El unos meses, pocos en realidad, se cumplirán 12 años de aquel proceso electoral que para muchos fue el punto de inflexión que nos traslada hasta un 2024 quizás surrealista, un momento que para muchos es un sin rumbo en lo que respecta al cambio de dirección en la política de nuestro país.
Aun resuena en la mente de millones el anuncio en el que el órgano electoral indicaba, luego de efectuar la totalización respectiva por cierto, que Hugo Chávez era reelecto con un 54.42%, lo que equivalía a 7,4 millones de sufragios o votos emitidos, mientras que su contendor Henrique Capriles Radonski perdía al obtener solo el 44,97 por ciento de los electores, es decir, 6,15 millones de votos, cierto o no esa realidad sepulto en aquel momento, cualquier posibilidad futura real de salir del gobierno rojo rojito.
Sin embargo sucedieron muchos eventos después, el reelecto diagnosticado con una enfermedad incurable, paso el testigo a quien muchos no imaginaron y desde allá llegamos al desastre que hoy envuelve no solo a una elección presidencial, involucra a todo el aparataje político y jurídico con el que el Chavismo cuenta, saltándose todos los parámetros habidos y por haber.
Ya han pasado más de 10 días desde el proceso electoral del 28 de julio y aun el Consejo Nacional electoral no aclara de donde y como emitió los resultados escuetos y sin basamento que se conocen, por el contrario ha desviado su potestad, la cual ha recaído en la Sala electoral de un Tribunal Supremo de Justicia que responde a intereses oficialistas, por lo que carece de credibilidad para millones de venezolanos y de extranjeros, una instancia que le solicita a los participantes en la contienda electoral, que consigne las Actas de Escrutinio y que por el contrario no se las exige con la misma fortaleza a quien está llamado a hacerlo, “Cosas veredes, amigo Sancho”.
Mientras tanto, nos encontramos ante un verdadero fraude continuo, que no es más que un delito, el cual consiste en una serie de acciones u omisiones que violan la misma norma jurídica y tienen como objetivo un mismo resultado.
Cada acción que constituye el fraude continuo representa un delito consumado o intentado, pero todas se valoran juntas como un solo delito, en este caso uno de los principales es el de desconocer la voluntad de cambio por la vía pacifica de millones de conciudadanos, lo que incluye a muchos seguidores del propio Chavismo, cansados ya de tanto mal manejo de los asuntos públicos entre otras cosas.
Se ha filtrado ya la especie de que existe una alta posibilidad, de que en el TSJ se estaría “estudiando la posibilidad de declarar nulas las elecciones”, con base al falso hackeo tan cacareado por el régimen y repetirlas en diciembre, se escucha en predios rojos rojitos, que en definitiva Maduro y sus cómplices están metidos en un callejón sin salida con el fraude cometido el 28 de julio y del cual tendría un solo escape.
Para el momento de escribir el presente artículo, se supo oficialmente, que la Sala Electoral del TSJ, recibió las actas de escrutinio y totalización por parte del Consejo Nacional Electoral, por lo que se comenzará un peritaje del material consignado, que se extenderá por un lapso de 15 días que puede ser prorrogable, es decir que el tiempo sigue pasando y mientras tanto se juega al desgaste y a la resignación de quienes luchan por una respuesta más expedita a lo que ha sucedido.
Sin embargo, a modo histórico, vale la pena recordar lo sucedido el 23 de enero de 1958, cuando un alzamiento en Venezuela llevó al fin la dictadura fundada por el gobierno del general Marco Pérez Jiménez.
Según los datos recogidos de esa época, el pueblo, en unión cívico-militar, se levantó para hacer frente al Gobierno y así poder recuperar la libertad y democracia del país, secuestrada prácticamente desde hacía 10 años.
Y lo más importante a resaltar, es que para el momento en que ocurre el alzamiento, es que prácticamente un mes antes, el para entonces Consejo Supremo Electoral, efectuó un plebiscito para prolongar el mandato de Pérez Jiménez, darle solidez a su régimen y legitimidad ante las Fuerzas Armadas, proceso que por supuesto mediante diversas acciones, gano el régimen de turno.
Así pues aquel 15 de diciembre se llevó a cabo el plebiscito en todo el país, la afluencia de votantes fue relativa, el movimiento en las mesas electorales era nutrido por la presencia de empleados públicos (cualquier parecido con la actualidad es pura coincidencia), los que se vieron obligados por necesidad a consignar su voto.
Algunos por la tarjeta azul, otros depositando el sobre vacío en la urna electoral, para luego arrojar azules círculos a las calles.
Lo cierto fue que en uno u otro caso el fin era el mismo: presentarse al día siguiente ante su respectivo jefe con la tarjeta roja en señal de haber votado afirmativamente por el presidente Pérez Jiménez.
Los resultados del plebiscito no depararon sorpresas, de un universo de 3.266.000 ciudadanos inscritos en el Registro Electoral, el Gobierno y sus candidatos obtuvieron 2.342.000 votos, mientras que sólo se reconocieron 658.000 sufragios para la oposición, lo demás ya es historia, pero desde el momento del Fraude hasta el momento de escuchar el paso del Avión Presidencial por los cielos de Caracas, transcurrieron 38 días, por lo que estamos en plena resistencia en este momento.
Muchos no perdemos la esperanza de vivir lo que nuestros padres y abuelos vivieron en aquel día, cuando el ruido indicaba que el que el avión Douglas C-54 “Skymaster” conocido por el pueblo como “La Vaca Sagrada”, levanto vuelo a las 3am del aeropuerto de la Carlota, que como muchos saben se encuentra en corazón de nuestra Caracas, a bordo viajaban el derrocado General Marcos Pérez Jiménez, su familia y sus más cercanos colaboradores, fue el fin luego de tanto tiempo de terror, esperemos que pronto tengamos un nuevo final, que acabe con esta fraudulenta manera de gobernar, así de simple y sencillo.
@raguilera68 – @AnalisisPE

