo la gente pensaba la esclavitud. Hay una anécdota que dice que cuando le presentaron a la escritora, Lincoln le dijo: “Oh, entonces tú eres la mujercita que inició esta gran guerra” Pero, en general, eso no sucede. Incluso piensas en las mejores novelas de nuestro tiempo, como Cien años de soledad, un libro que todo el mundo leyó o al menos fingió haber leído… Obras así aumentan en la gente la comprensión de lo que es el mundo, de quiénes somos y por qué, pero lo que hagan las personas con eso ya es asunto suyo.

En este sentido, en Cuchillo ha tenido que retomar muchos temas que consideraba zanjados: sus opiniones sobre religión, la idea del arte y la literatura, la libertad de expresión… Su opinión no ha variado desde los 80, pero ¿cómo ha cambiado la percepción social de estos debates? ¿Nota un avance o una regresión?

Una de las cosas que más me preocupa es que está creciendo una generación que valora menos la libre expresión que la justicia social, que piensa que en nombre de la idea que tenga de ésta, está bien impedir ciertos tipos de pensamiento contrarios. Mi generación y yo mismo entendíamos justamente la libre expresión como permitir la expresión de cosas con las que no estás de acuerdo. Si estás dispuesto a defender eso, entonces crees en la libertad de expresión, si no, no. Y en nuestra época el compromiso con ese principio está erosionado. Ya no tengo 25 años así que será esta próxima generación la que determinará cómo será el mundo, pero sí quiero ofrecer el consejo de un viejo: no se equivoquen en esto, porque sería un error importante. La democracia depende del desacuerdo, la democracia es discusión, siempre lo ha sido. No trata de que todos se sienten y sean amigos y estén de acuerdo en todo. La gente tiene opiniones muy fuertes y no están de acuerdo entre sí y pelean, discuten y celebran elecciones, y un lado gana y el otro pierde, pero eso no significa que deba haber un solo lado. Eso es totalitarismo. Y existe el peligro de una versión cultural de eso, pues ahora muchos intelectuales defienden que no quieren saber nada de personas o ideas que no les agradan. Eso no es libertad, y lo repetiré siempre.

Ahora que la vemos desaparecer en varias partes del mundo, ¿quizá la democracia peligra justamente porque pensábamos que siempre iba a permanecer ahí, la dábamos por hecha?

Es más que posible. Desde luego, es vulnerable, probablemente más hoy que en cualquier otro momento de mi vida. El otro día estaba hablando con algunos amigos y comentábamos como hacia el cambio de siglo, hace sólo 25 años, todos éramos bastante optimistas y teníamos muchas esperanzas sobre cómo iban las cosas. El mundo parecía ir en buena dirección. Parecía que el siglo XXI podría ser mejor que el siglo XX. Hoy sabemos que no. Es una verdadera decepción que las cosas no hayan resultado así, pero algo que sé de la historia es que cambia de dirección en muy poco tiempo, no es inevitable. Puede haber alteraciones dramáticas a alta velocidad. Sólo hace falta mirar a Siria. ¿Quién pensó que Asad estaba a una semana de correr hacia Moscú? Eso demuestra que aunque no estamos en un buen lugar en este momento eso no es inmutable. Espero vivir otros 25 años para poder ver girar la rueda nuevamente. Tendría 102, pero quién sabe.

Las épocas cambian, pero los seres humanos no. Si la literatura consigue representar la naturaleza humana se volverá algo inmortal

Hay un momento particularmente emotivo en el libro en el que recuerda a amigos enfermos o ya fallecidos como Paul Auster, Hanif Kureishi, Martin Amis… toda una generación que desaparece. ¿Cuál cree que será su legado, tanto literariamente como en general?
Es difícil saberlo porque, en cierto modo, no me corresponde a mí decirlo, sino a otras personas. Pero sí creo que ésta ha sido una generación muy rica artísticamente. Aquí en Estados Unidos estamos de luto por la muerte reciente de la gran poeta negra Nikki Giovanni, de la generación de James Baldwin y Toni Morrison, que fue como una estrella de rock de la poesía enormemente influyente para la comunidad negra, pero no solo. Tenía 81 años, cuatro más que yo, y eso da miedo. También pienso en contemporáneos que se marcharon demasiado pronto, como Christopher Hitchens, Angela Carter o Raymond Carver, y recientemente, Paul, Martín, Hanif, que no ha muerto pero sufre una lesión paralizante terrible… Al pensar que esa generación tan talentosa está llegando al final de su trabajo, queda el consuelo de que los libros se quedan en las estanterías. La pregunta es ¿quién los sacará de ellas? ¿Le puedo contar una anécdota?

Por supuesto.

Hace algunos estaba en Chicago en una librería, en una gira de promoción de libros, creo, y al mirar en los estantes no encontré novelas de Saul Bellow, Premio Nobel y famoso escritor de la ciudad. Y le dije a la librera: “¿cómo puede ser que aquí no tengas libros de Bellow?”. “Nadie los pide”, me contestó. Y me mortificó la idea de que incluso siendo un escritor famoso y exitoso, quince años después de tu muerte puedes no interesarle a nadie. Pero bueno, incluso Shakespeare o Cervantes tuvieron períodos en los que no fueron populares, y si les puede pasar a ellos…

Hace un par de años, en estas mismas páginas, Enrique Vila-Matas nos decía que ningún escritor puede hoy aspirar a la inmortalidad.

Enrique es un autor estupendo, pero muy bromista y creo que esa aspiración es innata en los autores. Sin embargo, el problema no son los escritores, los hay maravillosos que trabajan hoy en todo el mundo, la pregunta es: ¿hay lectores que saquen los libros de las estanterías? Me he dado cuenta de que vivimos en una época en la que hay afición por los libros muy cortos. Y creo que una de las razones por las que a Cuchillo le ha ido tan bien es que es bastante corto. Si fueran 400 páginas, no creo que hubiera servido tanto, pero como tiene 200, la gente le da una oportunidad. Vivimos en una época en la que la capacidad de atención ha disminuido, y espero que no vaya a más, de lo contrario no habrá lectores. Esas son cosas del futuro que me gusta no saber. Pero creo que, en cierto modo, todos los escritores escribimos tanto para el presente como para el futuro. Quieres que tu libro esté vivo cuando tú no lo estés. Hablábamos de Paul y Martin y los tengo aquí mismo [Rushdie se levanta y rebusca entre los tomos]. Y es bueno tenerlos porque puedo abrir el libro y estar con ellos nuevamente. Así que debes esperar que al menos algo de lo que hagas sea interesante más adelante.

¿Y considera que usted lo ha logrado?

Eso espero. Por ejemplo, Hijos de la medianoche se publicó en 1981 y una de las cosas que me enorgullece es que todavía se reimprime y se compra en todo el mundo, la gente todavía parece encontrar que tiene algo que decir. Y eso es lo que esperas, que los libros sigan teniendo la capacidad de hablarle a la gente. Las épocas cambian, pero lo que nunca lo hace es la naturaleza humana. Somos las personas que somos y nos comportamos como se comportan los seres humanos. Por eso podemos leer obras de otras culturas y otros idiomas. Porque incluso si leo una novela china, la naturaleza humana es la misma. Y así podemos entender a personas en partes remotas del mundo que hablan diferentes idiomas e incluso del pasado, porque somos iguales. No vamos a cambiar. Dentro de cien años seguiremos siendo nosotros mismos. Eso, espero, es en lo que ciertamente puede confiar el arte de la literatura. Que la naturaleza humana es la gran constante. Mientras puedas representarla sinceramente, tal vez la gente todavía esté interesada en el futuro, para siempre.

La fatwa y el atentado son mucho más ruidosos que una novela, pero creo que en el futuro lo más importante serán los libros. Es mi esperanza.

Al hilo de esto, cuando charlamos por su Quijote me dijo que si el motor principal en la obra de Cervantes era la justicia, en el mundo actual es el amor. En Cuchillo hay mucho amor, desde el de su mujer al de los muchos amigos y miles de personas, conocidas y anónimas, que le brindaron su apoyo. ¿Es el amor la fuerza que realmente mueve el mundo, la que compensa todo el odio, la injusticia, la violencia?

Realmente lo creo. Si tenemos suerte, podremos amar y sentir amor, ese es el secreto de una buena vida que compensa todo. El mundo fuera de la ventana es una mierda, suceden cosas terribles todos los días, pero si tenemos suerte de amar y sentirnos amados, eso te da fuerza, la capacidad de atravesar la vida. No siempre lo entendemos, a veces tenemos amor y lo perdemos, somos descuidados con él y lo tiramos a la basura. Yo he hecho todo eso. Pero ahora me siento afortunado, no sólo en el amor romántico, sino también en el amor familiar y de amigos. Creo que tal vez fue una de las pocas lecciones que nos dejó la pandemia, una calamidad en la que perdimos a tanta gente también nos mostró lo que es valioso y a lo que realmente quieres conservar.
Habla de la pandemia, pero mirando al mundo cuatro años después: las guerras en Gaza y Ucrania, la tensión en Corea y Japón… Ahora Trump ha vuelto a ganar, algo que le parecía impensable en mayo. ¿Cómo afronta estos próximos cuatro años?
Tiene razón. Los países cometen errores históricos. El Brexit británico fue uno y la reelección de Trump es otro. Aunque si realmente nos fijamos en lo que pasó, su voto apenas aumentó en un millón de personas. Pero 11 millones de personas menos votaron por los demócratas. No es que Trump haya ganado, sino que nosotros perdimos. No nos presentamos el día de las elecciones. ¿Por qué? ¿Qué no entendimos? El 20 de enero va a ser malo y muchos de nosotros estamos planeando cómo superar los próximos cuatro años. En realidad dos, porque en 2027 habrá elecciones a la Cámara de Representantes y si podemos cambiar el equilibrio en el Congreso, evitaríamos los peores excesos. Pero se puede hacer mucho daño en dos años. Debemos preguntarnos qué hicimos mal y subsanarlo, de lo contrario podríamos asistir a una dinastía, quizás de Don Jr. o de Ivanka. Cualquier cosa puede suceder, hay que estar preparados.

Más allá de la política, el mayor miedo que expresa en Cuchillo es la idea de volver a quedar encasillado por un hecho ajeno a lo literario como ocurrió con la fatwa hace años. ¿Cómo se supera esa idea? ¿Realmente cree que estas “anécdotas” enterrarán su obra?

Desafortunadamente, existe la posibilidad, porque han sido eventos de resonancia global que conoce mucha gente que no sabe nada de mí. Si le dices mi nombre a un taxista, probablemente te dirá: “Oh, es el tipo al que intentaron matar”, o algo así. Es decir, la primera conexión es con este ataque a mi trabajo, no sólo el de hace dos años, sino el que comenzó en 1989. Claramente, fueron cosas mucho más ruidosas que una novela. Sin embargo, es el amor de la gente, no el escándalo o el ruido político lo hace que un libro sobreviva. Para la gente que me lee, la fatwa no es tan importante y creo que en el futuro lo más importante serán los libros. Es mi esperanza.

Está de nuevo inmerso en una obra de ficción, tres nouvelles autobiográficas sobre los tres grandes lugares de su vida, ¿qué tal va ese proyecto?

En efecto, tengo esta idea de narrar cada uno de los tres mundos en los que he vivido, el indio, el inglés y el americano, en tres piezas, y en eso estoy trabajando. Pero lo hago muy lentamente. Publiqué Cuchillo este año y Ciudad Victoria el pasado, así que no hay prisa. Lo estoy disfrutando y haciendo progresos razonables, pero como digo, voy deliberadamente despacio. Puede que me lleve otro año, no sé. Tras terminar este último libro estuve por un tiempo realmente preocupado. ¿Qué sigue ahora? No lo sabía. Pensé que tal vez no habría nada más. Pero mi esposa me dijo: “Dices esto después de escribir cada libro y un tiempo después ya estás escribiendo”. Y tenía razón, como siempre. He encontrado una nueva historia y estoy disfrutando de escribir: ¿Qué más se puede pedir?

 

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