Tras 25 años de dominio absoluto, y con los ingresos más monumentales, (+ de un millón de millones de dólares) que haya tenido régimen alguno en el mundo, la tiranía gobernante, ha demostrado absoluta probidad, en el reparto de miserias.
Desde un primer momento, entendieron que solo aplicando la falaz experiencia cubana, de sistematizar el hambre con equidad, represión, control y terror, lograrían como su mentor Fidel Castro, el eterno dominio popular, y luego, erigirse en los “falsos” justicieros de la humanidad que son.
Sus estrategias politiqueras, han sido las de siempre: la defensa a ultranza de los trabajadores y de los pobres, con su mascarada de artimañas, que van, desde el maniqueo democrático e institucional, la disposición al diálogo “dentro de la Constitución y las leyes, fuera de ellas nada”, el respeto a la pluralidad, entre otras, aunque solo “de la boca para afuera”.
Lamentablemente, las ambiciones y “disputas subterráneas” por el control de los inmensos recursos del país, sumado al reiterado saqueo de Pdvsa, el colapso de los servicios públicos, la depreciación del bolívar, las infames estampidas de compatriotas al exterior en busca de un mejor porvenir, la corrupción y despilfarro generalizado, han dejado muy mal parada la gran obra justiciera del régimen, de acabar con el hambre y la pobreza, tantas veces prometidas.
Por eso mantiene a todo un país en ascuas, a punta de apagones, sin agua, con salarios de hambre, pésimos servicios de salud, eso sí, abocados de lleno, a su gran reparto de miserias, con la continua y engañosa emisión de bonos de “agua y sal”, que no alcanzan absolutamente, para nada.
Las costuras del fracasado modelo socialista del siglo XXI, se ven a leguas. Y lo peor, es que después de 25 años en el poder, resultan difíciles de ocultar, y menos, de justificar con argumentos baladíes, como el de las sanciones estadounidenses y de la tan trillada, guerra económica.
Una patética realidad, que ahora se dimensiona y no deja lugar a dudas, del talante dictatorial, represor, de un amenazante y hostil régimen, tras el aplastante triunfo de Edmundo González, en los cuestionados y difíciles comicios del 28 de Julio 2024.
La trama de corruptelas y despilfarros que se han tejido en las empresas del Estado, principalmente, dentro de Pdvsa, durante este régimen, da cuenta que el reparto de los ingresos del Estado entre las altos niveles de la administración, no puede ser más cruel, que “las miserias” que reciben los sufridos trabajadores, jubilados y pensionados del país.
El llamado Delcygate, en territorio español, y las recientes condenas al ex embajador de España en Venezuela, Raúl Modoro y su hijo, en tiempos de José Rodríguez Zapatero, por haber ocultado a la Hacienda española, recursos provenientes Pdvsa, son evidencias del entramado internacional de la actual corrupción venezolana.
Acertadamente inequívoca, la sentencia lapidaria que dejara implícita para la posteridad, el renombrado estadista inglés, Winston Churchill, cuando expresó con sentido visionario, que “el socialismo es un reparto de miserias”.
Ahora, el país nacional aguarda expectante, el tan esperado 10 de enero del 2025, para que se cumpla a cabalidad, el mandato expresado por el pueblo soberano el 28 de julio, y se ponga término, al despreciable e injusto “reparto de miserias”.
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