Domingo Kultural
Desde niño me han gustado los teatros. Además del colegio me acercaba a los escenarios, y frecuentaba cuanto circo mierdero pasaba por el barrio. En algún momento me monté en las tablas. Aragua siempre tuvo buen teatro y un movimiento musical muy importante. Siendo embalador en un supermercado me encantaba atender a un señor que usaba una ” cola” de caballo muy disruptiva para le época; era Alexis Ragó director del Conservatorio de Música de Aragua. A finales de los años 60-70 ya era una eminencia. De aquí fue directo a la Filarmónica de Berlín. Tuvimos de todo, en todas las bellas artes, desde la Escuela de Arte Dramático, pasando por el Teatro Universitario de Maracay (TUM). Aguas abajo, en cada barrio había un grupete de teatro, títeres, pintura o danzas. No era política de Estado, era iniciativa popular. En todos los tiempos la gente se las arregla para presentar su mejor versión.
No entraré en detalles. La política me atrapó, caí en su tremedal y siempre desde lejos observé con envidia a muchos amigos que se dedicaron a tiempo completo a las artes. Unos viven, otros fallecieron; la lista es larga.
El Teatro de la Ópera de Maracay, después de varias décadas fue construido encima de lo que algun gobierno describió como Casa Comunal. Un lugar horrible, desvencijado frente al viejo Hospital Civil de Maracay donde nacimos o vimos la luz todos los que pasamos del sexto piso.
Los culturólogos de la época, siempre visionarios, de vez en cuando, y para llamar la atención, armaban una tarima debajo de aquellas estructuras y montaban algo. Finales de los 60 y 70 vimos algunos conciertos. Los Madrigalistas de Aragua, por ejemplo. También el maestro Gerry Weill, recién fallecido, pasó por allí en esa época.
A finales del primer gobierno del doctor Rafael Caldera se inauguró con bombos y platillos nuestro glorioso TOM. Año 1973.
Estuve allí, ese día lo recuerdo clarito. Cargaba puesta mí infaltable chaquetica de pana,al final logré entrar. Siempre encuentro un ángel. Un vecino del barrio, en funciones de soldado de Casa Militar de Miraflores logró colearme.
-Pasa por aquí carajito, me dijo.
Desde entonces presido el CIEM (Comité de Invitados por Ellos Mismos), y a mucha honra.
De manera que al TOM he ido siempre, en unas paso por taquilla, en otras aparece un sponsor.
Nunca olvidaré la primera muestra del famoso Festival Internacional de Teatro, un logro del inolvidable director del Grupo Rajatabla, Carlos Jiménez. Al TOM empezando, le tocó recibir algo de aquello que se presentaba en Caracas; vimos al Teatro Negro de Praga (el original), Teatro El Galpón de Montevideo, La Sagrada Familia de Portugal; Rajatabla trajo Lanzas Coloradas de Uslar Pietri y nuestro Héctor Rodríguez ganó el Festival Regional de Teatro y montó una pieza disruptiva llamada Carro Sacramental.
En el TOM he visto de todo: vi rodar aparatosamente a Rafael, vi a Marcel Marceu; me tomé un café con Facundo Cabral. He visto desfilar cuanto grupo viene de Caracas, Bogotá o Cipango, aquí ha venido de todo. Ya no vienen, y yo voy a ellos.
Le cantamos cumpleaños al “Bebo” Valdez. Esa tarde maravillosa nos visitaba junto a su hijo “Chucho” Valdez, acompañando al Cigala. Los que no saben, activen Google.
A un gobernador impresentable de la V República no le gustaba el teatro y lo tiró al abandono. Hasta que otro innombrable también de la V República lo rescató, agradecidos a éste último; también rescató la Plaza Bolívar y alrededores. No me canso de bicicletear por nuestro casco histórico. Me detengo a contemplar esa maravilla arquitectónica, donde cantó Gardel, creada por Carlos Raúl Villanueva; luego me acerco al espacio donde aparece la cartelera del TOM. Últimamente muy activa, aunque creo que la mayoría son eventos efímeros. Respetables.
Es deseable que recuperen pronto nuestro icónico Teatro Ateneo de Maracay; es hora de desahogar un poco de calichería nuestro majestuoso TOM, construido para el arte superior.
No me digan exquisito o algo parecido. Los vodeviles, espectáculos de vanidades y frívolos o de baja calidad, que se vayan a otros lados. En los clubes y otros locales de la ciudad hay apropiados salones.
Ahora entiendo por qué en aquella época (hoy meten cualquier saco de gatos en su majestuoso escenario) los directores no dejaban presentarse a comediantes de pacotilla o bajo nivel en sus venerables tablas.
He dicho todo esto, en primera persona, y me disculpan, para contarles que el viernes 22 de los corrientes fui al TOM. Se presentó María Sánchez Waina con su equipo y su pieza “el Amor al son que me toquen”.
A María, hace unos años la sigo con atención. Muchos periodistas han estado de moda en Maracay, lamentable que la rutina los atrapó, el tiempo inclemente e inexorable se les fue; al final hicieron mutis en el foro.
María Sánchez no; ella ha aprovechado su cuarto de hora. Se siente…se siente María está presente. Hasta donde sé: un Libro, Historias de Clóset, luego lo llevó con éxito junto al dramaturgo César León a las tablas, hace un par de años hizo otra producción:… y ahora la que acabamos de ver. Ella tiene mucha disciplina y carisma. Eso creo y lo deduzco por lo que veo: es ancla en radio y televisión regional y también proyecta mensajes edificantes y disruptivos en las RRSS.
Aparte de otros emprendimientos privados…
Con esa capacidad de trabajo y capital relacional logra hacer notables producciones. ¿Quién le dice que no?
La he seguido con atención- ya lo saben- me parece interesante, poca gente anda tan activada en asuntos culturales en lo que llaman la provincia. En algún momento nos hemos saludado y hasta un café compartimos.
El viernes tuve a punto de vencer la timidez y subir al camerino para felicitarla junto a su equipo. Son tiempos difíciles y hay que reconocer y agradecer los esfuerzos de tanta gente bonita.
Lo que vi
Primero.- Gran capacidad de convocatoria. Una inmensa fila anunciaba full sala. La gente se mantuvo pese a la ración de patria; a la hora de entrar hubo un corte eléctrico.
Segundo.- mucha concurrencia del pueblo corriente, de a pie, de los que nunca van al teatro asistieron con sus mejores atuendos. Atentos y respetuosos. Llenos de ciudadanía. ¿Se retrataron en taquilla?. No sé ni me interesa. Lo importante es que la pasaron bien. El mensaje llegó y más de uno y una salió reflexionando.
Por último: no soy crítico de Arte y menos de las escénicas. Soy un aficionado que asiste al teatro desde niño -lo dije al comienzo. Espero no molestar, y además lo hago con mucho respeto, si digo que ese género que vi no es el de mi gusto. Entre gustos y colores…
Pero mientras disfrutaba todo aquello, fui haciendo un ejercicio mental para ubicar el concepto de esa producción o hecho creativo. Me parece un buen musical (mis disculpas, puedo estar equivocado). María, genial como siempre, buena actuación, se escuchaba bien. El sonido ayudó bastante. Un libreto bien hilvanado. Músicos y música acoplados. El grupo Pasillaneando siempre se destaca en todas partes. Las muchachas y muchachos del cuerpo de ballet impecables. Una Coral no sobra en ninguna parte, pero alguien comentó que sobraba. Me dejó pensando y comenté: a quien Dios se lo da…
Los giros jocosos, cómicos o chistosos fueron aceptables, y refrescantes. Hasta las groserías sonaron bien. En conclusión: mi calificación al musical, es excelente.
No haré spoilers. María Sánchez eleva varios mensajes y los resumo así: hombres y mujeres debemos reinventarnos. Siempre hay un camino para la felicidad de todos; alcanzarla es obligatorio.
Buen mensaje…Buena terapia…Buena joda.
De algo debemos estar seguros. María además de periodista e influencer, ahora es una gran psiquiatra.
Cada día se supera, apuesto porque en su próximo montaje triunfe en Caracas; allí están concentrados los que saben de teatro.
Nos vemos por ahí.

